Miércoles, 22 Noviembre 2017

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A LOS SEÑORES VICARIOS ZONALES, PARROCOS, SECRETARÍAS DEL ARZOBISPADO, RELIGIOSOS/AS, RESPONSABLES Y/O REPRESENTANTES DE MOVIMIENTOS APOSTOLICOS, COMUNIDADES, INSTITUCIONES EDUCATIVAS Y SOCIALES, GRUPOS ECLESIALE Y FIELES CATOLICOS DE LA ARQUIDIOCESIS DE LA PAZ.

 

Queridos hermanos y hermanas en el Señor:

 

Es una alegría, en este Año de la Misión y renovados con nuestra participación en el Congreso Misionero Nacional en Sucre, dirigirme a ustedes y hacerles llegar un saludo cordial y afectuoso, también en nombre de los Obispos Auxiliares.

Próximos a iniciar un nuevo tiempo litúrgico y con la motivación que tuvimos de las reflexiones de la Semana Pastoral “Evangelizar desde la Cruz”, tengo el agrado de comunicarles que fortaleceremos un caminar más intenso en la vida de nuestra Iglesia con la realización de la Asamblea Arquidiocesana 2017, donde socializaremos y aportaremos al nuevo Plan Pastoral de la Arquidiócesis de La Paz 2018 – 2023 y al POA 2018. Por lo que invito a que todos ustedes puedan participar activamente de este acontecimiento.

Este Plan Pastoral, por un lado es un instrumento que busca orientar la acción pastoral de nuestra Iglesia local y por otro quiere impulsar un caminar donde se pueda trabajar y recorrer unidos en una misma dirección, coordinando y compartiendo criterios, planteamiento y acciones. Contando ya con un Diagnóstico pastoral, fruto de una mirada y escucha atentas, tenemos también el análisis y reflexión acerca del quehacer actual y sus desafíos.

 Deseamos, con la realización de esta Asamblea Arquidiocesana, identificar potencialidades, detectar carencias, debilidades y oportunidades para la misión evangelizadora de la Iglesia que, además, nos permitan una administración racional de recursos humanos y materiales en la labor evangelizadora.

 Deseamos asimismo en esta Asamblea recoger nuevos aportes, lograr la mayor participación posible de todos los sectores de nuestra Iglesia local, recibir percepciones de los diferentes sectores pastorales y difundir la importancia de los procesos de planificación pastoral de la Iglesia, además de presentar las propuestas de objetivos, líneas pastorales y transversales. Que todos los sectores de la Iglesia conozcan el proceso y los frutos de este nuevo Plan, además de comprometerse en su difusión.

 La Asamblea Arquidiocesana tendrá lugar los días martes 21, miércoles 22 y jueves 23 de noviembre de 2017, de horas 19:00 a 21:30 en el coliseo del Colegio Don Bosco, (calle Tiahuanaco y Federico Zuazo), con la siguiente participación, además de los Obispos y vicarios Pastorales:

 a) Las “Comisiones Pastorales” de la Arquidiócesis

b) 5 delegados/as de cada Parroquia

c) Los Seminarios San Jerónimo, Redemptoris Mater y el de los Padres Oblatos de San José

d) 4 delegados/as por cada uno de los Movimientos y Comunidades Eclesiales

e) 4 delegados de la Conferencia de Religiosos (as) de La Paz

f) 4 representantes por Institución

g) 4 delegados7as de la Universidad Católica Boliviana

h) 2 delegados/as de ABEC

i) Todo el personal del Arzobispado de La Paz

j) Clero diocesano y religioso

Conscientes del enorme esfuerzo que se cumplirá para la realización de esta Asamblea Arquidiocesana 2017, solicitamos muy encarecidamente ser solidarios y generosos en una contribución de Bs. 150.00 (Ciento cincuenta 00/100 bolivianos), por cada Institución, Movimiento Eclesial, Santuario, y Parroquia de la Arquidiócesis, para poder solventar en parte los egresos propios de un evento de tal magnitud. El costo de la inscripción por participante, para los tres días, es de 15.00 Bs. (Quince 00/100 bolivianos). Agradezco de antemano su participación e insinúo realizar la inscripción, como máximo hasta el 17 del presente.

 Las inscripciones se podrán realizar en cada Parroquia, Institución y/o en la Secretaría del Arzobispado de La Paz. Para cualquier información complementaria que ustedes requieran, pueden dirigirse a:

P. Mario Valda celular 72034377

P. Giovani Arana celular 79643312

Sra. Mery Mendoza V. celular 68071717

Agradezco de antemano la atención puesta a la presente circular, su inmediata difusión y me valgo de la oportunidad para invocar abundantes bendiciones divinas para todos ustedes.

Cordialmente en Cristo Jesús Nuestro Señor

 

+ Edmundo Abastoflor Montero

Arzobispo de La Paz

En este año de celebración de los 25 años de nuestro Santuario de Schoenstatt en Achumani, junto con celebrar y agradecer por todos los regalos y gracias que hemos recibido de Dios en él y la historia que con nuestra querida Mater hemos ido tejiendo, queremos también profundizar en la realidad de nuestro Santuario como una realidad viva y vivificante, que se traduce en su ideal “Tierra de Unidad”.

Hablar de un santuario y experimentarlo como una realidad viva, sólo es posible cuando hemos experimentado la presencia y acción de Dios, real y concreta, en ese lugar. Lo más propio de un santuario es la presencia y acción de Dios en él para hacer llegar su salvación a los hombres.

Así nos lo muestra la sagrada escritura en toda su extensión. Dios quiere estar cercano a los hombres, bendecirlos con su gracia y regalarles su salvación, que consiste en vivir en alianza de amor con Él aquí y en la eternidad.

Esa presencia y acción de Dios en medio de su pueblo se manifiesta en el éxodo hacia la tierra prometida a través de la tienda de reunión, el tabernáculo, y más tarde en el templo de Jerusalén. Dada la incapacidad del pueblo de Israel para vivir en alianza con Dios se hace necesaria una nueva iniciativa divina y su Hijo toma forma humana, se encarna, para hacernos expereimentar su amor “a escala humana” y a la manera humana.

El “lugar” de la encarnación es el seno de María de Nazaret, inmaculado, sin ningún defecto en su amor, y de una “mujer” capaz de dar un sí pleno y absoluto a la alianza de amor que Dios le propone a tráves del ángel.

A partir de ese momento el seno de María y su corazón se convierten en “el santuario”, “el tabernáculo”, por exelencia. María con su “sí” y su plena disposición a que se haga en ella la total voluntad de Dios, sella una alianza de amor con Dios, en nombre propio y de todos nosotros. Y la repercusión de este hecho lo experimentan su prima Isabel y el hijo en el seno de ésta poco tiempo después; un encuentro con el Santuario Vivo.

Aunque de San José tenemos muy pocas referencias en la sagrada escritura, podemos entender su alianza de amor con María desde el momento en que “Despertado José del sueño, hizo como el Angel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer. Y no la conocía hasta que ella dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús” Mt 1,25-26. Y ese hogar se convirtió en un santuario vivo desde el momento del nacimiento de Jesús, un tabernáculo vivo.

Basados en esta realidad podemos entender a nuestro fundador, el P. José Kentenich, cuando él da, junto con sus discípulos, el paso de sellar un compromiso, más tarde llamado una alianza de amor con María, en la capilla recién acondicionada y puesta a disposición de la naciente Congregación Mariana.

El desarrollo de la Congregación Mariana y su posterior desarrollo en el movimiento de Schoenstatt, han demostrado que Dios tomó en serio ese acto – fundacional – y que ha tenido como consecuencia la presencia y acción real, fehaciente, de María en el Santuario de Schoenstatt. María, el santuario – tabernáculo – de Dios, hace de este lugar un santuario, pero no sola, sino con todos aquellos que han sellado su alianza de amor con ella y aspiran, a través de su esfuerzo por la santidad, a ser también un tabernáculo de Dios, un santuario vivo de Dios en medio de su pueblo.

Al celebrar los 25 años de la bendición de nuestro santuario de Achumani, que ha de ser “Tierra de Unidad”, queremos renovar nuestra alianza de amor con María y ser así santuarios vivos y “santuario vivo”, en el que la unidad sea el signo distintivo de que Dios habita en medio de su pueblo y lo bendice abundantemente.

 

La mañana de este lunes 20 de noviembre, en instalaciones del Instituto Tecnológico Don Bosco (ITDB) de El Alto, en la Arquidiócesis de La Paz, se realizó el acto de entrega del proyecto de equipamiento a dicho instituto por parte de la Dirección Nacional de Escuelas Populares Don Bosco, presentado a la Oficina de Cooperación de la Embajada del Japón de Programa de Asistencia Financiera No Reembolsable para Proyectos Comunitarios de Seguridad Humana A.P.C. de la Embajada del Japón en Bolivia.

Dicha proyecto de equipamiento consistió en un centro de mecanizado, una fresadora universal, dos equipos de soldadura eléctrica y dos tornos paralelos, que fueron adquiridos en aproximadamente 540.000 Bs (quinientos cuarenta mil bolivianos).

En el acto estuvieron presentes, el Excelentísimo Encargado de Negocios de la Embajada del Japón en Bolivia, señor Tatsushi Ryosenan; el Inspector, Rvdo. P. Javier Ortiz; el Director Nacional de Escuelas Populares Don Bosco, P. Luis Adolfo Tórrez; el Director General del Instituto Tecnológico Don Bosco, P. René Marca, y el personal docente del ITDB, estudiantes.

P. Javier Ortiz resaltó el gran trabajo de cooperación que realiza el pueblo japonés en nuestro país, como también el aporte de las colonias japonesas que se encuentran en Okinawa y San Juan, donde también los salesianos han brindado acompañamiento espiritual a los católicos japoneses.

Este equipamiento donado por el pueblo japonés coadyuvará a la formación de nuevos profesionales en el manejo de equipos modernos, mejorando así la formación técnica profesional de los estudiantes con el fin de elevar el índice de egresados con competencias y habilidades para enfrentarse al mundo laboral productivo a lo largo de sus vidas, permitiendo el incremento de capital humano dentro de la industria nacional.

"La relación de amistad y trabajo mutuo entre la Embajada del Japón y Escuelas Populares Don Bosco, desde el año 2001 hasta la fecha, gracias a Dios ha sido muy fecunda", expresó el P. Luis Adolfo Tórrez, Director Nacional de Escuelas Populares Don Bosco.

"Se ha logrado beneficiar a muchas niñas, niños, jóvenes, profesores, directores y padres de familia pertenecientes a las Unidades Educativas adscrita a convenio EPDB, ubicadas en diferentes regiones del área urbana, peri-urbana y rural de nuestro país. Esto se ha traducido en 26 proyectos aprobados e implementados: construcción de un muro perimetral, una biblioteca, batería de baños, ciento treinta y siete aulas y tres proyectos de equipamiento para el Instituto Tecnológico Don Bosco, por un monto aproximado de $us 1.888.600 (un millón ochocientos ochenta y ocho mil seiscientos dólares americanos). Auguramos que todo ese esfuerzo y la solidaridad del pueblo japonés siga contribuyendo al fomento del desarrollo económico y social de Bolivia", concluyó P. Tórrez.

La Pastoral Juvenil de la Diócesis de Oruro invita a participar de la Conferencia "Persona y Dignidad" este 21 de Noviembre.

Dicha conferencia será dictada por la Lic. Nancy Tosi, Asesora en Vida Humana Internacional, encargada de la conferencia: "Las dos vidas valen".

La conferencia está dirigida a todos los jóvenes y se llevará a cabo en el auditorio de la Facultad de Ciencias Financieras y Administrativas, ubicada en la calle Potosí, entre Ayacucho y Cochabamba, a partir de las 18:30 horas. El ingreso es totalmente gratuito.

La Pastoral Juvenil de la Diócesis de Oruro invita a participar de la Conferencia "Persona y Dignidad" este 21 de Noviembre.

Dicha conferencia será dictada por la Lic. Nancy Tosi, Asesora en Vida Humana Internacional, encargada de la conferencia: "Las dos vidas valen".

La conferencia está dirigida a todos los jóvenes y se llevará a cabo en el auditorio de la Facultad de Ciencias Financieras y Administrativas, ubicada en la calle Potosí, entre Ayacucho y Cochabamba, a partir de las 18:30 horas. El ingreso es totalmente gratuito.

Papa Francisco celebró la Santa Misa este domingo XXXIII del Tiempo Ordinario en la Basílica de San Pedro, la primera “Jornada Mundial de los Pobres” (instituida por el Papa Francisco con la carta apostólica “Misericordia et misera” al final delJubileo extraordinario de la Misericordia).

Reflexionó sobre los dones y talentos de Dios, precisando que debemos reconocer que somos «talentosos» a los ojos de Dios. Por eso ninguno puede creerse tan pobre que no pueda dar algo a los demás”.

Así mismo el Santo Padre alertó sobre la indiferencia hacia los pobres que es el “mirar a otro lado cuando el hermano pasa necesidad, que por el contrario, nos hará bien acercarnos a quien es más pobre que nosotros, recordándonos lo que verdaderamente cuenta: amar a Dios y al prójimo. “Sólo esto dura para siempre, todo el resto pasa; por eso, lo que invertimos en amor es lo que permanece, el resto desaparece”.

A continuación la Homilía completa del Santo Padre.

Homilía del Papa Francisco

Tenemos la alegría de partir el pan de la Palabra, y dentro de poco de partir y recibir el Pan Eucarístico, que son alimento para el camino de la vida. Todos lo necesitamos, ninguno está excluido, porque todos somos mendigos de lo esencial, del amor de Dios, que nos da el sentido de la vida y una vida sin fin. Por eso hoy también tendemos la mano hacia Él para recibir sus dones.
La parábola del Evangelio nos habla precisamente de dones. Nos dice que somos destinatarios de los talentos de Dios, «cada cual según su capacidad» (Mt 25,15). En primer lugar, debemos reconocer que tenemos talentos, somos «talentosos» a los ojos de Dios. Por eso nadie puede considerarse inútil, ninguno puede creerse tan pobre que no pueda dar algo a los demás. Hemos sido elegidos y bendecidos por Dios, que desea colmarnos de sus dones, mucho más de lo que un papá o una mamá quieren para sus hijos. Y Dios, para el que ningún hijo puede ser descartado, confía a cada uno una misión.
En efecto, como Padre amoroso y exigente que es, nos hace ser responsables. En la parábola vemos que cada siervo recibe unos talentos para que los multiplique. Pero, mientras los dos primeros realizan la misión, el tercero no hace fructificar los talentos; restituye sólo lo que había recibido: «Tuve miedo —dice—, y fui y escondí tu talento en la tierra; mira, aquí tienes lo que es tuyo» (v. 25). Este siervo recibe como respuesta palabras duras: «Siervo malo y perezoso» (v. 26). ¿Qué es lo que no le ha gustado al Señor de él? Para decirlo con una palabra que tal vez ya no se usa mucho y, sin embargo, es muy actual, diría: la omisión. Lo que hizo mal fue no haber hecho el bien. Muchas veces nosotros estamos también convencidos de no haber hecho nada malo y así nos contentamos, presumiendo de ser buenos y justos. Pero, de esa manera corremos el riesgo de comportarnos como el siervo malvado: tampoco él hizo nada malo, no destruyó el talento, sino que lo guardó bien bajo tierra. Pero no hacer nada malo no es suficiente, porque Dios no es un revisor que busca billetes sin timbrar, es un Padre que sale a buscar hijos para confiarles sus bienes y sus proyectos (cf. v. 14). Y es triste cuando el Padre del amor no recibe una respuesta de amor generosa de parte de sus hijos, que se limitan a respetar las reglas, a cumplir los mandamientos, como si fueran asalariados en la casa del Padre (cf. Lc 15,17).
El siervo malvado, a pesar del talento recibido del Señor, el cual ama compartir y multiplicar los dones, lo ha custodiado celosamente, se ha conformado con preservarlo. Pero quien se preocupa sólo de conservar, de mantener los tesoros del pasado, no es fiel a Dios. En cambio, la parábola dice que quien añade nuevos talentos, ese es verdaderamente «fiel» (vv. 21.23), porque tiene la misma mentalidad de Dios y no permanece inmóvil: arriesga por amor, se juega la vida por los demás, no acepta el dejarlo todo como está. Sólo una cosa deja de lado: su propio beneficio. Esta es la única omisión justa.
La omisión es también el mayor pecado contra los pobres. Aquí adopta un nombre preciso: indiferencia. Es decir: «No es algo que me concierne, no es mi problema, es culpa de la sociedad». Es mirar a otro lado cuando el hermano pasa necesidad, es cambiar de canal cuando una cuestión seria nos molesta, es también indignarse ante el mal, pero no hacer nada. Dios, sin embargo, no nos preguntará si nos hemos indignado con razón, sino si hicimos el bien.
Entonces, ¿cómo podemos complacer al Señor de forma concreta? Cuando se quiere agradar a una persona querida, haciéndole un regalo, por ejemplo, es necesario antes de nada conocer sus gustos, para evitar que el don agrade más al que lo hace que al que lo recibe. Cuando queremos ofrecer algo al Señor, encontramos sus gustos en el Evangelio. Justo después del pasaje que hemos escuchado hoy, Él nos dice: «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40). Estos hermanos más pequeños, sus predilectos, son el hambriento y el enfermo, el forastero y el encarcelado, el pobre y el abandonado, el que sufre sin ayuda y el necesitado descartado. Sobre sus rostros podemos imaginar impreso su rostro; sobre sus labios, incluso si están cerrados por el dolor, sus palabras: «Esto es mi cuerpo» (Mt 26,26). En el pobre, Jesús llama a la puerta de nuestro corazón y, sediento, nos pide amor. Cuando vencemos la indiferencia y en el nombre de Jesús nos prodigamos por sus hermanos más pequeños, somos sus amigos buenos y fieles, con los que él ama estar. Dios lo aprecia mucho, aprecia la actitud que hemos escuchado en la primera Lectura, la de la «mujer fuerte» que «abre sus manos al necesitado y tiende sus brazos al pobre» (Pr 31,10.20). Esta es la verdadera fortaleza: no los puños cerrados y los brazos cruzados, sino las manos laboriosas y tendidas hacia los pobres, hacia la carne herida del Señor.
Ahí, en los pobres, se manifiesta la presencia de Jesús, que siendo rico se hizo pobre (cf. 2 Co 8,9). Por eso en ellos, en su debilidad, hay una «fuerza salvadora». Y si a los ojos del mundo tienen poco valor, son ellos los que nos abren el camino hacia el cielo, son «nuestro pasaporte para el paraíso». Es para nosotros un deber evangélico cuidar de ellos, que son nuestra verdadera riqueza, y hacerlo no sólo dando pan, sino también partiendo con ellos el pan de la Palabra, pues son sus destinatarios más naturales. Amar al pobre significa luchar contra todas las pobrezas, espirituales y materiales.
Y nos hará bien acercarnos a quien es más pobre que nosotros, tocará nuestra vida. Nos hará bien, nos recordará lo que verdaderamente cuenta: amar a Dios y al prójimo. Sólo esto dura para siempre, todo el resto pasa; por eso, lo que invertimos en amor es lo que permanece, el resto desaparece. Hoy podemos preguntarnos: «¿Qué cuenta para mí en la vida? ¿En qué invierto? ¿En la riqueza que pasa, de la que el mundo nunca está satisfecho, o en la riqueza de Dios, que da la vida eterna?». Esta es la elección que tenemos delante: vivir para tener en esta tierra o dar para ganar el cielo. Porque para el cielo no vale lo que se tiene, sino lo que se da, y «el que acumula tesoro para sí» no se hace «rico para con Dios» (Lc 12,21). No busquemos lo superfluo para nosotros, sino el bien para los demás, y nada de lo que vale nos faltará. Que el Señor, que tiene compasión de nuestra pobreza y nos reviste de sus talentos, nos dé la sabiduría de buscar lo que cuenta y el valor de amar, no con palabras sino con hechos.

La mañana de hoy, 15 de noviembre de 2017, en la audiencia general, el Papa Francisco ha impartido la segunda catequesis sobre la Santa Misa en este nuevo ciclo.

Durante la catequesis, el Santo Padre reflexionó sobre la misa como “oración”, “porque es el encuentro de amor con Dios a través de su Palabra y del Cuerpo y la Sangre de Jesús. Es un encuentro con el Señor”.

Asimismo, explicó la importancia del silencio en la misa, pues "permanecer en silencio” es “prepararse al diálogo. Es el momento de recogerse en el corazón para prepararse al encuentro con Jesús”.

A continuación, el texto completo de la catequesis pronunciada por el Papa Francisco en la audiencia general.

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas: ¡buenos días!

Continuamos con las catequesis sobre la santa misa. Para entender la belleza de la celebración eucarística me gustaría comenzar con un aspecto muy simple: La misa es oración, de hecho, es la oración por excelencia, la más alta, la más sublime, y al mismo tiempo la más “concreta”. Porque es el encuentro de amor con Dios a través de su Palabra y del Cuerpo y la Sangre de Jesús. Es un encuentro con el Señor.

Pero, primero, tenemos que responder una pregunta. ¿Qué es la oración realmente? En primer lugar es ante todo diálogo, relación personal con Dios. Y el hombre ha sido creado como un ser en relación personal con Dios que halla su relación plena únicamente en el encuentro con su Creador. El camino de la vida es hacia el encuentro definitivo con el Señor.

El Libro de Génesis afirma que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, que es Padre Hijo y Espíritu Santo, una relación perfecta de amor que es unidad. De esto podemos entender que todos nosotros hemos sido creados para entrar en una relación perfecta de amor, en un entregarse y recibirse continuo para encontrar así la plenitud de nuestro ser.

Cuando Moisés, frente a la zarza ardiente, recibe la llamada de Dios, le pregunta cuál es su nombre, y ¿Qué responde Dios? : “Yo soy el que soy” (Éxodo 3:14). Esta expresión, en su sentido original, expresa presencia y favor, y, de hecho, inmediatamente después Dios añade: “El Señor, el Dios de vuestros padres, Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob” (v. 15). Así también Cristo cuando llama a sus discípulos, los llama para que estén con Él .Esta es, pues, la gracia más grande: poder experimentar que la misa, la eucaristía es el momento privilegiado para estar con Jesús, y a través de Él, con Dios y con los hermanos.

Rezar, como cualquier diálogo verdadero, es también saber permanecer en silencio, -en los diálogos hay momentos de silencio-, en silencio con Jesús. Y cuando vamos a misa, a lo mejor llegamos cinco minutos antes y empezamos a charlar con el que está al lado. Pero no es el momento de charlar: es el momento del silencio para prepararse al diálogo. Es el momento de recogerse en el corazón para prepararse al encuentro con Jesús. ¡El silencio es tan importante! Acordaos de lo que dije la semana pasada: no vamos a un espectáculo, vamos al encuentro con el Señor y el silencio nos prepara y nos acompaña. Permanecer en silencio junto con Jesús. Y del silencio misterioso de Dios brota su Palabra que resuena en nuestro corazón. Jesús mismo nos enseña cómo es realmente posible “estar” con el Padre y nos lo demuestra con su oración. Los Evangelios nos muestran a Jesús que se retira en lugares apartados para orar; los discípulos, al ver esta relación íntima con el Padre, sienten el deseo de participar y le preguntan: “Señor, enséñanos a orar” (Lc 11, 1). Lo hemos escuchado en la lectura antes del principio de la audiencia. Jesús responde que lo primero que se necesita para orar es saber decir “Padre”. Prestemos atención: si yo no soy capaz de decir “Padre” a Dios, no soy capaz de rezar. Tenemos que aprender a decir “Padre”, es decir, a ponernos en su presencia con una confianza filial. Pero para aprender, debemos reconocer humildemente que necesitamos que nos instruyan y decir con sencillez: Señor, enséñame a rezar.
Este es el primer punto: ser humilde, reconocerse hijo, reposar en el Padre, fiarse de Él. Para entrar en el Reino de los Cielos, es necesario hacerse pequeños como niños. En el sentido de que los niños saben fiarse, saben que alguien se preocupará de ellos, de lo que comerán, de lo que se pondrán, etc. (ver Mt 6: 25-32). Esta es la primera actitud: fiarse y confiar, como el niño con sus padres; saber que Dios se acuerda de ti, te cuida, a ti, a mí, a todos.

La segunda predisposición, que también es propia de los niños, es dejarse sorprender. El niño siempre hace mil preguntas porque quiere descubrir el mundo; y se maravilla incluso de las cosas pequeñas porque todo es nuevo para él. Para entrar en el Reino de los Cielos, hay que dejarse sorprender. En nuestra relación con el Señor, en la oración, -pregunto- ¿Nos dejamos maravillar o pensamos que la oración es hablar con Dios como hacen los loros? No; es fiarse, es abrir el corazón para dejarse maravillar. ¿Nos dejamos sorprender por Dios que es siempre el Dios de las sorpresas? Porque el encuentro con el Señor es siempre un encuentro vivo, no es un encuentro de museo. Es un encuentro vivo y nosotros vamos a misa, no a un museo. Vamos a un encuentro vivo con el Señor.

En el Evangelio se habla de un tal Nicodemo (Jn 3, 1-2), un hombre anciano, una autoridad en Israel, que va donde Jesús para conocerlo; y el Señor le habla de la necesidad de “nacer de lo alto” (véase vers. 3). Pero, ¿qué significa? ¿Se puede “renacer”? Volver a tener el gusto, la alegría, la maravilla de la vida, ¿es posible incluso frente a tantas tragedias? Esta es una pregunta fundamental de nuestra fe y este es el deseo de todo verdadero creyente: el deseo de renacer, la alegría de comenzar de nuevo. ¿Tenemos este deseo? ¿Cada uno de nosotros quiere renacer siempre para encontrar al Señor? ¿Vosotros tenéis este deseo? Efectivamente, se puede perder fácilmente porque, debido a tantas actividades, a tantos proyectos que realizar , al final nos queda poco tiempo y perdemos de vista lo que es fundamental: nuestra vida del corazón, nuestra vida espiritual, nuestra vida que es encuentro con el Señor en la oración.

En verdad, el Señor nos sorprende mostrándonos que Él también nos ama en nuestras debilidades. “Jesucristo […] es víctima de propiciación por nuestros pecados; no solo por los nuestros sino también por los del mundo entero (1 Jn 2: 2). Este don, fuente de verdadero consuelo, -pero el Señor siempre nos perdona- esto consuela, es un verdadero consuelo, es un don que se nos da a través de la Eucaristía, ese banquete nupcial donde el Esposo se encuentra con nuestra fragilidad, ¿Puedo decir que cuando comulgo en misa, el Señor se encuentra con mi fragilidad? Sí; ¡podemos decirlo porque es verdad! El Señor se encuentra con nuestra fragilidad para llevarnos de vuelta a la primera llamada:. La de ser a imagen y semejanza de Dios Este es el ambiente de la Eucaristía, esta es la oración.

La Prefectura de la Casa Pontificia, dio a conocer que el Papa Francisco presidirá la Celebración de oración por la paz en Sudán del Sur y la República Democrática del Congo.

El jueves 23 de noviembre de 2017, a las 5.30 de la tarde, en el altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro, el Santo Padre presidirá una celebración de oración por la paz en Sudán del Sur y en la República Democrática del Congo. Han sido numerosos los llamamientos que el Pontífice ha lanzado en favor de estos dos países durante su pontificado.

Recientemente la FAO ha comunicado que, alrededor de 30 mil personas en Sudán del Sur han recibido el kit para el cultivo hortofrutícola financiados por una donación del Papa Francisco. Ya el pasado mes de febrero, a la hora del rezo del Ángelus dominical, el Obispo de Roma había lanzado un llamamiento por la paz en la República Democrática del Congo, afectada por la violencia y elevaba sus oraciones por toda las poblaciones que también en otras partes del continente africano y del mundo sufren a causa de la violencia y de la guerra.