Análisis

EL PLACER DE RASCARSE

En homenaje al Día Internacional del Trabajo nos hemos rascado cuatro días con la autorización legal del ministro de Trabajo, Sr. Daniel Santalla, a quien Dios conserve en su despacho durante muchos años para felicidad y regocijo de todos los bolivianos que amamos el ocio formando parte de las grandes mayorías nacionales.

Al visitarme en mi hogar la buena samaritana cochabambina me dijo: “Ya ha descansado muchos días, compadre, creo que ha llegado el momento de que se ponga  a trabajar como lo hacemos todas las personas de bien que deseamos contribuir al engrandecimiento de nuestra querida Bolivia y sigamos el ejemplo de nuestro querido presidente Evo quien se levanta a las cinco de la mañana y empieza a gorjear como los ‘chiuchis’”.

Esta amonestación de mi comadre me caló hondo y estuve a punto de contestarle que posiblemente el presidente Evo no puede dormir muchas horas pensando en qué empresa extranjera podría nacionalizar, pero me contuve y sonreí ante el espíritu laborioso de la cochabambina que es verdaderamente una buena “llankadora”.

Sin embargo, dije a mi interlocutora que el ocio es una meta a la que aspiran llegar todos los trabajadores y que hay muchos sociólogos que nos dicen que hay una “civilización del ocio” conformada por hombres que han trabajado mucho y han conseguido ganar mucho dinero y que son de muchas nacionalidades, no siendo raro que también hayan bolivianos, o algunos cochabambinos.

Ella siguió con la apología del trabajo diario y sin contradecirle muy de frente le hablé por vez primera del “placer de rascarse” no en forma diaria ni con horario continuo, pero sí de vez en cuando, honrando a la Patria, a las efemérides departamentales, a Jesús del Gran Poder, a la Virgen de Urkupiña y a otras vírgenes milagrosas, como lo hacemos mi comadre y yo.

La Macacha laburadora reconoció la felicidad del ocio en las oportunidades que le mencioné, pero negó enfáticamente que ella se rascara con fruición, como yo seguramente lo hacía cuando ella no estaba a mi lado.

Para no ser mal interpretado, le revelé ante sus ojos asombrados que el placer de rascarnos se ha convertido en un deporte llamado “Rasquetbol” y que es pasión de multitudes no sólo en Bolivia sino en todo el mundo y que tiene una Federación Mundial donde están registrados todos los diplomáticos, gran parte de empleados públicos, todos los dirigentes sindicales y especialmente los dirigentes bolivianos que gozan de fuero sindical por el que dejan de trabajar y siguen ganando sueldos hasta después de un año en el que dejan de ser dirigentes, y en resumen: las personas más inteligentes del mundo.

La asombrada Macacha me preguntó si yo practicaba el Rasquetbol y le confesé que ese genial deporte me gusta mucho y que sólo lo practico moderadamente y en las oportunidades anteriormente mencionadas y que, después de la Fiesta Internacional del Trabajo, no practicaría ese gran deporte hasta la Fiesta del Señor del Gran Poder.