Análisis

EL ESTADO REPUBLICANO PLURINACIONAL Y LA PREGUNTA 29

Larga polémica. Batalla fundamental en la que la construcción de un imaginario de presente y de pasado se debate milímetro a milímetro. En 2001 un inteligente grupo de antropólogos y políticos o de antropólogos-políticos, incluyó la pregunta clave sobre la autoidentificación étnica en la boleta del censo. Fue una jugada maestra porque abonó el terreno para una afirmación fundamental. Tras el resultado (el 62 por ciento de los consultados dijo pertenecer a algún grupo indígena), se desplegó la bandera. La gran mayoría de los bolivianos son indígenas, Bolivia es un país de matriz indígena. Si bien entonces las opciones eran sólo seis, se había plantado la semilla de la plurinacionalidad.

La reforma constitucional del 94 que creyó zanjar el desafío con el concepto de la nación pluricultural y multiétnica, solo había abierto la presa que confluyó en un gran río. ¿Porqué lo ‘plurimulti’ no se impuso? Porque la visión liberal clásica se basaba en un pilar intocable, el de la ciudadanía sobre el criterio de la igualdad absoluta. Si es verdad que todos los seres humanos nacemos iguales, es verdad también que los derechos y garantías de la persona en la Constitución no pueden hacer distingos y deben ser los mismos para todos. Eso hizo que la declaración fundamental del primer artículo constitucional en esa reforma, no se desarrollara en ninguna de las partes del texto de la Carta Magna. Era una consecuencia lógica de un principio válido, pero mostró una grave insuficiencia de visión política de largo plazo.

El arma más poderosa de la Constitución del 2009 fue comprender que la lectura radical del universalismo, era una limitante en un momento histórico en el que había que remachar lo que el 52 formuló en la práctica con tanta lucidez, la visibilización de lo indígena. Ese imperativo obligaba a romper con la premisa clásica de ciudadanía.

El salto del Estado Republicano al Estado Republicano Plurinacional cambió el eje sobre el que se asentaba la identidad colectiva. No como se pretende hoy en la sustitución de la República y su modelo político, sino en el cuestionamiento de la ciudadanía como concepto monolítico.

Se puede cuestionar la idea de las naciones dentro de la nación desde el rigor académico, pero hay que admitir que fue un gran acierto político que logró estructurar un modelo de reconocimiento y una afirmación de derechos colectivos e individuales.

Dado el proceso turbulento y jurídicamente cuestionable de su aprobación, la CPE arrastra parte de su maximalismo de origen, y sobre todo una innecesaria categorización de ciudadanía por origen, color de piel y lengua. El capítulo de la plurinacionalidad es en sí mismo lo suficientemente claro (salvados algunos temas de derechos sobre recursos que deben adecuarse a los principios generales de la propia Constitución), como para requerir el galimatías de los artículos 2 y 3, que relegan innecesariamente a los no indígenas a una condición de “añadido” a la esencia del Estado Republicano Plurinacional.

El censo que se viene mantiene abierto el debate. Es que la comunidad boliviana no indígena no encuentra una respuesta clara de integración y de sentido de pertenencia desde el discurso estatal obsesivamente indígena, andino y aimara. El Gobierno ha perdido el rumbo en uno de sus desafíos más importantes, el de cerrar definitivamente la brecha de la sorda confrontación que cruza tres niveles; el étnico, el de las regiones, el del espacio urbano y el espacio rural.

La defensa de la opción mestizo como una forma de “aparecer” en el mapa de la nación pluricultural tenía por eso pleno sentido. Lo tiene incuestionablemente desde el punto de vista de la construcción de un mosaico cultural en el que se deben fijar los fundamentos de lo boliviano, pero planteaba una evidente complejidad a la hora de formularse en la boleta censal.

Finalmente, los redactores de la pregunta 29 del  próximo censo dieron en el clavo. El primer criterio es enmarcarnos a todos como bolivianos y bolivianas. El segundo, sobre esa premisa básica, es la pregunta en sí: ¿Pertenece a alguna nación o pueblo indígena originario campesino o afroboliviano? Hay tres opciones de respuesta. La primera es: Sí pertenezco (se incluye la lista de las 36 “naciones” reconocidas por la CPE). La segunda es: No pertenezco. La tercera es: No soy boliviano o boliviana. El mérito de esta formulación está en que todos los bolivianos somos reconocidos como tales (que dados los antecedentes analizados no es cosa menor), se elimina además el “ninguno” que era una afrenta a medio país. De esta forma simplemente se responde lo evidente, sí pertenezco, o no pertenezco. En otras palabras, se marcan dos grandes categorías, bolivianos no indígenas y bolivianos indígenas.

Mi objeción. ¿Alguien puede creer que, como propone el INE, niños a partir de los cuatro años de edad pueden responder sin intermediarios tal pregunta? ¡Por favor!

Mi respuesta a la pregunta 29 será: No pertenezco a ninguna nación o pueblo indígena originario campesino o afroboliviano. Hace un par de días dije en un programa de televisión que no respondería la pregunta. Me apresuré. Cuando grabamos esa entrevista no se conocía todavía el texto de la boleta censal.