Análisis

Jorge Ibernegaray: Eutanasia y Dignidad

Respecto a la muerte se describen varios tipos: la eutanasia es la muere provocada voluntariamente a un enfermo que no tiene ninguna esperanza de vida ni puede soportar las aflicciones y dolores de una enfermedad terminal; la O.M.S. es contraria a esta práctica y ¨la define como la acción del médico que provoca deliberadamente la muerte del paciente¨.

La distanasia es el ensañamiento terapéutico mediante el cual se aplica al enfermo todo tipo de acciones para prolongar su vida, llegando a la muerte en condiciones inhumanas. El suicidio asistido es proporcionarle voluntariamente los medios necesarios para suicidarse y la ortotanasia consiste en dejarlo morir a tiempo sin emplear medios desproporcionados y extraordinarios.

La eutanasia practicada con fines raciales se conoce como eugénica y si el fin es aliviar el sufrimiento es llamada piadosa. Es pasiva o por omisión cuando no se proporciona el soporte básico para la supervivencia del paciente y activa cuando se procede de manera directa, ya sea proporcionando una inyección letal o apoyándose en terapias de doble efecto, como dando altas dosis de analgésicos sabiendo que eso acelerará el proceso. Es voluntaria cuando la solicita el paciente de palabra o por escrito e involuntaria cuando se realiza sin su consentimiento, en este caso se llama cacotanasia.

En el debate de la eutanasia se debe considerar no solamente los aspectos esenciales como la autonomía o derecho del enfermo a decidir y los legales o derechos otorgados por la ley en algunos estados- sino también el valor de la dignidad, término mal usado por quienes están a favor de la eutanasia. La palabra dignidad proviene del latín dignus que significa valioso y dignitaten que es excelencia moral. Es la cualidad de digno, también significa honorabilidad en la manera de comportarse. Digno es lo adecuado, lo conveniente a una determinada realidad o situación. Como valor moral es el reconocimiento del ser humano como personalidad por sí misma y por la sociedad. Este alto valor ético exige el deber de reconocer en la práctica los derechos de la persona y formular exigencias hacia ella sin olvidar el principio bioético fundamental de no hacer daño.

Todos tenemos el derecho a la vida, a nacer y a morir con dignidad. Se puede considerar como una muerte digna cuando se ha recibido los alivios médicos adecuados, el apoyo psicológico, espiritual y el consuelo humano posible, respetando la dignidad de la persona hasta el momento de la muerte natural. No es solamente evitar sufrimientos, sino que es esencial la grandeza espiritual y el valor de quien se enfrenta a ella. Morir con dignidad no es elegir la muerte, sino contar con la ayuda necesaria para aceptarla cuando llegue. La ortotanasia sería una auténtica muerte digna porque considera la condición de dignidad del enfermo terminal y no se fija en la voluntad de morir.

Actualmente se cuenta con tratamientos paliativos para aliviar al paciente y controlar el dolor. La Pontificia Academia por la Vida (PAV) que tiene como objetivo la defensa y promoción del valor de la vida humana y la dignidad de la persona en la próxima Asamblea a realizarse en marzo 2015, considerará ampliamente este tipo de tratamientos.

Compasión y solidaridad son valores que se deben cultivar en los servicios de salud y en la familia, ofreciendo la mejor calidad de atención posible al enfermo en estado terminal, evitando los sufrimientos al máximo sin recurrir jamás a la eutanasia que provoca la muerte anticipadamente.

En nuestro país, la legislación del EPB y el Colegio Médico de Bolivia fiel al espíritu hipocrático, a través de sus normas no consienten la eutanasia.

Mons. Ignacio Carrasco de Paula, presidente de la PAV, condenó el suicidio asistido de Brittany Maynard, al respecto expresó: ¨el suicidio asistido no es una muerte digna, es algo absurdo. Y la Iglesia está en contra porque no es admisible el acto de quitarse la vida. No juzgamos a las personas, pero el gesto en sí debe condenarse.”

En el mensaje a los participantes de la Asamblea General de la Pontificia Academia para la Vida, en febrero pasado, el Papa Francisco condenó esta práctica, al afirmar que “la falta de salud y la discapacidad no son una buena razón para excluir, o peor aún, para quitar de en medio a una persona”.

La luz de la fe nos ayuda a comprender la realidad del valor de la vida y de la dignidad humana, con el fin de encontrar sentido y esperanza en todas las condiciones de vida y ante la muerte.