Análisis

EL DIÁLOGO INTERRELIGIOSO

La Iglesia Católica ha sido clara al plantear a través de la voz de nuestros Pastores que toda familia tiene derecho a escoger que la religión que se profesa en casa sea aquella en la cual los niños eduquen su fe. Es decir, estamos hablando de una religión materna/paterna aceptada explícitamente para definir una política educativa referida a la educación religiosa.

Es así que, se plantea al pueblo boliviano que la educación religiosa en el nivel primario (que comprende seis años de escolaridad) sea en la religión materna y para la secundaria se desarrolle un proceso educativo de acercamiento a la pluralidad religiosa, pero desde la propia fe.

El Ministerio de Educación está trabajando una nueva propuesta curricular que comprende la especialidad docente en la disciplina de “Valores, espiritualidad y religiones”. Y tal ámbito, necesariamente deberá tratar la temática del diálogo interreligioso.

Nosotros, en tanto Comunidad Católica, contamos con una posición para encarar este importantísimo diálogo, que fue claramente expresado por el Cardenal Jean-Louis Tauran, Presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso en un artículo del L’Osservatore Romano de la anterior semana, con motivo de la preparación a la Jornada de oración por la paz en el mundo convocada por el Santo Padre Benedicto XVI para el próximo 27 de octubre en Asís.

Indica el Cardenal Tauran que los católicos estamos llamados a dialogar en los siguientes cuatro puntos.

1) El diálogo de la vida (comunión de alegrías y de pruebas de la vida cotidiana);
2) El diálogo de las obras (colaboración de cara a la promo¬ción del desarrollo integral del hom¬bre);
3) El diálogo teológico, cuando es posible (comprensión de las respecti¬vas herencias religiosas); y
4) El diálogo de la experiencia religiosa (compartir las mutuas riquezas espirituales).

Este diálogo debe partir de intercambiar experiencias para conocer al otro y los comportamientos éticos que brotan de la fe. Este es el presupuesto para evitar una idea equivocada de la otra religión. De esta manera se fomenta el respeto y estima recíproca, la comprensión mutua, confianza y amistad.

Por otra parte, hay que desechar toda idea que pueda sesgar el diálogo como un proceso de negociación, componenda o regateo. No debe buscar resaltar las diferencias ni, al contrario, eliminarlas. Para ello, habrá que ser claros en los conceptos y palabras que se usen.

Finalmente, el Cardenal Tauran hace un llamado a la comunidad universal a incrementar nuestra vivencia de oración personal, en comunidad y con los hermanos de otras religiones.

La humanidad camina hacia Dios, “que en esta etapa final nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo y por medio del cual ha realizado los siglos” (Hb 1, 1-2).

Para encarar este diálogo, más que nunca debemos tener clara nuestra identidad, pertenencia, profesión de fe y vida sacramental que, en el Espíritu, hace brotar todo lo divino que hay en nosotros. Solo desde el propio ser se puede dialogar con el otro.

Las consecuencias de estas palabras para los que trabajamos en el campo educativo son fundamentales. Se nos entrega así un enfoque para ordenar la enseñanza, los objetivos educativos y los organizadores curriculares, para que en estos delicados momentos de transformación de las dinámicas estatales avancemos con responsabilidad, sabiduría y eficacia evangelizadora.