Internacional

El Papa pidió la intercesión de María para que nos ayude a dejarnos sorprender por Dios

(Ciudad del Vaticano / Roma) Este domingo por la mañana ante más de cien mil fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro alrededor de la estatua de Nuestra Señora de Fátima, el Papa Francisco presidió la Santa Misa con la que culminaron las Jornadas Marianas.

Fijando la mirada en María, “criatura humilde y débil como nosotros, elegida para ser Madre de Dios, Madre de su Creador”, el Obispo de Roma centró su homilía en tres puntos: Dios nos sorprende, Dios nos pide fidelidad, Dios es nuestra fuerza.

El Papa pidió la intercesión de María para que “nos ayude a dejarnos sorprender por Dios sin oponer resistencia, a ser hijos fieles cada día, a alabarlo y darle gracias porque Él es nuestra fuerza”.

Al final de la misa Francisco leyó el acto de Consagración a la Virgen María y concluyó con el rezo del Ángelus.

Texto del acto de consagración a la Virgen María

Bienaventurada María, Virgen de Fátima, con renovada gratitud por tu presencia materna unimos nuestra voz a la de todas las generaciones que te llaman bienaventurada.

Celebramos en ti las grandes obras de Dios, que nunca se cansa de inclinarse on misericordia sobre la humanidad afligida por el mal y herida por el pecado, para sanarla y salvarla.

Acoge con benevolencia de madre el acto por el que nos ponemos hoy bajo tu protección con confianza, ante esta tu imagen tan querida por todos nosotros.

Estamos seguros de que cada uno de nosotros es precioso a tus ojos y que nada te es ajeno de todo lo que habita en nuestros corazones.

Nos dejamos alcanzar por tu dulcísima mirada y recibimos la caricia consoladora de tu sonrisa.

Proteje nuestra vida entre tus brazos: bendice y refuerza cada deseo de bien; reaviva y alimenta la fe; sostiene e ilumina la esperanza; suscita y anima la caridad; guíanos a todos nosotros en el camino de la santidad.

Enséñanos tu mismo amor de predilección hacia los pequeños y los pobres, hacia los excluidos y los que sufren, por los pecadores y por los que tienen el corazón perdido: reúne a todos bajo tu protección y a todos entrégales a tu Hijo dilecto, el Señor Nuestro, Jesús. Amén