Destacadas

Francisco No visita Bolivia por Evo Morales, sino por ser el país más pobre de América del Sur

Al término de su estancia en Ecuador, el Papa inicia este miércoles por la tarde (hora española) en Bolivia la «etapa negra» de su viaje dedicando tres días al país más pobre de América del Sur, con una renta per cápita de 2.500 euros anuales, muy inferior incluso a la de Paraguay. Francisco no viaja a La Paz por el deseo de ver a Evo Morales, sino porque Bolivia es un país cargado de problemas antiguos y nuevos, desde un elevado índice de analfabetismo a la destrucción de valiosísimo patrimonio natural.

El Papa sabe de sobra que igual que actúa de modo intimidatorio contra la Prensa. La Asociación Nacional de la Prensa de Bolivia, que agrupa los principales medios, ha solicitado al Papa que le pida poner fin a la «sistemática asfixia» fiscal y el control «destinado a generar terror y autocensura».

Si en el intento de amordazar la prensa Morales se parece al presidente ecuatoriano Rafael Correa, su explotación política de los encuentros con el Papa está casi al nivel de la mismísima Cristina Fernández de Kirchner. Evo Morales ha visitado a Francisco en el Vaticano en el 2013 y 2014. Como también le saludó en Río de Janeiro durante la Jornada Mundial de la Juventud, este viaje supone su cuarto encuentro con el Papa.

Curiosamente, los preparativos parecen consistir en una campaña publicitaria del cultivo de coca aprovechando la visibilidad mundial que aporta la llegada del Papa.

Hace diez días, el ministro boliviano de las Culturas, Marko Machicao, declaraba en una entrevista difundida por la radio y televisión estales que al Papa «se le había ofrecido infusión de coca o algo para la altura. Él nos ha pedido específicamente que quiere hacer el masticado de coca, así que al Santo Padre se le estará esperando con la sagrada hoja de coca».

El aeropuerto de La Paz, a 4.060 metros de altura, es el quinto aeropuerto comercial más elevado del mundo después de cuatro en China. El efecto de la baja presión es muy duro, y ya en su viaje de 1988, Juan Pablo II se tomó un té de coca –muy similar al normal- para evitar el «soroche». Otra opción es masticar las hojas, parecidas a las del laurel, como hacen los indígenas. Ambos modos de consumirla son legales y aceptados por Naciones Unidas.

Muchos de los periodistas que acompañan al Papa en este viaje –con poco tiempo para aclimatarse o descansar– han estado tomando té de coca ya en Quito, para superar las molestias, sobre todo el dolor de cabeza, de sus 2.850 metros de altura. La diferencia entre la hoja de coca y la cocaína, que se obtiene por refinados sucesivos, es mucho mayor que la que hay entre las uvas y el aguardiente.

500 sobres de coca

El presidente de la Asociación de Productores de Coca (Adepcoca) de La Paz, Ernesto Cordero, ha dicho que llevarán al aeropuerto quinientos sobres de hoja de masticar para ofrecérselos a todos los pasajeros. A su vez, el presidente de las seis federaciones de productores de Bolivia, Leonardo Loza, anuncia que los cocaleros regalarán al Papa un pastel de coca y más hojas el jueves, durante el Encuentro de Movimientos Populares, al que piensan asistir.

La operación publicitaria de Evo Morales comienza por enviar a Quito un avión de Boliviana de Aviación especialmente decorado interiormente para impresionar al Papa y sus acompañantes. Como corresponde al Estado Plurinacional de Bolivia, la tripulación será multiétnica, con representación de varias naciones indígenas.

Además de cuatro asientos tapizados en cuero azul y tejidos indígenas, el aparato incluye cortinas divisorias hechas en telares nativos, así como referencias a la cultura preincaica Tiahuanaco, así llamada por su capital en la orilla sureste del lago Titicaca, en cuyas ruinas Morales prestó juramento como jefe del Estado luciendo ropa tradicional.

El primer presidente indígena en un país en que constituyen la mitad del censo, ganó las elecciones del 2006 y ha sido reelegido en 2009 y 2014. Se declara católico de base pero asiste también a cultos ancestrales de los aymaras («antepasados»), la etnia de que forma parte, la principal junto con los quechuas en un país cuya constitución enumera 37.

Aparte de sacrificios de llamas en áreas remotas, los cultos consisten en honrar al Sol, las montañas o la Madre Tierra («Pachamama»). Pero los guaraníes, que forman el tercer grupo indígena, protestan contra los desastres ecológicos llevados a cabo por la empresa petrolera estatal en parques nacionales y por los permisos concedidos en mayo para perforar en 22 zonas protegidas.

Morales responde que Bolivia tiene que vivir de sus recursos exportables como es ahora sobre todo el gas. Además de intimidar o expulsar a grupos ecologistas, el presidente repite que los países ricos no pueden dictar el destino del Estado Plurinacional.