Análisis

HAY AMORES QUE MATAN

“El señor Evo Morales ha sido reelegido por novena vez como máximo dirigente de las seis federaciones de cocaleros del chapare cochabambino…” me anunció muy orgullosa mi pariente espiritual, sacando pecho hasta el punto en que hizo volar un botón de su blusa que hizo impacto en mi ojo izquierdo dejándome tuerto momentáneamente.

Mirando a mi comadre con el otro ojo me asocié a su orgullo y le dije: “Es verdaderamente una gran hazaña sindical durar tantos años como máximo dirigente de los cocaleros aunque creo que tal hecho lo perjudica como Presidente de la República de Bolivia”.

La cholita cochabambina no hizo mucho caso a mi observación y me pidió que le devolviera el botón de su blusa que se había quedado en mi ojo izquierdo lo cual requirió una extracción dolorosa pues precisó abundantes líquidos lacrimales pero al fin el botón salió y la cochala pudo cubrir nuevamente su pechonalidad, quedando ambos en paz para seguir conversando sobre el apasionante tema del Presidente Cocalero.

“Es que los cocaleros del Chapare lo quieren mucho al presidente Evo –dijo mi interlocutora– porque gracias a él, adquirieron en los últimos seis años mucha riqueza, bienestar y poder político…” palabras nada nuevas porque todos las conocemos como verdaderas, aunque provocaron una tímida respuesta mía ante la joven y vigorosa quillacolleña: “Ya sé y lo sabemos todos que los cocaleros aman y apoyan al presidente Evo, pero usted y yo, comadre, sabemos que hay amores que matan”.

La cholita no captó el fondo de mis palabras y pensó que me refería al acercamiento espiritual que existe entre ella y este humilde profesor de tango, manifestándome con vehemencia que el amor nunca mata sino que siempre lucha por la felicidad de quien se ama, como ella hace conmigo, leyéndome los periódicos todas las mañanas, transportándome en mi motocicleta por todo el país y facilitándome dinero de vez en cuando en calidad de préstamo, pues el amor es así, amistad, sentimiento positivo y vital.

Sus palabras casi me hacen lagrimear, pero como soy un hombre duro y maduro me contuve, e insistí en mi tesis de que “hay amores que matan”, como el de los cocaleros hacia Evo.

La cochabambina me comprendió y me dijo: “Entonces hablemos claramente: No nos referimos a los cocaleros sino a los fabricantes de cocaína y a los narcotraficantes que son quienes dominan la región y muchas otras regiones; todos aquellos que hicieron “la república de la cocaína”, como llamó a Bolivia una importante revista brasileña, titular que nos llena de vergüenza a todos los bolivianos”.