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“el Estado tiene que priorizar en sus políticas a la familia” Mons. Sergio Gualberti Arzobispo de Santa Cruz

Homilía de Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz pronunciada en la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir, Catedral de la Arquidiócesis de Santa Cruz este domingo 29 de diciembre, en ocasión de la celebración de la Fiesta de la Sagrada Familia.

En este tiempo de Navidad la liturgia nos ha invitado a celebrar el gozo del nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre en Belén, que ha establecido definitivamente su morada entre nosotros, para salvarnos. En este clima de alegría, celebramos hoy la fiesta de la Sagrada Familia, la familia de Jesús, porque no podemos entender a cabalidad su persona, si no conocemos a la familia humana en la que creció en sabiduría, estatura y en gracia.

El hecho de que el Hijo de Dios al hacerse uno de nosotros, quiso contar con una familia terrenal, con un padre y una madre, reafirma el principio de que la institución familiar no es invención del hombre, sino que es parte del proyecto inicial de Dios. Él quiso que todo ser humano que llegue a este mundo, pudiera nacer en el seno de una familia cimentada sobre el matrimonio, fruto del amor mutuo y exclusivo entre un varón y una mujer.

A la familia de Jesús, le llamamos “Sagrada”, “santa” porque santificada por la presencia de Jesús, porque ha sido constituida por voluntad de Dios, está dedicada totalmente a él, y actúa y se ha rige totalmente por sus preceptos. Unos ejemplos:

+ María, al Ángel Gabriel que le pide ser la madre del Hijo de Dios, responde:”Hágase en mí según tu palabra

+ José mientras piensa despedir en secreto a María, reconoce la voluntad de Dios en las palabras del Ángel que en el sueño le dice: “No temas tomar contigo a María tu esposa, porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo...” Despertado del sueño José hizo como el ángel le había dicho, en silencio.

+ Jesús a los 12 años, extraviado en el templo, a la pregunta de su Madre: “¿Hijo, Por qué nos has hecho esto?”, contesta: “No sabían que yo debo estar en las cosas de mi Padre?“.

De esta manera la familia de María, José y Jesús, la Sagrada Familia se propone, en los aspectos esenciales, como modelo y paradigma para todas las familias no sólo del tiempo de Jesús, sino de todos los tiempos y de todas las sociedades.

El evangelio de hoy nos narra de un grave peligro que corrió la Sagrada Familia por parte del rey Herodes que buscaba al niño Jesús para matarlo, porque lo consideraba un peligro para su reinado. Esto obligó a José llevar a María y al niño a Egipto y se quedaron allá hasta la muerte de Herodes. Hoy en nuestra sociedad, la familia también sufre problemas de todo tipo y está afectada en su integridad a causa de separaciones, divorcios y divisiones. Hay causas internas debidas a la falta de madurez de las personas, las incomprensiones, incapacidad de relaciones interpersonales. También causas sociales externas, como la falta de trabajo, la difícil situación económica y las migraciones, y causas de tipo cultural, como la concepción individualista y hedonista de la vida sin ninguna referencia ética y moral. Todavía más preocupante es el hecho que la familia hoy es amenazada en su identidad y en su estructura portante. Los MCS nos presentan modelos de familia totalmente ajenos al plan inicial de Dios y a nuestras culturas originarias, como es el caso de reconocer como familias a parejas de personas del mismo sexo con la posibilidad de adoptar a niños.

Ante este escenario, es urgente que la sociedad vuelva su mirada a la Sagrada Familia, icono y modelo del designio de Dios sobre la familia, que se estructura alrededor del matrimonio entendido como alianza y que se basa sobre la opción libre entre una mujer y un varón que se aman, a imagen del amor fiel de Dios para con la humanidad.

Para los creyentes es necesario redescubrir la vocación de la familia cristiana, testimoniar y manifestar en su vida la alianza de amor entre Dios y la humanidad y la de Jesús con la Iglesia, un amor que se expresa en gestos concretos de mutua ayuda, compasión, misericordia y perdón. La familia está llamada a ser “iglesia doméstica”, la iglesia en la casa, primera comunidad que educa a la fe y que tiene el desafío de a evangelizar a su medio ambiente. Mirando a tantas familias cristianas, tenemos que reconocer que, en las circunstancias actuales, ellas encuentran muchas dificultades en cumplir con esta misión primaria de ser transmisoras de la fe a sus hijos y ayudarlos a descubrir su vocación.

En esta desafiante tarea, la familia necesita ayuda, que puede alcanzar participando de la vida de la familia más grande que es la comunidad parroquial, acercándose a la palabra de Dios y a los sacramentos de la vida. Este es el ejemplo de José y María que, participaban de la comunidad religiosa judía y cumplían con los preceptos de la ley. Ellos, desde la presentación del niño Jesús en el templo de Jerusalén, lo fueron introduciendo progresivamente a la vida de la comunidad y lo pusieron en el camino de su vocación.

La institución familiar no sólo es importante por la Iglesia, sino por la sociedad, siendo su célula primera y vital. La familia es fundamento de la sociedad porque en ella se va formando a sus miembros como personas, capacitándolas a interrelacionarse en base al amor y la igualdad. La Declaración universal de los derechos humanos, afirma que «la familia es el núcleo natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a ser protegida por la sociedad y el Estado». Estos derechos específicos son “expresión de la ley natural y universal presente en la mente y el corazón de todos los seres humanos“. Como núcleo fundamental de la sociedad, la familia tiene la misión prioritaria e indefectible de ser la primera educadora de los hijos, humana y espiritualmente. La familia educa a “vivir bajo una ley común, une a sus miembros, favorece la convivencia, impide el individualismo egoísta y permite tener experiencias determinantes de paz. Nadie por lo tanto, ni siquiera el Estado, puede arrebatar esta potestad a la familia, caso contrario estaría vulnerando gravemente su libertad y sus derechos originarios.

“Por eso, la sociedad no puede prescindir del servicio que presta la familia. El ser humano en formación, ¿dónde podría aprender a gustar mejor el «sabor» genuino de la vida y del amor sino en el «nido» que le prepara la naturaleza?” (Benedicto XVI). En tal sentido el Estado tiene que priorizar en sus políticas a la familia, estar atento y responder, entre otras, a las necesidades de la vivienda, del trabajo, del debido reconocimiento de la actividad doméstica de los padres, de la escuela para los hijos y de asistencia sanitaria básica para todos.

Por eso, todo lo que contribuye a debilitar la familia fundada en el matrimonio de un hombre y una mujer, lo que directa o indirectamente dificulta su disponibilidad para la acogida responsable de una nueva vida, lo que se opone a su derecho de ser la primera responsable de la educación de los hijos, debilita también a la sociedad e impide el fortalecimiento de las instituciones democráticas. Si la familia está en peligro, también peligra la sociedad y la humanidad.

Tendríamos que preguntarnos con sinceridad si, tantos problemas que vivimos en nuestro país, como la violencia creciente, la corrupción, el narcotráfico y la falta de valores éticos y morales no dependen prioritariamente de la fragilidad y disgregación de nuestras familias. Todos, Estado, instituciones civiles, sociales, religiosas y educativas, tenemos la responsabilidad de defender a la familia, de hacer que cumpla con su rol insustituible para la vida y el bienestar de las personas y de la sociedad. Los MCS, por las potencialidades educativas de que disponen, tienen una responsabilidad especial en la promoción del respeto por la familia, en hacer conocer sus esperanzas y derechos, en resaltar su belleza.

Para terminar invito a las familias a poner su mirada sobre la Sagrada Familia, comunidad de personas humanamente humildes y sencillas pero grandes en la fe y el amor. En la fe en Dios la familia encuentra la verdadera dicha y la profunda armonía entre las personas, que son ayuda recíproca en el camino de la vida. En la presencia de Dios la familia encuentra su amor acogedor, misericordioso y respetuoso de todos. Queridas familias vivan siempre con fe, sencillez y serenidad, como la Familia de Nazareth.