Santa Cruz

HOMILÍA DEL CARDENAL JULIO TERRAZAS, 19-08-12

Muy queridos hermanos y hermanas:

Hermanos que están en sus hogares, en los campos, en nuestras montañas, hermanos que están sufriendo por el hambre, por la injusticia, por la falta de paz; a todos queremos invitarlos a escuchar esta palabra que espero, comience a echar raíces con esta pequeña lluvia. Creo que ya podemos respirar un poco, ya hemos tragado bastante polvo, ahora nos toca desear que esto sea una especie de bendición para quienes estaban esperando esta lluvia para tener los medios necesarios para vivir.

Jesús dijo a los judíos: “Yo soy el Pan vivo bajado del cielo”. No es la primera vez que lo dice, después de haber dado de comer a cinco mil personas había un ambiente un poco falso sobre lo que era el Señor. Unos ya deseaban proclamarlo alcalde de la cuidad para que solucione  todos los problemas, pero Él ha ido poco a poco clarificando cual es el sentido del verdadero alimento  y de la verdadera vida.

Hoy vuelve a repetir lo mismo: “El que come de este pan vivirá y yo le daré el pan que es mi carne para la vida del mundo”.

Está tratando de decirles a los discípulos que no ha venido a multiplicar el pan físico solamente, es  importante que eso lo hagan los responsables del país, pero hambre de pan verdadero solamente lo tienen aquellos que se mueven por la fe, que se mueven por la palabra del Señor.

“Yo les voy a dar ese alimento-dice Jesús-para que tengan vida y para que esa vida la comuniquen al mundo”. Ahí está el toque especial que da el Señor, Él no nos comunica la vida divina para encerrarnos, para estar solo entre nosotros, es para comunicar esta vida divina al mundo que está azotado por la muerte constante, por los linchamientos inhumanos, por la pobreza y miseria de muchos de nuestros hogares, ahí tenemos nosotros que llevar la promesa de la vida de Dios volcada en nuestros corazones.

Esto causó admiración entre los oyentes ¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne? ¿Cómo tenemos que comerlo? Son preguntas que pueden ayudar a crecer en la búsqueda de  respuestas auténticas o que pueden achicarnos  y quedar como enanos en la fe. La pregunta puede ser buena pero Jesús vuelve a responderles: Les aseguro que si no comen la carne del hijo del hombre y no beben su sangre no van a tener vida en ustedes.

Y vuelve a repetir el Señor, con una insistencia extraordinaria, borrar de la mente que Jesús es un milagrero que anda haciendo solo cosas para tener aplausos.

Captar que el Señor viene a decirnos “Yo he recibido este mandato del Padre de la vida y quiero que tengan esta vida, quiero que participen así como yo participo como mi padre, así quiero que ustedes participen conmigo.

“Este es el pan bajado del cielo, no como el que comieron sus padres y murieron”. Ese es otro paso que da  el Señor. Los judíos estaban pensando que en el desierto el Padre les enviaba el maná. El señor les dice “no es lo mismo, comieron el maná y se murieron, ahora ustedes van a comer el pan de la vida y van a vivir otra forma de existir la existencia de Dios en nosotros”.

Es una participación nuestra en la vida de Dios, eso se hace patente, claro y asequible aquí en la Eucaristía. Pero recibir la sangre y el cuerpo del Señor aquí en la Eucaristía tiene que abrirnos  también para decirle al mundo que hay muchos signos de muerte, que nosotros creyentes no nos complicamos con los que quitan la vida, que nosotros realmente  esperamos que la vida de Dios transforme la vida humana para hacerla más aceptable a la vista de Dios e inclusive de todos nosotros.

Participar de la vida divina, compartir esa vida con los otros. Cada Eucaristía  nos pone en esta perspectiva, de que se realice lo que el Señor ha prometido, recibimos la carne y la sangre del Señor de la vida pero eso mismo nos impulsa para que al salir de nuestros templos podamos hablar de esta vida, podamos defender esta vida, podamos invitar a todo el mundo a que se deje llenar de la vida de Dios.

Misión muy difícil mis hermanos, porque nos estamos acostumbrarnos a convivir con la muerte que se provoca en nuestros ambientes, la muerte que viene de la delincuencia organizada, la muerte provocada también por quienes están llamados a conservar  la vida

No podemos acostumbrarnos a vivir en medio de sepulcros blanqueados pero sepulcros al fin, donde no hay vida, donde no hay esperanza, donde no hay vida, donde no hay amor.

Hoy cuesta hablar de la vida, si el linchamiento ya se está haciendo una costumbre, la costumbre más brutal y estúpida que puede imaginar una persona, quemar al adversario vivo, eso no puede ser aplaudido, eso no puede ser consentido, no sabemos quiénes y porqué  pueden mover a unos hermanos a realizar estos actos  que van denigrando la dignidad de nuestros pueblos.

No podemos estar de acuerdo con los linchamientos, no podemos estar  de acuerdo con aquellos que matan porque dicen que pueden hacer justicia por su propias manos.

Terrible lo que hemos vivido estos días en nuestro país. Pero más allá de esta muerte física, causada sin ningún escrúpulo, pensando que así se van a corregir los errores del prójimo, nosotros tenemos que reaccionar diciendo que aunque ese hermano este hundido en el error, ese hermanos  tiene la esperanza de convertirse y su vida es sagrada; puede perder la  libertad  de estar caminando (encerrado en la cárcel)  pero jamás pueden perder su dignidad y, eso nos toca defender y decirlo con claridad para que esa vida de Dios penetre frente a los que no quieren vida sino seguimientos oscuros.

Pero la muerte también puede ser moral mis hermanos, frente a los comentarios vagos no se puede responder diciendo que eso no se conozca, no se puede perder la libertad de decirlo y no se puede hacerlo  con  palabras hirientes de las personas. Las personas que han trabajado  durante tanto tiempo en el país por la democracia y por la libertad, no se los puede amenazar y amedrentar diciendo que los van a llevar a juicio o que los van a llevar a la cárcel.

Eso también es atentado contra la vida, matar moral y espiritualmente a una persona, quitarle  su dignidad, volverlo como un objeto que se puede utilizar mientras sirve pero cuando ya no nos corresponde lo sacan del medio.

Si no hay un diálogo por la vida, una clarificación de todo lo que se afirme o se diga,  sino hay la capacidad de sentarnos y decir por qué hay esto o lo otro. Últimamente se amenaza a personas, se amenaza a las instituciones, se amenaza a todo el mundo de llevarlos a la cárcel, de hacerles juicio y, eso es estar jugando con la dignidad del pueblo Boliviano. No hay el pan de la vida sino el alimento de la esclavitud.

Este pan da la vida mis  queridos hermanos, pero pide sin embargo una actuación  diferente a la que estamos acostumbrados y que no quisiéramos que se acostumbre todo el país.

Lo que nos dice Pablo en la Carta a los Efesios: Cuiden mucho su conducta y no procedan como necios, no procedan como tontos sino como personas sensatas  que saben aprovechar bien el momento presente porque estos tiempos son malos.

Tenemos que proceder con la sabiduría, con la sagacidad del espíritu que es el que está en nosotros y llena nuestro corazón e inteligencia. El espíritu que nos da sabiduría, esa capacidad que se va perdiendo tanto, la sabiduría  va siendo pisoteada, va siendo dejada a un lado y  se la va convirtiendo en lenguaje hiriente, en lenguaje para destrozar al hermano.

No sean irresponsables dice Pablo, sino traten  de saber cuál es la voluntad del Señor.

No dejemos que se anide la irresponsabilidad en nuestras vidas o en nuestras instituciones. “Llénense del espíritu” dice Pablo. Del Espíritu Santo que nos hace conocer cuál es la voluntad del Padre.

“Reúnanse, reciten salmos, oren, pidan al padre las gracia que necesitamos como personas pero también como grupos, como comunidad, como Patria. Una Patria en la que todos gritan y nadie eleva el corazón a Dios es una Patria que se va disecando poco a poco.

Se necesita la sabiduría. Esa sabiduría como nos dice el libro de los proverbios: Edificó su casa, talló sus siete columnas, inmoló sus víctimas, preparó sus vinos y también preparó su mesa.

La sabiduría, personificada en Jesucristo por voluntad de nuestro Padre es aquella sabiduría que talla sus siete columnas, que prepara  la mesa e invita a esa mesa después aquellos que están en la incertidumbre, que no saben qué decir o están temblando de miedo, a esos se los invita. Y también a los que tiene poca inteligencia, poco entendimiento.

Vengan, coman del pan, beban del vino que yo mezcle, abandonen la ingenuidad y vivan según el derecho por el camino de la inteligencia.

Esta la invitación que el Señor nos hace hoy: Vengan aliméntense del cuerpo y sangre del Señor y vivan según el derecho por el camino de la inteligencia no el camino de las armas, no el camino del linchamiento, no el camino de matar espiritualmente o moralmente a personas  e instituciones.

Que vuelva a nuestro país el lenguaje del hermano, que se imponga de una vez por todas, la vida de Dios entre nosotros  y no la vida mezquina que se trata de edificar sobre cosas que pasan y no llegarán jamás a gozar  de la presencia definitiva de nuestro Dios.

Hermanos y hermanas, estamos invitados a pedir esta sabiduría durante esta celebración. Queremos que no falte el pan para la vida material, ya lo decía Juan Pablo II “Ese pan que necesitan los pobres no puede faltar jamás” Hay que trata de corregir las ausencias de alimentos pasajeros pero sin olvidar que lo esencial para nosotros, lo más grande y noble, es alimentarnos con la vida  de Nuestro Dios. AMEN.

Oficina de Prensa del Arzobispado de Santa Cruz.