Cochabamba

Homilía de Mons. Robert Flock, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Cochabamba

Queridos Jóvenes y Hermanos en Cristo.
En el Evangelio que acabamos de escuchar, Jesús le dice a Pedro: “Cuando eras joven, tu mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tu brazos y otro te atará y te llevará a donde no quieras.” Por eso nos damos cuenta que en este momento, Pedro no era tan joven, como por ejemplo el “Discípulo Amado”.

En el capítulo anterior, el Evangelio de San Juan relata que Pedro y el Discípulo Amado (quien jamás es identificado por nombre en este Evangelio), corrieron juntos al sepulcro después de escuchar el anuncio de María Magdalena sobre Jesús resucitado. Llegó primero el Discípulo Amado. Típicamente se supone que es por haber sido más joven, pero nada que ver. El Discípulo Amado llega primero, por que es el Discípulo Amado, que a su vez ama al maestro, y tiene una relación con Jesús más íntima. Por el mismo motivo, llega a creer en el Resucitado antes que Pedro, y antes de ver a Jesús.

Ahora, en el Evangelio, Jesús se dirige a Pedro con la única pregunta que importa antes de que asuma esa especial misión de atender a sus ovejas: “Pedro, ¿mi amas más que éstos?” Pedro puede ser la Roca de Fe firme, pero su ministerio depende de su amor por Jesús, el Buen Pastor.

Queridos Jóvenes, ustedes son los representantes de nuestra Iglesia que van a participar de la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro en el mes de julio. Van al encuentro del sucesor de Pedro, el Papa Francisco, cuya elección y sencillez ha provocado alegría en el mundo entero y de manera especial en los jóvenes y en América. Es un especial privilegio el poder participar de este evento.

En realidad, además del encuentro con el Santo Padre, van al encuentro personal y comunitario con Cristo Jesús. Que sea una verdadera experiencia de Cristo Resucitado que sorprende con su cercanía y con sus desafíos. No vaya como turistas, sino como peregrinos inquietos, recordando la promesa de Jesús: “los que buscan, hallarán”. Que descubren la amistad y la majestad del Señor Jesucristo.

“Muchachos, ¿tienen algo para comer?” Mira como Jesús les hablo con cariño y como jóvenes: “Muchachos” les dice. También hoy Jesús se dirige a ustedes jóvenes y les dice con cariño: “¿Tienen algo que comer?” ¿Tienen algo que ofrecer al mundo? ¿Algo que vale, que sostenga, que alimente sus esperanzas?

“Tiran la red al lado derecha de la barca.” Es como la invitación de “Remar mar adentro”, de probar nuevas experiencias en compañía de Jesús. Sin embargo, estos discípulos habían quedado sin resultados, no por equivocarse de lugar, sino por lanzarse sin Cristo. De manera similar nuestro mundo queda frustrado en muchas búsquedas de justicia, de prosperidad, de alegría, de una vida con más sentido, porque busca por su cuenta, sin Aquel que es “Camino, Verdad y Vida”.

“Traigan algunos de los peces que acaban de pescar.” Jesús había dicho a Pedro que sería un pescador de hombres. Es invitación a acercar otros a Cristo. Ustedes deben acercar a Jesús a sus amigos, sus cortejos, quizás sus familiares, y juntos ir conociendo aún mejor al Señor. Todos necesitamos una experiencia propia de Jesús para transformar nuestra vida. No basta que hayamos escuchado de otros de que ha resucitado, de que nos quiere o que murió para nuestra salvación. Tenemos que conocerlo personalmente, lo que supone experiencias de oración, escucha de la Palabra de Dios y participación en la vida de la Iglesia y los Sacramentos, especialmente la Eucaristía.

“Vengan a comer.” Jesús nos invita, como ahora mismo, a la Eucaristía. Comer es compartir nuestra amistad. También es interiorizar toda nuestra experiencia del Resucitado, pasando del ardor inicial por la maravillosa sorpresa de su presencia cariñosa a la madurez del discipulado misionero que participa en la comunidad de los creyentes, fortaleciendo su fe día a día con la vida cristiana fraterna.

“Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” Ahora volvemos a la pregunta fundamental, pero cada uno hemos de escuchar esta pregunta con nuestro propio nombre. Tres veces Jesús insistió con Pedro, y la tercera vez, de manera más sentimental: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?”. Así provocó su protesta: “Señor, Tu lo sabes todo; sabes que te quiero.” Jesús conoce también a cada uno de nosotros y la verdad de nuestro afecto y amor, pero quiere que tomemos conciencia, que se lo digamos hasta en voz alta y que hagamos testimonio de este amor por Jesús con el amor a los demás.

Finalmente, no se olviden la última palabra de Jesús a su querido Pedro y a cada uno de ustedes queridos jóvenes: “Sígueme”.