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Francisco Dardichón S.J., el hombre del millón de amigos, partió a la casa del Padre

Dardi

Francisco Dardichón, el hombre de la “noble figura” como solía referirse a las personas delgadas, se definía así mismo como aquel que tenía un millón de amigos, el que siempre veía una solución en el problema, quien siempre apostó por los laicos (aunque muchas veces le fallaran) y que siempre creía que una salteña servía para estar de mejor humor. Wilstermanista de corazón por su amor a Cochabamba y por que compartía los colores de su querido equipo español, sufrió y se alegró mas de una vez con las derrotas y victorias de ambos. Hoy deja un gran vació en sus hijos espirituales y un un mensaje recurrente en sus varios libros y con más de 70 años de vida sacerdotal: “Se en quien he puesto mi confianza”. Hoy en horas de la mañana no pudo resistir mas el paso del tiempo y falleció en la casa “Esperanza” de la compañía de Jesús en Cochabamba.

El velatorio se realizará en la Residencia de Ntra. Señora de la Esperanza, en la calle Bolívar Nro. 360 La misa de cuerpo presente será este viernes 28 de febrero a horas 14.00 en la Parroquia San Pio X, posteriormente se partirá al Cementerio General.


A continuación compartimos un artículo elaborado por el periódico “Opinión” el año 2012, donde también tenía su columna de de análisis social:

De carácter afable, consejero de los jóvenes, maestro, de buen sentido del humor e hincha del Barça. Así es el padre “Dardi” para los vecinos de la parroquia San Pío X en la zona de Villa Coronilla.

Francisco Dardichón, sacerdote jesuita (s.j.), fue por 30 años el párroco de la zona y dejó huellas imborrables en los feligreses, en los catequistas, en los estudiantes del colegio Italo Boliviano y en quienes tienen la oportunidad de conocerlo. Ahora dedica su tiempo a la docencia pero todavía ofrece las misas de los domingos a las 19.00 horas.

“Es un padre para nosotros”, dicen las señoras recordando las constantes reflexiones del sacerdote en las homilías dominicales.

Dardichón llegó a Bolivia el año 1963, su primera parada la hizo en La Paz y su primera tarea fue la de profesor en el colegio San Calixto. Después de permanecer en Sucre, Santa Cruz y Oruro llegó a Cochabamba en 1973 donde se enclavó. “Soy kochala”, dice el sacerdote a tiempo de destacar el carácter generoso de la gente boliviana.

El sacerdote nació en Barcelona (España) el 26 de mayo de 1930. Su familia estaba integrada por sus padres Francisco y Ángela y su hermano Eduardo.

La foto familiar en color sepia ocupa un lugar destacado en la pequeña habitación del sacerdote. Junto a ella hay otro retrato de sus seres queridos en Cochabamba.

Su interés por el sacerdocio nació cuando tenía 19 años de edad. Tuvo el respaldo de su familia y es una de tres cosas que agradece en su vida además de ser jesuita y de haber llegado al país.

A Dardi le interesa más las personas que los edificios: “escuchar, apoyar, animar y sosegar a las personas porque Jesús ha venido para las personas”.

Él expresa su preocupación porque ahora la vida para los jóvenes es más difícil porque se enfrentan a una sociedad donde todo está permitido y no hay límites claros, “un mundo egoísta y hedonista”.

El jueves 19 de diciembre Francisco Dardichón recibió de la Asamblea Legislativa Departamental un reconocimiento por los 30 años de servicio como párroco de San Pío X.

El asambleísta Adolfo Arispe dijo en la ceremonia realizada en Villa Coronilla que se reconocía a Dardichón por su servicio a la sociedad, a los vecinos y en especial a la niñez.

Fue reconocido también “por su compromiso humano y pastoral, por su trabajo educativo, su testimonio de vida, por ser promotor de la justicia social y por su servicio al pueblo”.

En el acto realizado en el escenario armado en la avenida 27 de Agosto (frente a la Parroquia San Pío X) él agradeció el afecto de los vecinos reunidos en el lugar.

Al tomar la palabra primero dio las gracias a las autoridades departamentales por el galardón, segundo por haber vivido más de 30 años en Villa Coronilla y tercero por la paciencia de sus feligreses.

“Me siento kochala y agradezco por los 30 años de cariño”, fue la expresión del sacerdote que califica a la población boliviana como gente muy buena y cariñosa.

Luis Alberto Vega, que conoce a Dardichón desde sus dos años (ahora tiene 27), lo describe como una “buena persona”, como un jesuita que ha colaborado bastante en la vida de los jóvenes y de los catequistas que han pasado por la parroquia.

“Es bien querido por los niños y jóvenes”, recuerda Vega y rememora las reflexiones.

“Padre Dardi decía que si no hay niños aquí esto parece un cementerio, se alegraba y compartía con ellos”, narra emocionado el joven feligrés de San Pío X.

Los vecinos de la parroquia son la familia de Dardichón y él los quiere como a sus hijos.

El comunicador y excatequista Marcelo Esprella asegura que Dardi lo respaldó en todo momento y fue su principal apoyo a lo largo de su vida. También es vecino de Villa Coronilla y creció prácticamente en la Parroquia con sus actividades de catequista.

“Nos ha educado en línea recta y con los valores cristianos y siempre nos ha abierto las puertas a cualquier hora para hablar con nosotros y nos daba buenos consejos”, asegura Esprella.

LA PASIÓN DE ENSEÑAR A LOS JÓVENES Y DE ESCRIBIR

“Hombre alto de cuerpo, seco de rostro, estirado y avellanado de miembros…”, se diría casi una descripción del Quijote de la Mancha por lo alto y delgado; luce además un cabello blanquísimo y resalta en su rostro unos lentes grandes y gruesos. Posee la expresión bondadosa de alguien que vivió, aconsejó y ayudó a un sinfín de personas.

Su infancia fue golpeada por la guerra. Cuando el pequeño Dardi tenía seis años estalló la guerra civil española y junto a su familia se refugió en Francia. Con Franco vencedor, volvieron a su ciudad donde pasaron hambre y miseria. Luego estudió Filosofía en la Universidad de San Francisco de San Borja (Barcelona, España).

Ordenado como sacerdote jesuita, llegó a Bolivia hace más de 44 años. En el ámbito de la educación, ha sido docente de Educación y Política en la carrera de Ciencias de la Educación y docente titular de la materia Filosofía Jurídica en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas en la Universidad Mayor de San Simón. En la Universidad Católica Boliviana fue catedrático en la Unidad Académica de Cochabamba en la carrera de Filosofía y Teología, habiendo dictado, entre otras, Historia de la Filosofía Moderna y Contemporánea, Filosofía del Derecho e Historia de la Cultura. Hoy, a los 82 años, continúa dando clases, aunque con menos materias.

En el campo de la producción intelectual, desde hace décadas, escribía en el diario Opinión una columna dominical de reflexión y actualidad. Entre innumerables escritos diseminados en sus publicaciones, cuenta con artículos en las revistas Cuarto Intermedio de la Compañía de Jesús y Yachay, de la Universidad Católica. Asimismo, ha publicado en la Editorial Verbo Divino: “Cartas con sabor a vida”, “Sugerencias para las homilías dominicales”, en sus tres ciclos: A, B y C, “Parábolas de Jesús, explicadas y aplicadas”, folletos de la colección “Vida y Testimonio”, que son un “boom” editorial.