Cochabamba

Homilía de Mons. Robert Flock, 07-04-2013

Segundo Domingo de Pascua – Domingo de la Divina Misericordia

La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular.
Esto ha sido hecho por el Señor y es admirable a nuestros ojos.
Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él.
(Salmo 117,22-24)

Queridos hermanos,

Así reza en partecita del Salmo Pascual que la Iglesia medita al celebrar la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Según los Hechos de los Apóstoles, estos versículos fueron citados por San Pedro, cuando defendió su ministerio ante el Sumo Sacerdote y las demás autoridades judías, explicando que Jesucristo es esa Piedra, desechada por ellos, los constructores, pero colocado por Dios como cimiento del Pueblo de Dios. Está citado también en la Primera Carta de San Pedro y en la carta de San Pablo a los Efesios. Y los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, recuerdan un momento en que Jesús mismo lo citó al contar la parábola de los trabajadores en la viña, que también denuncia a las autoridades que en vez de acoger a Jesús como Hijo de Dios, lo agarraron y lo mataron. (Mat. 21:42; Mar. 12:10, 11; Luc. 20:17; Hech. 4:11; Ef. 2:20; 1 Ped. 2:7). Es evidente que esta cita ayudó mucho a los Apóstoles en la proclamación inicial del Evangelio, tanto para comprender el misterio de su cruz y resurrección (una piedra desechada, pero ahora la piedra principal), como para afirmar la primacía que corresponde a Jesús para los proyectos de nuestra vida. San Juan, cuyo hermoso evangelio escuchamos hoy, no utiliza esta imagen, pero tiene otro que recoge el mismo sentido: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

Aquí en Cochabamba tenemos la impresionante imagen del Cristo de la Concordia, bien ubicado en la cima del Cerro San Pedro, visible desde cualquier parte de la ciudad. Es un recuerdo permanente de que nos toca organizarnos, como Iglesia y como pueblo, colocando a Cristo como Piedra Angular y cimiento de nuestra vida. Cuando contemplamos esta estatua monumental, debemos recordar las primeras palabras de Jesús Resucitado cuando apareció en medio de sus discípulos: “La paz a ustedes”. Lo dice tres veces en el Evangelio que escuchamos hoy.
Evidentemente, no todos captan eso, porque se dice hay que tener mucho cuidado de los maleantes y asaltantes en la zona. A ellos (y a nosotros) hace falta aprovechar la invitación de Jesús a Tomás, el mellizo que dudaba de la resurrección: “Trae tu dedo y ponla en mi mano; trae tu mano y ponla en mi corazón; no seas incrédulo, seas creyente!” No es solamente un invitación a la fe, sino más que todo una invitación a la sanación que experimentan los amigos de Jesucristo, penetrando en el misterio de su sagrado corazón, un corazón que arde con amor y comprensión, incluso para con los pecadores, y nos capacita para llevar adelante una vida digna, y comunión con los demás y no como asaltantes que imponen su deseo o visión a los demás.

Al mirar esta estatua de Cristo, nos toca participar la visión de San Juan, quien, estando exiliado “en la isla de Patmos a causa de la Palabra de Dios y del Testimonio de Jesús”, vio al Resucitado, parado en medio de los siete candeleros de oro, representación de las Iglesias como comunidades de Dios vivo, diciendo: “No temas: yo soy el Primero y el Último, el Viviente. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre. Tengo las llaves de la muerte y del abismo.” Con estas llaves, el Juez de vivos y muertos no quiere encerrarnos en el abismo; quiere liberarnos del camino a la muerte. Las llaves consisten en lo que el Resucitado dijo en el Cenáculo a sus discípulos: “Reciban el Espíritu Santo; los pecados serán perdonados a quienes ustedes se los perdonan.”

Queridos hermanos, además de contemplar el misterio de Cristo Resucitado con la ayuda del Cristo de la Concordia, podemos subir el Cerro San Pedro y desde allí observar esta gran ciudad que lo rodea, incluso desde dentro del monumento.  Que nuestra mirada, no sea solamente la vista del hermoso paisajede Cochabamba y las montañas que nos rodea. Que vayamos adquiriendo la mirada de Jesús. Por cierto, allá arriba, todo parece pequeño y es difícil ver lo que sucede en las casas, las calles, los hogares, las plazas, las canchas, las tiendas y las oficinas. También nos cuesta percibir lo que sucede en el alma de las personas buenas, malas y más o menos. Pero sabemos que Cristo Resucitado lo ve todo, y aun así nos dice: “La paz a ustedes”. Con la mirada de Jesús, con la Paz de Jesús y con el Espíritu Santo de Jesús, construyamos nuestra vida, tanto en lo personal como en lo colectivo. Que coloquemos a Jesús como la Piedra Angular de esa construcción.

Esto significa dejar de lado la permanente confrontación como método de construcción. Que las piedras no las utilicemos para bloqueos y peleas, porque sólo quien no tenga pecado, tiene el derecho de tirarlas, y ese es Jesús. Que si llevamos una piedra en la mochila para defendernos de los maleantes, que sea la Piedra Angular, a quien daremos testimonio, enfrentando cualquier situación desde nuestra fe en Jesús.Que nos demos cuenta que las piedras, tampoco sirven para pavimentar las calles, siendo dañino para las movilidades, peor para quienes vamos en bicicleta o a pie. Que cada empedrada nos haga tomar conciencia que  todas nuestras rutas serán más suaves, sí la base es Cristo Resucitado y su paz; que como Él y con Él tenemos que andar con menos apuro, y con más paciencia, tomando en cuenta que compartimos los caminos con los demás hermanos.

Allí encontramos el sentido común del día del Peatón y Ciclista, y el domingo de la Divina Misericordia. Jesucristo, el Señor Resucitado, Cristo de la Concordia, El que estuvo muerto y ahora vive; Él camina con nosotros, y es el Camino; nos invita a caminar juntos en paz y con un sueño común de convivir con fraternidad en la ciudad de Dios. Jesucristo es la Piedra que desecharon los constructores, pero que Dios, arquitecto del Universo, ha puesto como Piedra Angular. Es el Mesías, el Hijo de Dios, en cuyo nombre, nosotros los creyentes, tenemos Vida.

Mons. Robert Flock
OBISPO AUXILIAR DE COCHABAMBA