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Francisco: que los sacerdotes eviten la doble vida y las prédicas complejas

Se necesita «simplicidad de vida», para que no caiga en la mundanalidad ni en la doble vida, pero también «simplicidad de lenguaje: no predicadores de complejas doctrinas, sino anunciadores de Cristo, muerto y resucitado por nosotros». Es lo que Papa Francisco recomendó a los chicos del Pontificio Seminario lombardo de Roma, a quienes, en compañía del cardenal Angelo Scola, recibió esta mañana en el Vaticano, con motivo del 500 aniversario del seminario. Francisco indicó, entre otros, el ejemplo de san Carlos Borromeo, citando la biografía que escribió para el «Diccionario» biográfico de lol italianos de la editorial Treccani el jesuita francés Michel de Certeau.

«La evangelización, hoy, parece llamada a tener que recorrer nuevamente la vía de la simplicidad. Simplicidad de vida, que evite cualquier forma de doblez y de mundanalidad, a la que baste la comunión genuina con el Señor y con los hermanos: simplicidad de lenguaje: no predicadores de complejas doctrinas, sino anunciadores de Cristo, muerto y resucitado por nosotros», dijo el Papa. Otro aspecto esencial, según Francisco, es «la necesidad, para ser un buen sacerdote, del contacto y de la cercanía con el Obispo». E insistió en que no es bueno «formarse ‘a comportamientos estancados’; oración, cultura y pastoral son piedras angulares de un único edificio». El Papa continuó afirmando que «me alegro no solo por su proficuo empeño en los estudios, sino también por la dimensión mundial de su comunidad: provienen de diferentes regiones de Italia, de África, de América Latina, de Asia y de otros países europeos. Les deseo que cultiven la belleza de la amistad y el arte de establecer relaciones, para crear una fraternidad sacerdotal más fuerte de las diferencias particulares».

Pablo VI, recordó Francisco, bendijo el Seminario lombardo el 11 e noviembre de 1965, «para que esta nueva casa fuera habitada en el culmen del Concilio Vaticano II, en el cual los padres percibieron con fuerza que, ‘derribadas las murallas que durante demasiado tiempo habían encerrado a la Iglesia en una ciudadela privilegiada, había llegado el momento de anunciar el Evangelio de manera nueva’ —indicó citando la bula del Jubileo ‘Misericordiae vultus’. Así, durante los ‘años romanos’, que no son solo de estudio, sino de verdadera formación sacerdotal, ustedes también se preparan para continuar ese impulso del Espíritu, para ser ‘futuro de la Iglesia’ según el corazón de Dios; no según las preferencias de cada uno o las modas del momento, sino como el anuncio del Evangelio exige. Para prepararse bien, es necesario un trabajo profundo, pero sobre todo una conversión interior, que cotidianamente arraigue el ministerio en la primera llamada de Jesús y lo reavive en la relación personal con Él, como hacía el apóstol Pablo, de quien hoy recordamos justamente la conversión».

Indicando el ejemplo de san Carlos Borromeo, el Papa prosiguió recordando que «el padre Certeau presentó su vida como un constante ‘movimiento de conversión’», que debe «reflejar la imagen del Pastor: ‘Él se identificó con esta imagen, la nutrió con su vida, sabiendo que el discurso esa en la realidad al precio de la sangre: ‘sanguinis ministri’, eran para él los verdaderos sacerdotes. Él realizó, pues, la imagen del tiempo, culminada en la celebración del Concilio de Trento, fue puesta en practica por Pastores santos como Borromeo’. Queridos amigos, son herederos y testigos de una gran historia de santidad, que hunde sus raíces en sus patrones, los Obispos Ambrosio y Carlos, y que en tiempos más recientes ha visto, incluso entre los alumnos, a tres Beatos y tres Siervos de Dios. ¡Esta es la meta!».

Francisco advirtió que, «a menudo, aparece en el camino una tentación que debemos rechazar: la de la normalidad, de un Pastor al que le basta una vida ‘normal’. Entonces este sacerdote empieza a conformarse con algunas atenciones que recibe, juzga el propio ministerio con base en sus éxitos y se acomoda en la búsqueda de lo que le gusta, volviéndose tibio y sin un verdadero interés por los demás. La ‘normalidad’ para nosotros es, por el contrario, la santidad pastoral, el don de la vida. Si un sacerdote elige ser solamente una persona normal, será un sacerdote mediocre, o peor. San Carlos deseaba pastores que fueran siervos de Dios y padres para la gente, sobre todo para los pobres».