Análisis

¿ES QUE SEREMOS GILES?

Antes de que mi Consejera Económica me pudiera explicar la crisis europea y la prosperidad boliviana que no acaba de llegar a mis escuálidos bolsillos, dije a mi próspera comadre cochabambina que me condujera al consultorio de algún yatiri y curandero porque se me había metido en la cabeza la idea de que soy un tonto redomado o, como decimos los cholos ilustrados, “un coxuáter a toda vela”.

Mi pariente espiritual me respondió que todos los yatiris y curanderos que conocía se hallaban contratados por el Gobierno para dirigir nuestras relaciones diplomáticas y que los más sobresalientes habían sido elegidos para formar parte del Tribunal Constitucional, como un célebre ciudadano de apellido Cusi que sorprendió al mundo declarando que sus sentencias eran consultadas siempre con la hoja sagrada de la coca.

La sabia cochabambina me examinó brevemente, observó mis pupilas y me dijo: “Le ruego no enfadarse conmigo, compadre, pero lo veo con su cara de coxuáter, normal…”

Entonces, no me quedó más remedio que exponerle mi problema al conocer las declaraciones del señor ministro de Minería y Metalurgia, señor Virreira, cuando asegura que la decisión de la empresa india Jindal, de rescindir su contrato con Bolivia, beneficiará a nuestro país.

Mi Consejera Económica abrió los ojos desmesuradamente y corrí hacia ella para cerrarle los párpados y evitar que sus ojos chaskañawis salieran de sus órbitas; la cholita tambaleando se agarró de mis orejas, y tomándola en mis robustos brazos la deposité en el sofá de mi living.

Cuando volvió en sí, me dijo: “No, no es posible que un sabio Ministro de nuestro sabio presidente Evo hubiera dicho semejante barbaridad: ¡que el país se beneficiará si la empresa Jindal rescinde su contrato y se marche de Bolivia!”.

Yo, que sé un poco de Economía Doméstica desde que mi comadre Macacha tomó las riendas de mi magra economía, no pude permanecer en silencio ante la tremenda noticia de que la Jindal rescindiera su contrato para explotar El Mutún y pudiéramos un día producir acero e hice un frente común con la cholita natural de Quillacollo para gritar a dúo: “Basta ya de tanta tontería y basta ya de que el Gobierno nos crea unos giles que ignorábamos que el único proyecto serio para industrializar nuestro país se esfumará. ¡Basta ya!”

Sin embargo, luego de declarar que no nos interesa ser amigos de Estados Unidos porque Bolivia es un país rico, progresista y digno, luego de alistarnos para echar de Bolivia a las compañías mineras extranjeras que exploran nuestras montañas, ahora digamos muy sueltos de cuerpo que “si se va la Jindal de Bolivia nos sentiremos felices y favorecidos”.

Mi comadre me tomó del brazo para decirme: “Vámonos a El Mutún y a Puerto Suárez a gritar ‘¡Que se quede la Jindal en Bolivia!’”