Internacional

El Papa: la comunión a los divorciados no es el único tema

Papa Francisco intervino esta mañana, aunque no estuviera programado, en el Sínodo sobre la familia que comenzó ayer sus sesiones de trabajo, para precisar, después de algunas preguntas de los padres sinodales sobre el método de trabajo, que la doctrina sobre el matrimonio nunca ha sido puesta en discusión, para insistir que la cuestión de los divorciados que se han vuelto a casar no es el único tema de la asamblea, y para recordar que sus dos discursos del Sínodo extraordinario del año pasado, además de la “relatio” final, son los documentos oficiales que la asamblea entregó a la que se lleva a cabo este año, que se mueve en continuidad con la primera asamblea. En las discusiones, según lo referido en la conferencia de prensa cotidiana que se llevó a cabo en el Vaticano, surgieron diferentes opiniones entre quienes están preocupados por recordar la enseñanza católica y los que subrayan más la necesidad de dialogar con el mundo. También se afrontaron cuestiones como la homosexualidad, los nuevos lenguajes para comunicar el Evangelio, además de la posibilidad de encontrar soluciones universales, en lugar de locales, para las cuestiones controvertidas como la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar.

Entre los 72 padres sinodales que intervinieron en la discusión general, entre ayer y hoy, hubo algunas preguntas, indicó el padre Federico Lombardi, sobre el nuevo método adoptado para este Sínodo ordinario, que prevé, por ejemplo, mayor espacio para los grupos de trabajo lingüísticos (los “circuli minores”) y la presencia de una comisión de diez padres nombrados por el Papa que seguirá de cerca los trabajos de la asamblea. Después de las respuestas puntuales a las preguntas que surgieron del cardenal Secretario del Sínodo Lorenzo Baldisseri, «el Papa hizo una breve intervención», refirió Lombardi. Francisco subrayó que hay que vivir este Sínodo «en continuidad con el Sínodo extraordinario del año pasado», y recordó que hay que considerar oficiales tres documentos del Sínodo del año pasado: «su discurso de apertura, su discurso final y la “relatio synodi” final». .La relación conclusiva, indicó Lombardi, fue profundizada desde el final de la asamblea de 2014 y el inicio de la actual, con aportes que llegaron a la Secretaría del Sínodo y que después habría elaborado la misma Secretaría en un trabajo que, al final, aprobó «con la participación del Papa» el ‘instrumentum laboris’, es decir el documento-base del Sínodo ordinario. Francisco, prosiguió Lombardi, hizo dos anotaciones más: subrayó que «la doctrina católica sobre el matrimonio nunca ha sido tocadanadie la ha puesto en discusión ya desde la asamblea extraordinaria, y se conserva en su integridad»; después indicó que «no debemos dejarnos condicionar y reducir nuestro horizonte como si el único problema fuera el de la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar». En cambio, concluyó Lombardi, el Papa insistió en sacar adelante la «perspectiva amplia» que indica el “Instrumentum laboris”.

El padre Lombardi y sus colaboradores encargados de ayudarlo en la conferencia de prensa en diferentes lenguas, durante las intervenciones de hoy en el Sínodo, representantes de diferentes continentes y de las diferentes áreas lingüísticas (diez de América Latina, siete de América del norte, 26 de Europa, 12 de África, ocho de Asia y Oceanía, seis del Medio Oriente), fueron afrontados muchos temas, incluido el de la «comunión a los divorciados que se han vuelto a casar». Una perspectiva que parecía excluida si se considera la relación introductoria que pronunció ayer el cardenal húngaro Peter Erdö al inaugurar la asamblea. Al respecto, respondió uno de los padres sinodales invitados a la conferencia de prensa, mons. Claudio Maria Celli, «la relación final del Sínodo extraordinario del año pasado y los dos discursos de inicio y conclusión del Papa mantienen abierta la actitud de la Iglesia, con enfoque pastoral. Y el Papa mismo ha subrayado que este no es el único argumento del Sínodo. La visión sigue siendo abierta y pastoral. Si todo hubiera concluido con la “relatio” de ayer, por lo demás, ¿qué estaríamos haciendo aquí?».

El otro padre sinodal que participó en el Sínodo, el obispo canadiense Paul-André Durocher, hdijo que «no podemos convertirnos en un gueto o en una secta que no influya al mundo, el mensaje de Jesús es don, buena noticia para el mundo: ¿cómo permanecer fieles a Jesucristo y dialogar con el mundo? Algunos padres sinodales han subrayado principalmente la enseñanza, otros la necesidad de dialogar con el mundo; es una fortuna que haya un discernimiento colegiado sobre estos temas. El cardenal Erdö hizo una hermosa presentación de la enseñanza, otros subrayan más cómo dialogar con el mundo».

Muchas fueron las cuestiones afrontadas en la primera ronda de discusiones, según se refirió durante la conferencia de prensa dirigida por el padre Lombardi: la revolución cultural en la que vive la sociedad actual, el papel de los sacerdotes en el acompañamiento del matrimonio, las convivencias pre-matrimoniales, el Evangelio de la familia, las migraciones, las persecuciones de los cristianos y otras dificultades que afrontan las familias, como la pobreza y los conflictos, la violencia «en familia y en la Iglesia», en particular contra las mujeres, así como cuestiones más específicas de algunos continentes, como la poligmaia en Asia . Se habló también sobre cómo encontrar un nuevo «lenguaje misericordioso», en vista del próximo Jubileo de la Misericordia, en particular con los «homosexuales», que son «hermanos e hijos, y no deben ser tratados como “outsiders”», sino con «respeto». En relación con la cuestión específica de la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar, se propuso la creación de «grupos de reflexión» locales, nacionales o continentales, porque podría haber soluciones que cambian dependiendo de la cultura y no solo soluciones «universales».

En general, se indicó en la conferencia de prensa, las intervenciones fueron «muy vivaces y diversas», demostrando una divergencia entre «quienes defienden la doctrina antes que nada», temiendo que si se abre una puerta todo acabe arrasado, y los que subrayan que «la sociedad ha cambiado y hay que encontrar un lenguaje nuevo para presentar la fe».