La Paz

El diálogo Gobierno-Iglesia necesita ‘obreros’

Hablando muy suave, Jorge Mario Bergoglio hizo en dos noches y dos días lo que en Bolivia no se pudo hacer en nueve años y medio: fundir en un ‘abrazo’ al Gobierno de Evo Morales y a la Iglesia católica, como se vio en la despedida del pontífice en Viru Viru.

Cosa aparte los intereses, críticas y elogios que provocó este acercamiento, el resultado al final del día mostró que el facilitador del deshielo entre Estados Unidos y Cuba también hizo su juego aquí: uno político.

Al jesuita de 78 años que volvió al país convertido en papa le atribuyen -analistas, jerarcas del clero y autoridades de Gobierno- la obra de albañilería de los “cimientos del diálogo” entre dos de las instituciones nacionales más influyentes, una aproximación inusual en la administración del Movimiento Al Socialismo, toda una rareza posterior a los años de la tensión política en la que se cambió el antiguo Estado católico por uno constitucionalmente laico y que reformó los contenidos educativos en favor de una visión originaria y secular.
Los dos resultados

“El papa Francisco ha dejado hechas las bases del diálogo, ahora nos toca a nosotros”, es lo primero que se le ocurre decir a monseñor Aurelio Pesoa, obispo auxiliar de La Paz y coordinador general de la visita del pontífice al territorio nacional.

Para Pesoa, lo que deja el paso del argentino por Bolivia se puede resumir en el diálogo Gobierno-Iglesia y en el avivamiento de la doctrina católica, que demostró su musculatura en actos masivos suscitados entre miércoles y viernes en El Alto, La Paz y Santa Cruz.

Cambio de relación. De la constroversia de la época de la Asamblea Constituyente, donde aborto, matrimonio gay y religión oficial fueron las trincheras para la jerarquía del clero y para el Gobierno, ahora todos aparecieron en la misma mesa y de la mano con el papa.

Todo, nada más tres semanas después de que voceros del gabinete político del Gobierno -el ministro Juan Ramón Quintana, entre ellos- protagonizaran una pelea con el sacerdote Mateo Bautista, por diferencias sobre los porcentajes de asignación de recursos para la salud pública.

“Siento que ahora sí tengo papa, gracias hermano papa Francisco”, dijo el presidente Evo Morales en el cierre del II Encuentro Mundial de Movimientos Populares organizado por el Vaticano y su administración, salvando las diferencias, casi tan exultante como cuando compartía con el fallecido presidente venezolano, Hugo Chávez.

Para Pesoa eso es una señal. A su juicio, es posible que antes el Gobierno de Morales hubiera rechazado a la Iglesia por desconocimiento. “A veces rechazamos lo que no conocemos, no se ama lo que no se quiere. Eso puede motivar comentarios desmedidos… El presidente, al conocer al papa, se ha dado cuenta de que la Iglesia no es lo que imaginaba”, razona.

Por otra parte, admite que en la Conferencia Episcopal Boliviana, “como pastores, quizás no hemos insistido, pero siempre buscamos el diálogo”.
Todo esto se trató de acuñar con símbolos durante la visita papal: la hoz y el martillo en la cruz de Cristo, la evocación del jesuita Luis Espinal como mártir, los católicos y los marxistas y el argumento contra la economía excluyente.

El mensaje parece claro: diálogo, diálogo, diálogo.
¿Por qué y para qué? Se trata de dos de las instituciones de mayor credibilidad del país -el 74% para la Iglesia católica y el 65% para el Gobierno, según un estudio de diciembre de 2014 hecho por Captura Consulting- cuya interdependencia explica el remplazo del choque por la cooperación, pondera Gustavo Pedraza.

Para él, en el mejor de los casos, la aplicación de una estrategia de desarrollo es más fácil si se tiene a lado a la Iglesia.

Otro resultado no menos relevante vio sus frutos en la reivindicación de un acceso soberano al Pacífico, concretamente, con un solo pronunciamiento de Bergoglio a favor del diálogo. Inmediatamente, Morales y el expresidente Carlos Mesa, hoy embajador de esa causa, capitalizaron ese discurso papal.

¿Cooperación duradera?
Al frente, en la organización del Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, estaba el viceministro Alfredo Rada, un ‘no creyente’ declarado. Pese a ello, usó el púlpito para elogiar su visión social sin dejar de subrayar diferencias con la curia. “Vamos a seguir teniendo algunas diferencias con algunos jerarcas de la Iglesia católica porque ellos defienden a los económicamente poderosos y a las burguesías, en cambio Francisco nos habla de una Iglesia del pueblo y junto al pueblo”, expuso.

El papa se fue y, por ahora, solo su nombre afianza el diálogo. Para esos ‘cimientos’ que dejó el jesuita harán falta trabajo y ‘obreros’ que busquen la cooperación desde ambos lados, concluye Álvaro Puente.