Santa Cruz

Homilía del Cardenal Julio Terrazas, 03-02-2013

Basílica Menor de San Lorenzo Mártir, domingo 3 de enero de 2013

Muy amados y queridos hermanos y hermanas, hermanos todos de nuestra Iglesia que peregrina en Santa Cruz y en toda Bolivia:

Porque en una Eucaristía los cristianos nos reunimos para abrir las fronteras de la caridad, para pensar en todos, para rezar por todos y para que juntos nos decidamos a construir el reino del Señor.

Muchos motivos para que podamos vivir esto, el primero y que acabamos de experimentar es la lluvia, hacía falta ¿verdad? Ya se estaban quejando de las pérdidas millonarias, bueno ha llegado la lluvia  con un poco de violencia y esto trae por supuesto  algunas desilusiones. Sin embargo, queremos pensar que una lluvia beneficia a todos y tenemos que pedir para que esto no nos falte porque depende de ello el pan que en el futuro van a comer nuestros niños y jóvenes.

Queremos pensar también en los miles de hermanos que en otros espacios de Bolivia están sufriendo por las inundaciones, para ellos va también este deseo de que la paz y la verdad no se pierdan en sus corazones en estos momentos de prueba.

Llamamos una vez más a quienes tiene la responsabilidad de buscar mejores días para todos y a todos los habitantes de Bolivia a mostrar su solidaridad por los que sufren por una u otra causa.

Nos alegra poder compartir esa noticia eclesial que ha llegado a Bolivia el día de ayer donde algunos hermanos Obispos  terminada su misión dejan el espacio a nuevos responsables de algunas comunidades.

Un gracias profundo a ellos en general, de manera especial a nuestro querido hermano el arzobispo de Sucre Mons. Jesús Pérez que dedicó todos sus esfuerzos a hacer que esa iglesia se mantenga siempre caminando; A nuestro hermano de la prelatura de Patacamaya Mons. Toribio Ticona, que también dedicó toda  su vida y toda su juventud a  servir a los hermanos mineros en aquellos lugares; queremos decir como amigo gracias también a Mons. Luis Casey porque él termina su misión en Pando, en aquel Vicariato en el  que está dejando gran parte de su existencia y de  su amor para que todos escuchen al Dios de la vida y no se dejen llevar por sofismas que se multiplican día a día.

Agradecer a ellos por su trabajo y agradecer a los nuevos porque aceptan esta misión que la Santa Madre Iglesia les da  a través del Santo Padre: Mons. Jesús Juárez será el nuevo Arzobispo de Sucre, Monseñor Eugenio Coter será el nuevo Arzobispo de Pando y Mons. Percy Galván será el Obispo de Coroco, un Obispo joven a quien le deseamos también un fecundo apostolado en aquellas alturas de nuestro país.

Ese otro gran hecho que ha conmovido a mucha gente en toda Bolivia pero sobre todo  ha conmovido a Oruro, aquella imagen esplendorosa que han levantado en honor de la Virgen del Socavón, allí está representada la imagen de la madre de Dios siempre vigilante para todos los pueblos y recordándonos a todos “hagan lo que mi hijo les ha mandado”.

Gracias a Oruro por darnos esta oportunidad de poder contemplar una vez más a la madre de nuestra esperanza, a la madre de nuestra vida, a la madre que nos dice siempre: No tengan miedo. Y al igual que su hijo nos anima a ser seguidores de la verdad y de la vida y no de los engaños y  falsedades de todo momento.

En este domingo es importante que volvamos a recodar la palabra del Señor, tan clara y exigente que nos pide a nosotros ver cuál es nuestra actitud frente a la verdad y la vida que nos ha triado el Señor.

Recodaremos el evangelio del domingo pasado, ese evangelio en el que el Señor les hizo conocer que Él ha venido a traer buenas noticias, ese evangelio en el que nos viene a decir que se va a trabajar por los pobres, por los humildes, por los encarcelados, por los oprimidos y que va a terminar todo eso para dar paso a un año de vida, a un año de amistad con Dios, a un año de reconciliación.

El domingo lo hemos meditado y constatamos que la gente que  lo estaba mirando  se quedó admirada y  se quedó mucho más impresionada por esa frase que hoy día el evangelista Lucas nos vuelve a repetir: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la escritura que ustedes acaban de oír”, esas palabras resonaron también el domingo pasado; Esas palabras vuelve a retomarlas el Señor para que quede bien claro que Él no está contando cuentos de hadas, ni está contando pequeñas historias para mantener despierta a su gente, está hablando del plan de Dios, está hablando del plan de su padre, está hablando que Él es el enviado para comenzar esta nueva era, este nuevo tiempo de una transformación total que nos haga pasar de lo meramente humano y limitado a las dimensiones de un Dios que se abre para abrazar todos los pueblos “hoy mismo se cumple todo esto”, y la gente volvió a asombrase.

Pero también no faltó quien comenzó a dudar ¿de dónde tiene tanta sabiduría, acaso no es el hijo del carpintero?

En toda alabanza a Dios puede existir también un momento de duda, eso nos puede pasar a nosotros hoy. Que nos contentemos con el mensaje del Señor, con el testimonio de su Iglesia, con el caminar de todos los cristianos, pero también se puede decir ¿de dónde viene esto? ¿Acaso no nos conocemos? Esto puede pasar en medio de los creyentes y pasa con frecuencia también en medio de la sociedad donde más son las desconfianzas, donde más son las sutilezas, donde reina todo aquello que hace que caiga la buena fama del otro o que se encierre en una prisión sin que  se les permita ser lo que el Señor desea para todos: libres de verdad, de pensamiento y de corazón pero también libres para trabajar en la construcción del reino de Dios en nuestra tierra.

Jesús se dio cuenta que estaban murmurando y les dice: Seguro que ustedes me dirán “medico cúrate a ti mismo o repite los milagros que has hecho en Cafarnaúm” esta es una manera mis hermanos muy sutil  pero  que a veces se nos mete también a nosotros los creyentes.

Pedimos mayores gestos externos, signos externos, nos gustaría ver girar la luna de noche o que se caigan las estrellas, nos gustaría ver a Dios sosteniendo el sol para que no se caiga, nos imaginamos un Dios que no  tiene otra cosa que hacer  que mantener las estructuras de la creación para que nosotros estemos contentos, o le exigimos milagros.

Peregrinamos, vamos lejos, hacemos oración pero siempre con la finalidad de que haya un milagro, de que haya algo patente. El mal tiene que ser vencido por el bien y ojalá  Dios se manifieste de alguna forma que castigue a los malos, que haga desaparecer a los que no piensen como ÉL. Se nos mete también esto y le exigimos que haga signos de vida como lo había hecho en otros lados.

Otra actitud, sintieron rabia dice el texto. Se molestaron no porque les dijo que es difícil ser profetas sino porque les recodó que los verdaderos profetas no fueron vendidos a nadie, no estuvieron sometidos a nadie y no tienen que estar sometidos ni vendidos hoy también en medio de los problemas y las dificultades.

Les recordó que en tiempo de Elías cuando había sequía, Elías fue enviado a una mujer que no era creyente, les recordó que el profeta Eliseo en medio de tantos enfermos curó a uh uno que no era del pueblo Judío. Y eso les dio rabia y eso les hizo sentirse capaces  de  empujarlo y casarlo para  querer tirarlo al precipicio.

El texto es claro, el Señor pasó en medio de ellos sufriendo los insultos, sufriendo el desprecio. No les dio el gusto de que lo hicieran caer en el precipicio sino que les demostró que Él estaba por encima de todos y que el plan de Dios no era un privilegio para uno sino un llamado para todos los pueblos.

Este es el mensaje que nos da el Señor el día de hoy día mis hermanos, que tenemos que vivirlo y aceptarlo porque para nosotros también es cierto lo que dice Jeremías: Es el Señor es el que lo ha hecho fortaleza, ciudad fuerte, muro que nadie puede hacer caer porque Él, el Dios de la vida, camina con su siervo Jeremías para ser el profeta de los pueblos y de las naciones. Esa es la alegría que debe tener la Iglesia mis hermanos.

Podrán declararnos la guerra, podrán insultarnos, podrán decirnos que callemos, podrán gritar de que nosotros no tenemos derecho a decir una palabra en el país, podrán decir todo eso pero quien camina con nosotros no es un líder oculto que da plata para marchar sino que es un Dios de la vida que quiere que nuestras vidas no sean estropeadas por nadie y que tienen que ser vidas para la libertad, la justicia y la paz.

Nos debe ayudar en  esto ese cantico tan hermoso que Pablo pronuncio para la Iglesia de Corinto: “El amor y la caridad”. No importan si tenemos todo en nuestras manos, el mundo, el poder, todo a lo que a lo mejor aspira una persona, pero si no tenemos caridad no somos nada.

Y nos dice Pablo: la caridad es paciente,  la caridad no se enoja, la caridad no insulta, no anda buscando de multiplicar las cárceles para meter a los enemigos allá, la caridad es apertura, es entrega: ¿no son cosa que necesitamos hoy más que nunca? ¿No son mensajes que deberían calar más profundamente? Sobre todo cuando a veces se nos escapan expresiones que ojalá nunca fueran parte del  caminar de nuestro  país: “Al enemigo ni una gota de agua” hemos escuchado  por ahí, “al enemigo hay que aplastarlo”.

Dios nos vine a decir: la fe, la esperanza y la caridad son virtudes. La esperanza y la fe van  transformase pero lo que quedará eternamente es el amor, es la caridad porque Dios es caridad y nosotros caminamos a encontrarnos con ese Dios que nos espera  con un abrazo distinto, que nos espera como un padre deseoso de dar a cada uno de sus hijos vida  y esperanza para siempre. Que el Señor de la vida nos bendiga también esto días. AMÉN.

Oficina de prensa del Arzobispado de Santa Cruz