Internacional

En el 2013, contra el egoísmo y la superficialidad

Dentro de todos los ritos y tradiciones que vivimos durante este tiempo de Navidad no pueden faltar los buenos propósitos. En Navidad perdonamos las ofensas de los demás o por lo menos consideramos la posibilidad de abrirnos al perdón; en Navidad nos acercamos con los que están lejos, intentamos tenderle la mano a los que nos han lastimado y nos esforzamos por recuperar la dimensión espiritual de nuestra vida.

Surge de manera casi espontánea el deseo de renovación personal y probamos lo que dice la Biblia cuando desea la paz a los hombres de buena voluntad. Todo nos va encaminando a un verdadero encuentro con nosotros mismos. La luz de la Navidad alcanza no solamente para una cena, para organizar una fiesta, para ofrecer un regalo y para realizar un viaje, sino que llega a tocar fibras más espirituales de nuestra vida.

Desde este marco hace falta recuperar la consistencia de los buenos propósitos que solemos hacernos para el nuevo año. No se trata simplemente de una moda o de un rito que practicamos cada año. El deseo de llegar a ser mejores personas surge de la luz que proyecta la Navidad para revisar profundamente nuestra realidad.

A la hora volver a hacer nuestros propósitos para el año nuevo, no olvidemos todo lo que ha movido en nuestro corazón el espíritu de la Navidad. Sería muy pobre que sólo aspiráramos a bajar de peso, o levantarnos temprano, o hacer ejercicio, cuando la Navidad nos ha permitido constatar una realidad más profunda que es urgente cambiar.

Por eso, aprovechemos esa disposición que estos días tenemos al cambio, aprovechemos la buena voluntad que probamos para fijarnos metas más ambiciosas que lleguen a renovar los fundamentos de nuestra vida. Tenemos que dejar de pensar y planear la vida de manera egoísta, de manera cómoda y superficial. Tenemos que volver a estructurar la vida desde la dinámica del sacrificio que significa estar dispuestos a ceder, dar de más sin esperar nada a cambio y luchar de manera constante por nuestros ideales.

Con propósitos de esta envergadura se irá construyendo una vida más viable y sostenible a pesar de los factores adversos, porque estaremos generando una actitud diferente en la que no esperamos que primero cambien las cosas o las personas para tomar la determinación de ser felices y encontrarle un sentido a la vida.

Como otras tradiciones navideñas, mantengamos vigente el espíritu de renovación personal haciendo nuestros propósitos para el nuevo año. Pero pensemos en grande, no de manera superficial, y hagamos el compromiso de favorecer a los demás para ir construyendo una cultura de fraternidad y solidaridad que requiere nuestro país en estos tiempos difíciles que enfrenta. Y no dejemos de cuidar y valorar más la vida de familia y la dimensión espiritual.

Pbro. José Juan Sánchez Jácome