Análisis

Emilio Martínez: “El regreso del Pasquino”

En la ciudad, hay miles de esculturas de distintas épocas, en diferentes lugares históricos, o sea, en las calles. Entre las menos conocidas están las estatuas parlantes. Les recomiendo verlas, si pasan por acá, valen la pena, son el monumento más elocuente a la censura, la prohibición, al autoritarismo, la intolerancia, la ferocidad, la ausencia de misericordia de los Papas-reyes que hubo en Roma entre los siglos XV y XIX.

En la ciudad hay seis de estas estatuas para ser más preciso: la de Pasquino, a pocos metros de Piazza Navona y la embajada de Brasil; Madame Lucrezia, amante de Alfonso V de Aragón, rey de Nápoles, mediados de siglo XV, en la Piazza San Marcos, pegadito a Piazza Venezia, centro de Roma. El Babuino, espantosa escultura de autor desconocido, tan pero tan fea que los romanos, con su ingenio sin límites, le pusieron “el nombre de un mono feo”, ubicada en la calle homónima, cerca de Piazza di Spagna. Il Facchino, probablemente esculpida por Miguel Ángel Buonarroti, a cinco metros de vía del Corso, en la calle Santa Maria in via Lata.

Las otras dos casi no cuentan, por tal motivo les diré para qué servían estas cuatro. En especial la de Pasquino (de allí que a cualquier pieza de prensa, sobre todo escrita, que difame a alguien se la denomine pasquín).

Sobre la escultura del Pasquino, en épocas que ya referí como la de los papas que además eran reyes de los estados pontificios, con capital en Roma, durante la noche y fuera de los ojos vigilantes de los agentes de policía, el pueblo descontento por la opresión de sus gobernantes, por las hambrunas, la pobreza crónica y pestes de todo tipo, escribía, en romanesco (un cuasi dialecto que todavía escucho a diario), todo tipo de protestas contra las autoridades en general y en particular contra los cardenales de la curia romana, la corte del Papa.

Por supuesto, eran escritos anónimos, ingeniosos, con estructura gramatical de poesía irónica, burlesca, en romanesco. Intentaban decir verdades sobre los atropellos de la cruel autocracia de la Santa Romana Chiesa y sus papas. Se pegaban de noche con engrudo sobre las esculturas mencionadas, el pueblo (el poco que sabía leer, claro, 10% de la gente) las leía al día siguiente y las divulgaba, viralizaba en las redes sociales de aquellas épocas, el boca a boca. Poco duraban ya que las fuerzas del orden las arrancaban tan rápido como podían.

Los papas, preocupados por estos panfletos que los injuriaban (diciendo nada más y nada menos que la verdad, en muchas ocasiones exagerada), ordenaron encontrar al culpable costara lo que costara.

Sobre los autores poco se sabe. Sospechas, muchas; certezas, casi ninguna, pero por las dudas arreciaban los arrestos y las torturas, sólo por hacer escarmiento. Un par de ahorcados como ejemplo.

Entre ellos, un tal Niccolò Franco, pícaro zapatero romano que confeccionaba los zapatos de un par de cardenales de la curia y que sabía leer y escribir, pero lo escondía con todo recelo.

Sospechado de ser Pasquino sólo por haberse descubierto que escribía, es decir, el autor de las protestas fue acusado de traición o algo así. Sin defensa, sin alegatos ni pérdida de tiempo, fue enviado a la horca.

Alguien siguió con las pasquinadas (así llamaban a las pegatinas) en las otras esculturas, por ende, nunca sabremos si el pobre Niccolò fue o no Pasquino.

Un par de papas intentaron tirar al río Tíber las estatuas, cosa que afortunadamente no concretaron, sencillamente porque la muerte los sorprendió antes.

Como no era la época de las videocámaras, ordenaban vigilancia día y noche. Por cierto que alguna vez los vigilantes se dormían y amanecían las esculturas con los versos pegados.

Originalmente, las esculturas, hoy casi deformes, representaban personajes o hechos diferentes al uso que cuento. Pasquino probablemente sea Menelao, que tiene sobre sus piernas el cadáver de Patrocles (Ilíada). Il Facchino es un changador, muy conocido en Roma por su fuerza, levantaba 10 bolsas de trigo sobre sus hombros. Lucrezia podría ser una estatua de la esposa de Marte, la diosa de la guerra y el Babuino sólo Dios sabe de quién se trata.

¿Pero por qué les cuento esta historia? El sábado 4 de este mes de febrero apareció Roma tapizada de carteles, posters, con la imagen del papa Francisco enojado, reprobando, reprochando algo a alguien, con una leyenda que ironizaba sobre la misericordia (uno de los pilares de su papado) del santo Padre y de la santa Iglesia. Escritos en romanesco.

Dos días después, la policía municipal de Roma había sacado casi todos y los que no estaban cruzados por otro cartel que dice que esos posters están pegados en lugares prohibidos. ¡Mi Dios! ¿Habrá regresado Pasquino?