Análisis

Dominicas de Lerma: Hoy el reto del amor es dar gracias por la piel

¡ZAS! ¡PUM! ¡PLOF!…

Éstos (y otros muchos) son los sonidos que he estado escuchando en los últimos días.
Resulta que me salió una pequeña infección en el pulgar de la mano derecha y tuvieron que vendármelo. Y, claro, como las vendas son suaves… ¡se me resbalaba todo de las manos!

Se me escurrían los papeles, no podía hacer trabajos de precisión, a los vasos de cristal ni me acercaba…

“Como sigamos así muchos días más… ¡esto puede acabar en un desastre!”, me decía desesperada.

Por fin, hace dos días me quitaron la venda. Es impresionante la inmensa labor del pulgar, ¡más aún!, de la piel del pulgar: nos permite saber la presión que estamos haciendo al coger algo, con sus muchas líneas y pliegues evita que se nos resbalen las cosas, nos indica la temperatura, la textura…

No sé tú, pero yo nunca me había parado a pensar todo esto, hasta que me han tapado el pulgar. La piel, simplemente, estaba ahí. ¡Pero ahora la veo como un regalo inmenso!

Jesucristo, como la piel, siempre está ahí, a tu lado. Te abraza, te cubre, te protege… Pero hay veces que nos acostumbramos y… se pueden poner algunas vendas encima. Entonces, como con la piel, dejamos de sentir. No nos sale sonreír, nos es difícil descubrir los cálidos gestos de cariño, nos cuesta sentir ternura o compasión…

Pero, ¿sabes qué? Jesucristo tiene una gran ventaja respecto a la piel: a Él no le entra infección, no hay que esperar un tiempo de cura. ¡Cristo te quita el vendaje en cuanto quieras! En cuanto paras con Él, vuelve a darte un corazón blando, sin vendas, un corazón al que no le resbalen las cosas, un corazón capaz de sentir.

Hoy el reto del amor es dar gracias por la piel. ¡Sí, por la tuya, la de tu mano! Y también por la de tu corazón. Pídele poder sentir con Él, y pídele ojos para ver a esa persona que es “piel” para ti: esa persona que siempre está ahí y que, sin hacer ruido, te cuida con pequeños detalles.

Tal vez es tu madre o tu padre, tal vez es un amigo… Hoy, no te acostumbres a “la piel”: ora por ellos y aprovecha para dales las gracias por lo que hacen cada día por ti. ¡Feliz día!

VIVE DE CRISTO