Análisis

Día Mundial de la Respuesta contra el Sida

En 1988 las Naciones Unidas a través de ONUSIDA propusieron el 1° de diciembre la celebración del Día Mundial de la Lucha contra el Sida que en el año 2011 cambió el nombre a Día Mundial de la Respuesta contra el Sida. Como símbolo para aumentar la aumentar la conciencia pública sobre prevención y tratamiento se difunde un pequeño lazo rojo, prendido en el pecho, también como signo de solidaridad y apoyo a las personas afectadas por esta enfermedad.

Se calcula que hasta la fecha el sida ha llevado a la tumba a más de 25 millones de personas en todo el planeta, lo que la califica como la epidemia más destructiva registrada en la historia. Aunque se han hecho gastos inmensos para prevenir, evitar, descubrir vacunas y nuevos tratamientos antirretrovirales, la pandemia sigue imparable. Tan sólo en el año 2005 ocasionó más de 3 millones de vidas, de las cuales más de medio millón (570.000) eran niños (wikipedia.org).

En relación con la prevención predomina todavía la idea de que el modo más efectivo contra la difusión del sida es el uso del preservativo. Por esa razón las Naciones Unidas, los estados y muchas organizaciones no gubernamentales hacen campañas millonarias para difundir condones en cantidades masivas. Pero sin embargo cada vez más se comprueba que esas campañas, lejos de ser una respuesta acertada contra el sida, paradójicamente contribuyen a su difusión. Una de las personas más prominentes en denunciar ese hecho fue Benedicto XVI en su viaje al África en marzo de 2009. Muchas personas e instituciones acusaron al Papa de promover el genocidio de gran parte de la población de los países subsaharianos. Sin embargo los hechos le están dando la razón.

El máximo experto de la Universidad de Harvard sobre el sida, Edward Green, Director del Proyecto de Investigación de Prevención del Sida, que se define como “liberal en temas sociales”, aseguró que, aunque le “costaba reconocerlo, el Papa tiene razón”. En efecto, “nuestras pruebas demuestran que en África los preservativos no funcionan como un medio para reducir la tasa de infección del sida”.

En efecto, las campañas masivas de preservativos producen en muchos adolescentes y jóvenes la falsa confianza de que “usando el condón no pasa nada”. En otras palabras les hacen perder o disminuir el sentido de riesgo inherente a toda aventura sexual. El usuario se arriesga a mantener relaciones más frecuentes y promiscuas con el obvio resultado de mayor aumento de contagios.

No hay que olvidar que los fabricantes y vendedores de condones, faltando a las normas elementales de bioética, no suelen informar claramente sobre las tasas comprobadas de falencia práctica de los preservativos. Estas tasas se sitúan en un 15% anual en el caso de embarazos y son todavía mucho mayores en la prevención de ETS y de sida, sobre todo en las fiestas de carnavales y otras donde abunda el consumo de bebidas alcohólicas.

Al mismo tiempo desde el punto de vista de la salud mental se produce en los usuarios de condones un descontrol en la tendencia sexual que lleva a una adicción de difícil curación. Asimismo se anula o distorsiona la formación de la conciencia moral personal y social. Todo ello contribuye, dentro de una cultura globalizada, tremendamente erotizada, a un incremento de la violencia y delincuencia sexual, uno de los problemas más tremendos que afectan a nuestra sociedad y que tienden a agravarse.

Por eso han recobrado fuerza otras iniciativas para hacer frente al sida y a las ETS. En Uganda y otros países subsaharianos se ha puesto en práctica con excelente resultados la propuesta conocida por sus siglas en inglés como ABC o sea “Abstención prematrimonial”, “Buen matrimonio” o sea fidelidad (“Be faithfull”) y sólo en último término “Condón”. La Iglesia ve con simpatía esta propuesta, aunque cambiando el significado de la C por “Castidad” o sea el “Control racional del instinto sexual”.

Pero no basta con insistir en el slogan ABC, sino que hace falta una prevención basada en una educación sana e integral de la sexualidad al servicio de la afectividad y del verdadero amor. Nada mejor que una buena formación religiosa cristiana para evitar que muchos adolescentes y jóvenes sean atrapados por la esclavitud del alcohol, la droga y el sexo, que juntamente con la guerra y el hambre, amenaza con destruir la humanidad como las actuales plagas apocalípticas (cf. Ap 6). Jesucristo, cuya última venida esperamos con ansiedad, debe ser el modelo que nos inspira y nos da su Espíritu de Energía y Sabiduría para poder vencer a estas amenazas diabólicas.