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Editorial -Correo del Sur-: “La Iglesia Católica y el sur del país”

Si no es el Papa ni la casualidad, algo muy poderoso está determinando que el peso de la Iglesia Católica, la que prefiere a los pobres, se incline a estas regiones empobrecidas e ignoradas por los gobiernos laicos. 

Fue una sorpresa –agradable, desde luego– que el papa Francisco haya nominado como nuevo Cardenal a monseñor Toribio Ticona Porco, un religioso proveniente de la clase más humilde del país y que, además, conoció en carne propia la experiencia de ser obrero, tanto en la fábrica como en la mina.

Pero lo que se ha destacado, también, es el origen del nuevo jerarca de la Iglesia Católica: nació en la provincia Cornelio Saavedra, de Potosí, y, hasta el momento de su nombramiento, era obispo emérito de Corocoro.

Cuando sea ungido en esa dignidad, en el consistorio del próximo 29 de junio, se convertirá en el segundo boliviano en hacerlo, después del fallecido Julio Terrazas. Pero lo que destaca, además, es que es el primero de una región fuera del eje central, concretamente del sur del país.

Que la máxima autoridad de la Iglesia Católica sea un sureño es más que una esperanza para quienes vivimos en este parte del país. Como sobradamente se sabe, aquí está la porción más pobre de Bolivia, la que incluye fundamentalmente a los departamentos de Potosí y Chuquisaca, pero también Tarija, que todavía no puede proclamar que haya salido de la pobreza, y Oruro que eventualmente —cuando a sus dirigentes así les parece— se pliega a las luchas reivindicatorias del sur.

Tomando en cuenta el estado de las relaciones entre el Gobierno central y la Iglesia Católica, la designación de Ticona es, obviamente, un mensaje. El papa Francisco nos está diciendo, de entrada, que la primera opción de la Iglesia siguen siendo los pobres, como pobre es monseñor Toribio que en sus primeros años de vida conoció, incluso, la pobreza de solemnidad. Lo segundo es tender la mano al gobierno de Evo Morales. Entre muchos otros obispos con méritos, el sumo pontífice eligió no sólo al de cuna más humilde sino, también, al obrero y eso se inscribe en la línea laboralista que pregona la actual administración estatal. Por lo mensajes que difundió en su cuenta oficial de Twitter, se puede deducir que Morales lo entiende también de ese modo.

Pero aquí salta un detalle que no parece venir de una decisión papal y, si se lo toma por la vía religiosa, tampoco puede ser producto de una coincidencia y ese es el hecho de la íntima relación entre las iglesias de Potosí y Chuquisaca.

Como se recuerda, un chuquisaqueño, monseñor Edmundo Abastoflor, fue obispo de Potosí antes de ser nombrado arzobispo de La Paz mientras que otro obispo potosino, el recientemente fallecido y siempre recordado Walter Pérez, fue obispo coadjutor de la Diócesis de La Plata antes de asumir el báculo en su tierra natal. Por si eso fuera poco, el actual obispo de Potosí, Ricardo Centellas, es chuquisaqueño de nacimiento.

A diferencia de las posiciones anacrónicas que todavía creen en regionalismos chabacanos, las diócesis de Potosí y Chuquisaca nunca se hicieron problemas por una relación prácticamente íntima que es lógica tratándose de dos regiones con tanto en común.

A eso se debe agregar el hecho de que en dos ocasiones, muy próximas en el tiempo, la presidencia de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB) recayó en esta parte del país, primero con Edmundo Abastoflor y después con Ricardo Centellas. Curiosamente, los dos chuquisaqueños fueron elegidos en esa responsabilidad mientras eran obispos de Potosí.

A la presidencia de la CEB ahora se suma la dignidad cardenalicia con las características antes descritas. Si no es el Papa ni la casualidad, algo muy poderoso está determinando que el peso de la Iglesia Católica, la que prefiere a los pobres, se incline a estas regiones empobrecidas e ignoradas por los gobiernos laicos.

[Fuente: Correo del Sur]

[Imagen: mapade.org]