Santa Cruz

HOMILÍA DE MONS. SERGIO GUABERTI, 20-11-11

Hermanos y hermanas:

Con la solemnidad de Cristo Rey del Universo termina el año litúrgico durante el cual hemos ido celebrando los misterios principales de nuestra salvación: desde la navidad pasando por la Pascua y Pentecostés hasta esta fiesta de hoy. Como todo fin de año, es el momento de hacer un balance del camino de fe que hemos recorrido y lo hacemos  a la luz de la palabra de Dios.

“MI REINO  NO ES DE ESTE MUNDO”

La Palabra de Dios presenta a Jesús como Rey, pero ¿Qué clase de Rey? En el imaginario colectivo el rey es sinónimo de poder absoluto, es aquel que concentra en sí todos los poderes. Su voluntad es ley y por tanto puede hacer y deshacer todas las cosas a su gusto y antojo.

A Jesús lo condenan con la acusación de haberse declarado “rey de los Judíos”, y el motivo de su condena esta puesto encima de la cruz: INRI. “Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos” ¡Sí! Jesús es rey, pero un rey clavado en la cruz, sufrido, impotente, abandonado, impotente del cual todos se hacen la burla.  Una imagen totalmente contraria a lo que es un rey político: “Mi reino no es  como los del mundo”, había contestado Jesús a la pregunta de Pilato durante el juicio. Jesús es el Rey que por amor ha gastado y ha entregado toda  su vida al servicio de los demás.

El evangelio de hoy, con el escenario majestuoso y grandioso del juicio final y universal, nos hace asistir al último acto de historia, la ultima venida gloriosa de Jesús, como Rey, Pastor y Juez. Por medio de esta imagen, Jesús, el Señor de la historia, nos deja la última y más alta enseñanza: Amar a Dios es amar a los más pobres del mundo, los necesitados y los marginados, como verdaderos hermanos.

Ante Cristo, sentado en su gloria, como Rey, Pastor y Juez universal:

– “Todas las naciones, toda la humanidad, creyentes y no creyentes, están citados por el ultimo juicio.

– Como un Juez justo, separa los buenos “benditos de mi Padre” de los malos “malditos”, y coloca cada cual en el lugar que le corresponde: Unos  heredan el Reino y otros serán apartados de él.

EL CRITERIO DEL AMOR, CRITERIO DE VERDAD Y JUSTICIA.

¿En base a qué criterios nos juzgará?

Jesús como justo juez no juzgara arbitrariamente por las apariencias, simpatía o interés, ni se dejara corromper, solo aplicara el único criterio de verdad y de justicia: “Cuanto hicieron a uno de estos, mis hermanos más pequeños, a mi me lo hicieron” y “cuanto no  hicieron a uno de estos más pequeños, tampoco a mi me lo hicieron” (Mt. 25.40-45).

Es el criterio del amor, haber amado, servido, ayudado, consolado, todos los que de alguna manera se han encontrado en situación de miseria, pobreza, sufrimiento, enfermedad y víctimas de la justicia.

Jesús se identifica y está presente en cada persona que son víctimas de estas situaciones de marginación, porque en ellos el sello de la imagen de Dios, impresa en nosotros desde la creación, esta desfigurada y pisoteada. “En verdad les digo, cada vez que han hecho esto a uno solo de mis hermanos más pequeños, a mi me lo han hecho…”.

Una pregunta: ¿Qué ´pasara, por tanto, con quienes no solo que no  han dado de comer  a quien tenía hambre, sino que además le han quitado la comida; no solo no han acogido al forastero, sino que han provocado que se vuelva forastero inmigrante en contra de su voluntad?

NINGUNA LEY DE NINGÚN ESTADO PUEDE ELIMINAR LA LEY DE DIOS.

¿Qué  pasara con los que hacen que se instaure un ambiente general de mentira e impunidad, los que sin escrúpulos corrompen o se dejan corromper, con la justificación de que lo hacen todos?

¿No es esta la situación en la que vivimos en cierto sentido todos frente a la ley de Dios? Se violan tranquilamente los mandamientos uno tras otro, incluido el que dice “No matarás”,  “No robarás”, “No mentirás”, “No cometerás adulterio”, so pretexto de que lo hacen todos, que la cultura moderna, el progreso, incluso la ley humana ya lo permiten. Ninguna ley de ningún estado puede eliminar la ley de Dios, El no ha pensado nunca en abolir ni los mandamientos ni el evangelio, y el hecho de sentirnos seguros porque lo hacen todos, no es más que un engaño fatal.

Alguno podría tratar de  consolarse diciendo que, después de todo el día del juicio está muy lejos, quizás falten millones de año, pero Jesús desde el evangelio responde: “! Necio! esta misma noche te reclamaran el alma” (Lc. 12, 20).

Esta perspectiva del final de la historia no es para asustarnos, ni para pensar que nos desentendamos del hoy de nuestra historia humana, por el contrario, es un fuerte llamado a vivir esta fraternidad en nuestra vida de cada día, en el tiempo presente, como nos dice Jesús con sus primeras palabras públicas: “El Reino de Dios está cerca, conviértanse… “El Reino es el proyecto del Padre que Jesús nos ha hecho presente y cercano con su predicación y su actuación a lo largo de toda  su vida y que  se nos detalla maravillosamente en el prefacio de esta santa misa:

–          Reino eterno y universal: Un proyecto para siempre y para todos los hombres de todos los tiempos, la dimensión definitiva, instaurado por Jesús como semilla y que seguirá creciendo hasta alcanzar la plenitud al final de los tiempos.

NO ES SUFICIENTE COMBATIR LA VIOLENCIA, HAY QUE PREVENIR Y BUSCAR LAS CAUSAS.

 Reino de la verdad y la vida:

Verdad: Versus las mentiras, las medias verdades y una falta de transparencia en la administración de la justicia en tantos juicios pendientes que provocan “un sentimiento de frustración y desconfianza”  como advertíamos el martes pasado los Obispos en el mensaje final de nuestra asamblea.

Vida: Frente a tanta violencia y muerte, que aumenta cada día más en nuestra ciudad, que suscita sentimientos de inseguridad,  desamparo e impotencia: No es suficiente combatir la violencia, hay que prevenir y buscar las causas, entre otras el abandono y soledad en que vive nuestra niñez y juventud “por la desintegración familiar o el abandono de los padres, que dejan el hogar por el trabajo y la migración.  Niñez y juventud que se convierten en víctimas de la droga, de la violencia y el alcoholismo, que los llevan al vicio, a la permisividad sexual, al aborto y al mal uso de las nuevas tecnologías como el internet (Mensaje de los Obispos XCII Asamblea de la CEB).

–          Reino de la santidad y de la gracia: Nuestra vocación es ser santos como Dios, ser participes de la misma vida de Dios, creer en el vivir como auténticos cristianos. Entre los muchos desafíos, todo creyente, hoy tiene que reafirmar su fe y defender sus raíces cristianas ante un comercio que no reparará un fotomontaje del Papa, lesivo no solo de la dignidad del Papa y de la Iglesia católica, sino también que hiere la sensibilidad de los creyentes. En nuestro País también estamos ante “una constante campaña de descolonización que pretende desarraigar los vivido por nuestros pueblos durante muchos siglos, marcado por el evangelio transmitido y testimoniado por tantos misioneros y por el pueblo fiel. El ser Cristiano es parte inherente de la dignidad y cultura de nuestro pueblo” (Mensaje XCII Asamblea de la CEB).

–          El Reino de la justicia, el amor y la paz: valores y virtudes fundamentales de nuestras relaciones con Dios y los demás, también de la vida y convivencia social justa y pacífica, que tanto hace falta en nuestro País, sumido en un clima constante de conflictividad. La solución definitiva y pacífica a los conflictos, exige apertura de ánimo, espíritu de solidaridad, voluntad decidida, diálogo sincero, renuncia a intereses sectarios y búsqueda del bien común.

CREER EN LA BUENA NOTICIA DEL REINO

En este año litúrgico que termina, nos preguntamos ¿He creído a la buena notica del Reino de Dios, he sido parte activa en la manifestación del mismo? Seguramente que en nuestras respuestas habrán luces y sombras.

Cristo Rey nos llama a mirar hacia adelante, superar nuestras deficiencias, y nos convoca nuevamente a reconocer su rol insustituible en el mundo, y a ser sus discípulos misioneros, Él que es el único Señor hacia el cuál se orienta nuestra propia historia personal, comunitaria y social.

En esta tarea ustedes laicos tienen un rol particular, por eso hoy celebramos el Día Nacional de los Laicos y los Catequistas. Mis mejores felicitaciones es que sean auténticos testigos del Reino de Dios, de Cristo principio y fin de la historia, comenzando por su familia y en todos los ámbitos de la sociedad. AMEN.