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Fiesta de la Ascención del Señor. Homilía de Mons. Gualberti. 2 de junio 2019

Homilía de Mons. Sergio Gualberti
Arzobispo de Santa Cruz
Junio 2 de 2019

El Evangelio de esta solemnidad de la Ascensión nos presenta a Jesús resucitado que deja las últimas enseñanzas a sus discípulos acerca del sentido de su muerte y resurrección y al mismo tiempo renueva la promesa del Espíritu Santo. Luego Jesús se dirige con ellos cerca de Betania y mientras les bendice asciende al Padre que lo había enviado, concluyendo así su misión terrenal. Ante este evento nos podemos preguntar: ¿La Ascensión significa que Jesús ya no está presente en la vida y la historia de Iglesia y de la humanidad y que nos deja abandonados a nuestra suerte?

El prefacio de hoy nos dice que Jesús, “no se ha ido para desentenderse de este mundo, sino que ha querido precedernos como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su cuerpo, vivamos la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino”. Jesucristo no se desentiende de la humanidad, por el contrario está presente más que nunca gracias al Espíritu Santo que ha enviado.

“Ha querido precedernos como cabeza para que nosotros, miembros de su cuerpo”, la Iglesia, podamos gozar de los frutos de la redención. Cristo exaltado y glorificado por el Padre con el poder sobre todas las cosas, nos da la gracia de la vida divina y nos eleva a la condición de hijos de Dios.

“Para que vivamos la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino”. La ascensión de Jesucristo conlleva la ardiente esperanza que se vuelve la firme certeza de que somos asociados al Reino de Dios por Él ha instaurado y que está en marcha en nuestro mundo. La esperanza de que nosotros somos parte ya en nuestra vida de cada día de la manifestación del Reino.
Y es el Espíritu Santo que nos hace partícipes del Reino, que nos convierte en testigos de Jesús Resucitado, el Salvador y Señor de toda la historia y de la humanidad, y que nos acompaña, sostiene y purifica en esta misión: “Por la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, serán mis testigos en Jerusalén… hasta los confines de la tierra” (Hechos) y lo repite en el texto del evangelio que hemos escuchado: “Ustedes son testigos de todo esto”.

Los apóstoles viven la experiencia de la Ascensión de Jesús con tanta intensidad que no desprenden su mirada del cielo: “¿qué hacen mirando al cielo?”. Es necesario mirar a los bienes y valores eternos a los que aspiramos, la brújula que nos orienta y guía en nuestro compromiso con la historia y con la realidad que nos rodea para que el Reino de Dios, el plan del amor, la justicia, la libertad, la verdad y la paz se vaya extendiendo siempre más.

La misión de anunciar y testimoniar a Jesucristo como nuestro único Salvador, nos compromete en todo momento y ámbito de nuestra existencia y nos pide recurrir a todos los medios a nuestra disposición, incluyendo a los que nos ofrece la tecnología y la ciencia de nuestro mundo de hoy.

Por eso en la Ascensión, fiesta del compromiso evangelizador, la Iglesia desde varios años, ha establecido la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. El mensaje del Papa Francisco para la 53 Jornada mundial de este año, está inspirado en las palabras de San Pablo a los cristianos de Éfeso que hemos escuchado hace un momento: “Somos miembros unos de otros”, es un llamado a obrar para que “las comunidades en las redes sociales pasen a ser una comunidad humana”.
La comunicación en redes en nuestro tiempo es parte ya de la vida cotidiana, constituye una fuente de conocimientos y de relaciones y representa una posibilidad extraordinaria de acceso al saber. Pero también es cierto que es uno de los lugares más expuestos a la desinformación y a la distorsión consciente y planificada de los hechos y de las relaciones interpersonales, que a menudo asumen la forma del descrédito.

La red que funciona gracias a la coparticipación de todos y que precisa de la escucha recíproca y del diálogo basado en el uso responsable del lenguaje y en el respeto de las personas, debería ser un factor importante en la construcción de una comunidad cohesionada y solidaria. Pero, a menudo, los grupos que se forman en las redes, buscan sobresalir contraponiéndose uno frente al otro y se constituyen alrededor de lo que divide en lugar de lo que une, fomentando la sospecha y todo tipo de prejuicios y hasta el odio.

Esta realidad contrastante plantea diversas cuestiones de carácter ético y social e interpela también a la Iglesia en la búsqueda de una respuesta adecuada y correcta a esta problemática. Al respecto, el Papa Francisco, partiendo de la imagen de la Iglesia como cuerpo de Cristo, nos dice que los cristianos, en cuanto miembros de este cuerpo, debemos reconocernos también como miembros unos de otros.

Por tanto, en el uso de estos medios hay que dejar de lado lo que divide y buscar lo que une,

abandonar la mentira y decir la verdad, dejar el propio interés y trabajar por el bien común,

para no desmentir la recíproca relación de comunión que existe entre nosotros. Nosotros hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, que es Trinidad, comunión perfecta y total, comunicación-de-sí, por eso llevamos siempre en nuestro corazón la nostalgia de vivir en comunión y de pertenecer a una comunidad.

Esta es la misión que hemos recibido en el Bautismo, manifestar la comunión como testimonio de nuestra identidad de cristianos, porque la fe misma es una relación, un encuentro con Dios que nos da el impulso de su amor para que podemos comunicar, acoger, comprender y corresponder al don del otro.

Por eso tenemos que utilizar la red como un recurso importante para favorecer la conexión y comunión en las familias, los grupos, la comunidad eclesial y la sociedad. El Papa termina diciendo: “Esta es la red que queremos. Una red hecha no para atrapar, sino para liberar, para custodiar una comunión de personas libres”.

Justamente en este espíritu de comunión, comenzamos hoy en Bolivia la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, iluminados por unas palabras del Antiguo Testamento: “Actúa siempre con toda justicia” (Dt 16,18-20). En estos días, desde nuestra fe en Jesucristo, nos encontraremos para orar y pedir a Dios la luz y la fortaleza de dar testimonio de unidad en la diversidad, con el compromiso de trabajar juntos al servicio de las víctimas de la injusticia que se multiplican cada día más en el mundo. Participemos con gozo de esta semana y oremos para que el Señor nos conceda, en su nombre, el don de la comunión plena entre cristianos en el servicio de la justicia, la solidaridad y la paz.

Amén