La Paz

El pasado lunes falleció el sacerdote salesiano Jorge Casanova

La comunidad salesiana comunicó con pesar la muerte del padre Jorge Casanova SDB, director de varias escuelas de la obra e inspector provincial en Bolivia y en la Argentina. La muerte del querido sacerdote ocurrió el lunes 14 de octubre. Tenía 89 años, 68 de profesión religiosa y 58 de sacerdocio.

El padre Casanova nació en Temperley el 21 de octubre de 1925. Sus padres, españoles, eran Cesáreo y Victorina Rodríguez. Su padre trabajaba en el Ferrocarril, por lo cual de tanto en tanto tuvo que trasladarse a diversas localidades, donde se le asignaban sus tareas laborales.

Cuando tenía 11 años, la familia se encontraba en la ciudad de Mar del Plata. Allí le tocó hacer su primera comunión mientras era alumno del Colegio Salesiano. Algún tiempo más tarde, allí también maduró la decisión de seguir la vocación a la vida salesiana como sacerdote, por lo cual pasó al Aspirantado de Bernal, siguiendo el consejo y la guía espiritual del padre Oscar Guerra.

En 1946 pasó al Noviciado en Morón, concluyendo con la profesión religiosa el 31 de enero de 1947. Nuevamente en Bernal, cursó los estudios de Filosofía hasta 1949, seguidos por el trienio práctico en el mismo lugar, desde 1950 hasta 1952, como asistente y docente de segundo año de latín.

De allí se trasladó a la ciudad de Córdoba para completar su formación sacerdotal con cuatro años de estudios teológicos, que culminaron con la ordenación sacerdotal el 26 de noviembre de 1956.

Regresando a la Inspectoría San Francisco de Sales, de Buenos Aires, se desempeñó entre 1957 y 1965 en Morón como ayudante y colaborador del maestro de novicios. Durante un año se desempeñó como vicario en la Institución Fernández, de San Isidro.

En 1966, el padre Casanova inició un fecundo período como director de varias comunidades y superior en dos inspectorías, que se prolongó más de treinta años en la guía de los salesianos y en la pastoral escolar y
parroquial.

El primer período de dirección lo transcurrió en el colegio Wilfrid Barón, de Ramos Mejía, hasta el momento de ser nombrado por el rector mayor, don Luis Ricceri, como inspector de Bolivia, desde 1968 hasta 1976. Fue una experiencia que dejó una huella profunda en los recuerdos del padre Casanova, conociendo a la vez las urgencias pastorales y las culturas de los países de la región.

También muchos de los que lo tuvieron como superior en esos años conservan un buen recuerdo de él. En ese tiempo desempeñó también dos importantes servicios a la Iglesia: fue presidente de la Conferencia de Religiosos de Bolivia y fue nombrado por la Santa Sede visitador apostólico de las diócesis de Riobamba e Ibarra, en Ecuador.

Casi inmediatamente después de cerrar ese servicio en Bolivia, don Ricceri le confió la Inspectoría de Buenos Aires por otros seis años, desde 1976 hasta 1982. Durante ese mismo período se desempeñó como vicepresidente primero de la Conferencia Argentina de Religiosos.

Sucesivamente continuó su servicio como Director en tres colegios del barrio porteño de Almagro: desde 1982 hasta 1984 estuvo en San Antonio; de 1985 a 1990 en el colegio San Francisco de Sales, y de 1991 hasta 2001 en el colegio Pío IX. En esta última etapa se le confió también el cargo de párroco de San Carlos Borromeo en la basílica de María Auxiliadora, desde 1996 hasta 2005.

En todas las casas en las que se desempeñó como director, además de dedicarse con todas sus energías al mejor funcionamiento de las obras, también se empeñó de manera destacada en el mantenimiento y embellecimiento edilicio de los colegios.

En 1984 y en 1990 prestó el servicio de vicario inspectorial, haciéndose cargo de la inspectoría de Buenos Aires durante las ausencias de los Inspectores correspondientes, que concurrieron a los capítulos generales XXII y XXIII en Roma.

El servicio prestado a la familia salesiana también fue notorio. Fue delegado nacional de los salesianos cooperadores, asesor inspectorial de ADMA y asesor espiritual de las Damas Salesianas. Su cercanía y cariño hacia las Hijas de María Auxiliadora fue constante. Se recuerda con mucho cariño y gratitud, su servicio de asistencia y animación de la asociación Padres y Madres de Consagrados (Pamavoc).

Una característica distintiva del padre Casanova a lo largo de estos años fue su disponibilidad y afabilidad con todos, como ha demostrado en los últimos diez años de su vida, ya más retirada y tranquila, desde 2005 hasta el día de su muerte. Eran muchos los que mantenían contacto con él y le seguían demostrando su gratitud y afecto.+