Martes, 12 Diciembre 2017

logo de la TAPA 6

10   Banner    Anunciate Aqui

En la celebración de las 8 de la mañana en la Catedral de San Sebastián, P. Carlos Curiel, Vicario Genera, en su homilía, destacó el amor de Dios como don sublime, pese a que nosotros no entendamos a este Dios; Él nos ama y nos acompaña.

También destacó la actitud como cristiano, seguidor del Señor, frente a su Palabra. Pues con la sagradas Escrituras, es cómo Dios nos habla y nos invita a conocerlo, así poderlo entender. Haciendo referencia a este mes dedicado a la Biblia.

 

Homilía Pbro. Carlos Curiel Herrera, Vicario General

Celebración Eucarística domingo 25° del Tiempo Ordinario

Catedral Metropolitana de San Sebastián


Todo conocimiento humano. Y es por eso que decimos que Dios es ministerio. Pero no le temamos la palabra misterio, ni al mismo misterio como tal. El misterio nos invita a entrar en él y descubrir la belleza que hay en él. Y nos damos cuenta que nos cuesta comprender el pensar y el actuar de Dios. Como lo veíamos hoy en la parábola como nos presenta el Señor Jesús para descifrar y ayudar a descubrir cómo es nuestro Dios y quién es nuestro Dios.

A quién de los presentes aquí no le pareció que el actuar del dueño de la viña era injusto. Pagarle lo mismo a los que han trabajado una hora que a los que han trabajado ocho. Nos parece desde nuestras categorías humanas injusto.

Pero el Señor es claro cuando le dice amigo, como me llamas injusto si nosotros acordamos en un denario. Que te cuesta ver que yo le quiero dar al último que contraté lo mismo que te he dado a ti. ¿Acaso tienes envidia de que soy bueno? Pensemos un poco en esto y pensemos lo que ha ocurrido en nuestra vida cotidiana.

Actuaciones de un Dios que es amor, y que es un amor indescriptible y que es un amor que a veces no comprenderemos del todo desde nuestras categorías humanas. Seguiremos poniendo a Dios a pensar y actuar como nosotros lo hacemos. Entonces nos encontraremos con Dios, ante la injusticia, y vemos cómo este Dios no actúa con amor pleno. Y nuestro Dios es un Dios con amor indescriptible, que es amor que se abaja al humilde y al sencillo para desbordar en amor, incluso con aquellos que nos pueda parecer no lo merecen.

El amor de Dios no se merece, el amor de Dios ya lo tenemos. Como tantas veces lo dice aquí, Dios nos ama no porque nosotros seamos buenos, no porque lo hagamos cosas buenas. Nos ama porque Él es bueno.

Descubramos este Dios bondadoso y misericordioso. Descubramos a este Dios a quien buscamos en la cotidianidad de la vida, en el actuar de la familia, del vecindario, de la comunidad. Busquémoslo y dejemos que también sus planes impregnen también nuestra vida, de amor de sencillez de humildad para construir familias y comunidades en el amor, en el respecto y en la reconciliación, en la expresión de que el Señor nos dice en su Palabra.

Lindo el mes de septiembre, donde nosotros deberíamos hacer una revisión como hemos tratado con la Biblia. Como nos hemos metido con la Biblia. O el mes de la Biblia pasó como cualquier mes. Que este mes haya sido una fuerza nueva que hemos recibido para seguir encontrando a Dios en su Palabra. Para seguir encontrando a Jesús camino, verdad y vida en esta Palabra tan linda, donde refleja la bondad, la misericordia, la compasión y el amor que Dios nos tiene.

Por eso digamos como en el Salmo, el Señor está cerca de aquellos que lo invocan y es justo en todos sus caminos. Invoquemos al Señor de verdad con nuestro corazón, desde nuestro amor y descubriendo el amor grande que Él nos expresa a lo largo de nuestra vida.

Descubramos en la sencillez de la vida y en la cotidianidad del encuentro con el hermano en el respecto en el cariño y en ese encuentro donde nos enriquecemos también a través de la vida de todos y cada uno de los hermanos.

Esto será posible se decimos como Pablo e internalizamos esta palabra, para mí la vida es Cristo, no hay nada más. En Cristo encuentro la verdad, en Cristo encuentro el camino a seguir, en Cristo encuentro la vida plena para mí para la familia para la comunidad.

Queridos hermanos, dejemos impregnar del amor de Dios, para que nosotros seamos como nos decía el lema del año jubilar extraordinario de la misericordia: seamos misericordiosos como el Padre y compartamos la alegría del evangelio con todos nuestros hermanos.

Animémonos mutuamente en este camino. Vamos a buscar estos caminos donde al encontrar entre nosotros en nueva fuerza del amor de Dios, para vivir esta alegría del evangelio. No dejemos desperdiciar estas oportunidades para manifestar el amor, la misericordia, la compasión y el amor de Dios en el seno de nuestra familia, de nuestra comunidad y de nuestra querida Cochabamba.

Que el Espíritu Santo siga animando los corazones de cada uno de nosotros para que seamos los cristianos católicos que necesita nuestra Bolivia, nuestra Cochabamba. Constructores de comunidades en la justicia, en la paz y en el amor fraterno. Que Dios nos de esta fuerza siempre, Amén.

Información adicional

  • Fuente Arzobispado de Cochabamba

El Congreso Arquidiocesano Misionero, que reunión a mas de 250 agentes de la jusridicción eclesial, siendo una oportunidad para analizar la realidad misionera que se vive en Cochabamba.

Durante la homilía, en la misa de clausura, Mons. Oscar Aparicio volvió a hacer la pregunta del Señor a los participantes del Congreso: Quién es Jesús. Con ello invitó a tomar una actitud de seguidor del Señor, buscando hacer visible el reino de Dios en medio del mundo, para que juntos podamos reconocer en el Hijo de Dios, la salvación.

Homilía Monseñor Oscar Aparicio Arzobispo de la Arquidiócesis de Cochabamba

Congreso Arquidiocesano Misionero

Muy amados hermanos y hermanas, la palabra que hemos escuchado hoy, en esta Eucaristía, pienso que es lo más apropiado que Dios nos ha querido regalar también para los participantes del Congreso Arquidiocesano Misionero.

No solo dice a sus discípulos, sino hoy Jesús nos dice a nosotros, discípulos también suyos. Muchas veces soy como disco rayado repitiendo esta palabra: si Dios, cuando proclama su palabra, la proclama en medio de nosotros que somos una asamblea, por tanto, se convierte en palabra pero también en una respuesta clave y evidente.

Por tanto lo que hemos escuchado es de parte de Él para nosotros, tan evidente y claro que nos da un mensaje para este Congreso. Congreso Misionero Arquidiocesano Cochabambino en esta parroquia, en este lugar donde hemos estado reflexionando. Se trata de nosotros que tenemos una historia, una forma de ser, un pensamiento que queremos tener un camino pastoral conjunto.

Esta Palabra ha venido en auxilio de nosotros en concreto. Se hace presente para nosotros y en nosotros. Es Dios que nos acompaña, es Dios que nos habla. Es algo tenemos que escuchar a parte de nuestras conclusiones, nuestro caminar escucharnos entre nosotros, es fundamental escuchar el pueblo que nos exige, que nos pone grandes desafíos es verdad, pero, hay que escucharlos.

Por tanto hermanos en este momento, simplemente tratar de aplicar esta esta palabra que hemos escuchado frente a lo que somos nosotros, como Iglesia. Jesús aquel caminante, aquel peregrino, aquel que ha hecho obras sencillas, está en misión plena, diríamos así. Se detiene y hace una gran pregunta. La pregunta está dirigida a quien lo seguimos. No somos seguidores de un partido político, no somos servidores de ideologías. Somos servidores y discípulos del Señor, nuestro maestro es Él. Ayer, hemos dicho con convencimiento total y pleno, somos discípulos de Él, seguimos a nuestro Señor y su palabra.

Queremos extender el Reino del Señor en medio nuestro, como discípulos suyos. Por tanto la pregunta se nos dirige también a nosotros: Jesús reunido con sus discípulos les dice ¿Quién dice la gente que soy Yo? Hermano mire, qué fantástico eso. Porque se traduce para nosotros. Iglesia de Cochabamba, discípulos del Señor, agentes de pastoral, catequistas, jóvenes, niños, misioneros, ustedes que son parte de esta Iglesia que peregrina en Cochabamba, discípulos del Señor, nos pregunta El: “¿Quién dice la gente que soy yo?

Qué dicen en tu barrio del Señor, qué dice tu familia del Señor. Nuestra gente ¿bajo qué motivaciones camina? ¿Cuáles son sus ansias? ¿Cuáles son sus esperanzas? ¿Qué es lo que está buscando? ¿Hemos escuchado la voz de nuestro pueblo?

Pienso que sí. Hemos venido a este congreso, en la espalda, de las miles de voces, que a veces nos cuestiona, nos presionan, nos pone desafíos. Nos ponen hasta incomodos. ¿Dónde está tu Dios? Dime cuál es tu fe en tu Iglesia. Muéstrame tu Dios.

Frente a tantos problemas, a tanto sufrimiento a tanta división, a tanta violencia en Cochabamba. Frente a situaciones de dolor y desafío. Hemos escuchado esas voces. Jesús se dirige a sus discípulos, ¿Quién dice la gente que soy yo? Bien hermanos, las reflexiones que hemos hecho de todo tipo, por aquí y por allá, prácticamente va a esta conclusión de alguna manera. Pero no termina ahí la pregunta, va más al fondo todavía. Aunque la respuesta de los discípulos es clara. Algunos dicen que ere Juan Batista, algunos dicen que es el Salvador. Ustedes darán muchísimas respuestas. Algunos no te conocen, algunos te cuestionan. Algunos tienen una devoción, pero en el fondo tal vez no te conocen.

Los miles y miles en peregrinación a la virgencita de Urcupiña, tal vez podemos presentar respuestas: unos dicen que eres el Mesas, unos dicen que eres el Señor. Tú, tú, tú ¿yo? Quién dices que soy para ti.

Hermanos míos, aquí se genera la gran pregunta que se dirige para ti de manera concreta. ¿Cómo me consideras? ¿Soy tu maestro de verdad? Sigues mis enseñanzas. ¿Sigues mi voz? Soy tu buen pastor a lo mejor. Has sabido que te he acurrucado, te he cuidado. Soy tu Dios, soy tu Señor, soy tu amigo.
Hermanos míos hay que responder esta pregunta. ¿Quién es Jesús para mí? en concreto. Porque dependerá de la respuesta el que anunciamos aquello que tenemos en el corazón. Nadie da lo que no tiene. Nadie puede ser discípulo del Señor, si no tiene el Señor si no tiene el Espíritu del Señor dentro. Lo que anunciamos es a Él, no a nosotros.

El Reino que construimos es de Él no es nuestro. Los cargos pastorales que tenemos es de inspiración del Espíritu no es nuestro. Hermanos míos, comunidad parroquial, comunidades religiosas, ¿quién Soy para ti? Iglesia de Cochabamba, discípulos del Señor, quien Soy para ti, dependerá de la respuesta para que sepamos anunciar. Hermanos tanta gente está esperando un verdadero anuncio. Cuanta gente se está preguntando y pregunta a Dios, ¿dónde está el camino? ¿Qué voy hacer, en que voy a creer? Dependerá si una parroquia es anunciadora del Señor, del buen anuncio, de la buena noticia con alegría. Y si no, ¿anunciadora de qué?

Si entre nosotros nos reconocemos como hermanos, si entre nosotros nos constituimos de verdad esa Iglesia pueblo de Dios. Seremos anunciadores de esta unidad y de esta comunión. De otra manera la división seguirá campal. Somos una Iglesia plural enorme. Pedidos de todo lado. Cochabamba es una síntesis de toda Bolivia, diríamos así. Frente a la pluralidad exige enorme unidad. Si nosotros Iglesia de Cochabamba no vivimos eso, que vamos anunciar a los demás.
Queridos hermanos y hermanas, les invito a responder esta gran pregunta, de manera personal y comunitaria. Porque somos el pueblo que camina, el pueblo de Dios. No somos individualistas, pero ¿un poco tal vez, no ve? Pero no puede ser esta nuestra característica, somos el pueblo de Dios en comunidad, en común unidad.

Queremos caminar juntos, sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos, jóvenes, ancianos, niños, paceños, cruceños, cochabambinos, chuquisaqueños, tarijeños, etc. Queremos ser verdaderos y auténticos discípulos misioneros del Señor. Se les va a enviar como estos anunciadores, discípulos y apóstoles del Señor.
Pedro da la respuesta de manera individual, pero también en nombre de los discípulos y los discípulos representan a esta Iglesia pueblo de Dios. Por tanto la respuesta es personal y es comunitaria. Tú eres el Cristo, tus eres el Señor.

Hermanos míos, esta clausura de este Congreso, ha servido para eso, para que nosotros reconociendo como hermanos, reconociendo de un mismo pueblo, aquí no hay jerarquías. Las jerarquías sirven para servicio.

Si Pedro tiene que tomar la palabra lo dice en nombre de todos. Lo que en teología se llama la personalidad corporativa. Es uno que representa al todo. Es como las doce tribus de Israel, los doce apóstoles, que representa la totalidad. Por tanto podemos decir que la respuesta de Pedro, la respuesta nuestra frente a estos desafíos, es personal, pero es comunitaria. Somos nosotros en este momento esa personalidad corporativa que se adhiere al Señor. Representamos por tanto a esta Iglesia que peregrina en Cochabamba.

Le animo a esto hermanos, a coger con entusiasmo nuestras conclusiones, coger con entusiasmo las perceptivas pastorales, coger con entusiasmo nuestro ser discípulos misioneros del Señor. Estamos caminando hacia allá. Están esperando miles y miles de respuestas claras, evidentes, concretas de parte nuestra.
A mí me da mucha ternura las ancianitas de tercera edad. Que viene rezan su rosario, van a casa y se las “comen”, los primeros que se las “comen” son los nietos. Los primeros que cuestionan su fe son los nietos. Por eso me da mucha ternura. Porque tienen que seguir anunciando en propia familia aquello que el Señor ha dicho y le ha enviado.

Coraje entonces hermanos, de verdad, somos como dice Pablo, embajadores de Cristo para anunciar el evangelio. Que lo hagamos con mucha alegría. “Cochabamba en misión, el evangelio es alegría”. Es verdad hermanos, que eso nos llene el corazón a nosotros, en primer lugar, porque nos hemos encontrado con el Señor, hemos reconocido al Señor, lo que debemos anunciar al mundo entero. Lo mejor que podemos hacer es que nuestra gente conozca a Cristo, eso les da alegría.

Que nuestro ministerio, sea de amor de perdón, de reconciliación, de paz de unidad. Queremos ser una iglesia que se reconcilia y es signo reconciliación. Una Iglesia que se perdona y es signo de perdón, una Iglesia que cuida la unidad, pese a nuestra diversidad. Una Iglesia que quiere ser signo de salvación y comunión en medio también de nuestra Cochabamba, de nuestros hermanos. Que el Señor entonces nos conceda esto y nos siga ayudando, amén.

Información adicional

  • Fuente Arzobispado de Cochabamba

Creo que fue San Juan Bosco quien dijo que la mejor arma que empleaba el diablo para alejar a los jóvenes de Dios era el aburrimiento. Así de simple. Uno va a misa, se aburre; le hablan de las cosas de Dios, se sigue aburriendo, y deja de practicar la religión por simple y llano aburrimiento.

Les tengo que confesar –es una apreciación personal y, por tanto, absolutamente subjetiva- que el 90% de las homilías que escucho son completamente prescindibles y aburridas. No son más que una repetición de palabras angostas y barrocas mezcladas con cierta ñoñería sensibloide e ideas generales y ambiguas que apenas nadie entiende. Ni siquiera el cura que las pronuncia.

Hay excepciones, más de uno me dirá, y es, evidentemente, cierto. Como en todo, hay sacerdotes que pronuncian homilías magníficas, vividas, experienciales y que emplean un lenguaje cercano y asequible a sus fieles.

¿Es posible predicar sobre lo divino sin caer en ñoñerías, en simplezas y frases hechas?

Pero es curioso: Cristo cogió toda la complejidad y magnificencia del Reino de Dios y la simplificó en parábolas, con el fin de que todo el mundo las entendiera. Y muchos curas has hecho exactamente lo contrario: coger la sencillez de las parábolas de Jesús y elaborar unas predicaciones complicadísimas y aburridas.

¿Por qué no hablar con sencillez y, a la vez, con profundidad, del Reino de Dios? ¿Es posible predicar sobre lo divino sin caer en ñoñerías, en simplezas y frases hechas?

Hace unos años descubrí a varios predicadores evangélicos de Inglaterra y de Estados Unidos. Desde entonces, sigo las homilías de varios de ellos por YouTube: Nicky Gumble, Judah Smith, Rick Warren, etc. Sus predicaciones nunca duran menos de 45 minutos, pero se hacen cortas. De hecho, si en mi ciudad hubiese un sacerdote que hablase así durante sus misas, acudiría sin duda, aunque las homilías durasen tres cuartos de hora.

Hablan con pasión, con autoridad, con sencillez pero con profundidad, con veracidad, con conocimiento, con experiencia, con astucia, enraizados en el Evangelio. A veces, hasta tiran del humor. Sus predicaciones transforman, te hacen descubrir una verdad que permanecía oculta, te encienden. Son evangélicos, sí, pero comparten una gran parte del cuerpo doctrinal con el Magisterio de la Iglesia católica.

No puedo evitar compararlas con nuestras parroquias católicas, tantas veces impersonales, rutinarias, frías y meras dispensadoras de sacramentos

Sus iglesias crecen; los jóvenes acuden, el Evangelio es vivido, se forma comunidad. Les tengo una sana envidia. No puedo evitar compararlas con nuestras parroquias católicas, tantas veces impersonales, rutinarias, frías y meras dispensadoras de sacramentos.

Algunos alegarán al leer esto que ataco a los sacerdotes. Nada más lejos de mi intención. Los quiero, los admiro, tengo muchos amigos entre ellos y les ayudo en lo que está en mi mano.Pero veo la realidad de muchas parroquias, y no puedo evitar pensar así.

Pero esto iba de las homilías. Es verdad que no es, ni mucho menos, la parte más importante de la eucaristía. Pero es la que puede tener un mayor poder transformador de los corazones y las conciencias. Y, en ocasiones, pienso que no hay derecho a hacerle perder 15 minutos a los 200 fieles que asisten a la misa diciendo obviedades, ideas vagas y ambiguas, repetitivas y sin vida. Lo que no se vive no se predica. Y la predicación que no se prepara desde la oración y la vivencia realista del día a día no llega a la gente.

Entre los 200 asistentes a la misa que mencionaba antes, hay mujeres que les han puesto los cuernos a sus maridos; maridos que maltratan física o psicológicamente a sus esposas; jóvenes que anoche se emborracharon y se liaron con un par de chicas; empresarios que engañan a sus clientes y empleados; empleados que hacen lo posible por escaquearse de su trabajo; niños que acosan a sus compañeros del colegio.

Por supuesto; no nos escandalicemos: entre los católicos que asisten a misa cada domingo, o incluso a diario, hay mentirosos, corruptos, violentos, fornicadores, adúlteros, criticones, odiadores, egoístas y envidiosos. Y también hay mucha gente herida por la relación con su esposo o esposa, adolescentes que se sienten solos y excluidos de su grupo de amigos, personas a la que les ronda por la cabeza la idea del suicidio, gente deprimida y cansada de vivir.

El feligrés sale de misa igual que entró: con sus problemas, sus heridas y sin haber escuchado una palabra de esperanza

No; los 200 asistentes a misa no son ángeles. Tienen sus debilidades y sus heridas. Y el problema de los curas y de los políticos, como decía Unamuno hace ya casi un siglo, es que hablan para auditorios que consideran convencidos. Y ahí está el curilla, hablando de florituras y ñoñerías que ni él entiende y que no conectan con la vida real de los feligreses. Y el feligrés sale de misa igual que entró: con sus problemas, sus heridas y sin haber escuchado una palabra de esperanza. Si el fiel no encuentra la esperanza en la Iglesia, ¿dónde la va a hallar?

Quiero a los curas; rezo por ellos; con muchos tengo una relación de profunda amistad e intimidad, les admiro y trato de estar cerca de ellos siempre que lo necesitan. Pero falta en la Iglesia católica ese ardor, esa transmisión de esperanza y de fuerza que los feligreses necesitamos para vivir ardientemente el día a día.

Homilías vividas, apasionadas, claras, sencillas, amables, concretas, incluso amenas. Tomen nota de algunos pastores evangélicos. En predicación tienen mucho que aportar.

Información adicional

  • Atención Las opiniones de este sector son de la total responsabilidad de sus autores, Infodecom no se identifica necesariamente con las opiniones vertidas en esta sección
  • Autor Actuall

En este décimo noveno domingo del Tiempo Ordinario, Mons. Oscar Aparicio, Arzobispo de la Arquidiócesis de Cochabamba celebró una Eucaristía especial en el Santuario de la Virgen María de Urcupiña, en Quillacollo, que desde tempranas horas miles de feligreses con sus familias se dirigen a los pies de la Mamita, trayendo velas y flores para ofrecerlas a la Virgen.

Durante su homilía, Mons. Aparicio recordó que María es misionera, anunciadora de la presencia del Señor en nuestras vidas, es aquella que nos dice ¡ánimo no tengan miedo!, es aquella que fortalece la Iglesia. “María con toda ternura nos acompaña, nos anuncia renovar nuestra fe, sabiendo las adversidades que podamos tener de crisis, soledad o desamparo, el Señor no nos abandona y la presencia de la virgen es real” expresó.

“¿Qué nos mueve hasta aquí?, es encontrarse con la vida, con la misericordia de Dios. Elías está en un momento de crisis, se retira para orar, y el Señor se presenta en brisa suave que acompaña y anima a Elías a retornar al camino de Dios. Es este el Evangelio que anunciamos, por ejemplo, anunciamos el hecho de que el ser humano es concebido y tiene vida”.

Por otro lado, llamó a la reflexión sobre el cuidado y protección de la naturaleza a raíz de los incendios registrados en los parques del Tunari y en Tarija; así mismo animó a levantar la voz en el anuncio de la vida, pues “la familia que está siendo atacada, es también el Evangelio que el Señor nos está regalando, es una familia constituida a la imagen de la Sagrada Familia de Nazaret”.

Al finalizar la homilía expresó que “estamos llamados a anunciar en nuestra vida cotidiana el Evangelio del Señor”, y que “la maternidad de María renueve nuestro espíritu, nuestra vida, y desde aquí, desde el Santuario la Virgen nos acompañe y el Señor Jesús sea nuestra salvación”.
Fueron palabras del Arzobispo de Cochabamba, tierra bendita que acoge a miles de feligreses que peregrinan desde tierras lejanas, hasta el Santuario Mariano de Urcupiña. Expresión de fe y renovación de las personas que vienen a agradecer y pedir a la Virgen María.

Información adicional

  • Fuente Infodecom

Mons. Oscar Aparicio, durante la misa del domingo XIV del tiempo ordinario hizo referencia a las lecturas explicando el amor de Dios que quiere hacer parte de la vida de todos. Que la verdad está sobre cualquier ideología, a cualquier acto del mundo que destruya la buena noticia. Pidió además tener valor para ir contracorriente que conlleva lleval el evangelio.

Homilía Monseñor Oscar Aparicio Arzobispo de la Arquidiócesis de Cochabamba

Tiempo Ordinario

Catedral Metropolita de San Sebastián


Este domingo la primera exclamación que resalta es de bendición hacia Dios Padre. Normalmente nosotros estamos acostumbrados a que la bendición llegue a nosotros, pedimos siempre la bendición, que Dios nos bendiga, que diga bien de nosotros, que hable bien, que nos haga llegar sus buenos augurios para que todo vaya bien, que bendiga y guie nuestros pasos, que nos acompañe, es una actitud muy normal, nuestra de creatura que reconocemos que si Dios nos bendice y nos acompaña todo irá bien.

Pero, por otro lado también existe la situación de que nosotros seres humanos, nosotros como hijos e hija de Dios, nosotros que caminamos en este mundo podemos decir también bendito seas Tú oh Padre. Reconocemos la manera de obrar de parte de Él. Reconocemos que Dios es bueno, reconocemos que, su obra, y su plan es bueno y perfecto, también para nosotros. Lo bendecimos lo alabamos, lo exultamos, aclamamos su nombre, como lo hemos hecho en este salmo responsorial. Y bendeciré el nombre del Señor eternamente, alabado y bendecido seas Tú Señor oh Dios, esta es nuestra exclamación. Les invito que también nosotros, reconociendo la grandeza de Dios, el nombre de Dios, reconociendo la obra de Dios en medio de nuestro mundo y de nuestras vidas, lo aclamemos así como lo hace la liturgia de hoy día. Que esta sea nuestra primera actitud de alabanza y bendición a Dios Padre.

Lo segundo que aparece en esta Escritura es un anuncio de salvación, de esperanza, así dice Zacarías el Profeta. Hay profetas que tienen la labor, no fácil, de anunciar la desgracia o anunciar lo que ha de venir como pesar al pueblo. Zacarías tiene estos privilegios de anunciar una buena noticia en decir al pueblo que Dios va cumplir su alianza, que Dios es siempre fiel, que su plan perdura para siempre. Esto hermanos tiene que poner nosotros en gozo y alegría. Bendecimos el nombre del Señor porque hoy podemos volver a ratificar, que lo que Dios ha elegido para nosotros, el plan Suyo es tan bueno que será cumplido. El ser humano que ha sido llamado, convocado a vivir en este mundo, vivirá eternamente. Somos peregrinos en este mundo.

Nosotros hemos nacido de las entrañas mismas de Dios. Pasamos por este mundo, mas retornamos al corazón de Dios. No hemos sido creados para desaparecer. O para estar unos pocos años en este mundo, que al fin y al cabo se apagan pronto. Se acaban rapidísimo. Uno cuando tiene 14 o 15 años se quiere comer el mundo y dice desesperadamente, ¿Cuándo cumpliré 30? Cuando será mayor de edad. Y cuando uno ha pasado los 50, dice cómo se va rápido la vida. Es que es verdad hermanos míos: el peregrinar en este mundo es corto, pero hemos sido creados para la eternidad. Enclavados en el amor de Dios y pese a las situaciones difíciles que tiene este mundo, que vivimos en este mundo, Dios permanece y permanece fiel a su promesa, a su alianza.

Hermanos me recuerdo la pascua de este año, nos debatíamos entre guerras y malas noticias. Entre bombas y enfrentamiento entre seres humanos, de muerte presente en este mundo. Y decíamos que pese a esta situación tan contraria, Jesús ha resucitado, Jesús vive, este es el anuncio de la alegría. Hoy también, bien, viene la palabra del Apóstol que nos anuncia la resurrección. Que anuncia la vida, que anuncia a un Dios que es fiel, que permanece fiel, un Dios que llevará adelante también su plan. Porque nos ama, porque ha apostado por el ser humano. Porque ha apostado por ti y por mí. Porque aún que hemos dado muchas veces la espalda a Él, El sigue amándonos y perdonándonos. Es misericordioso y todavía confía en nosotros. Este Dios es así y viene anuncia en sencillez su palabra, a realizar su obra. Viene sentado en un pollino, en un asnito, en humildad, contrariamente a lo que nosotros podemos pensar, que el poder en este mundo debería ser con estruendo grande, bandas y platillos. O que el poder debería demonstrar con mucha fuerza y violencia, para instaurar algo aquí; y eso es lo que las naciones y poderosos se debaten en esta situación y nos equivocamos. Porque la palabra de Dios el reinado de Dios no es en este estilo. No es que unos cuantos tienen que dominar y otros tantos tienen que obedecer.

No es que la ideología tiene que imperar frente a la verdad que ha sido proclamada. La corrupción hermanos míos es un flagelo en nuestra humanidad. La división es un pecado, la muerte del inocente es algo que nos sorprende y que debería hacemos llorar profundamente. El enfrentamiento entre hermanos y la violencia que viven nuestras ciudades, debería ser erradicada. El Señor viene anunciar un estilo diferente de reinado. Un Mesías que viene en sencillez, un Mesías que anuncia la paz, un Mesías que en humildad y simplicidad sobretodo destaca la vida de sus hijos e hijas, en paz, en armonía, en sencillez Reconociendo que somos hermanos, y no que uno tiene que estar dominando los otros.

Y por último el Evangelio anuncia algo fundamental, si ustedes han optado por el Reino de Dios, si ustedes que han sido mis discípulos que han sido enviados a anunciar el Evangelio, sepan que habrán contrariedades. Anunciar el Evangelio en este mundo es ir contracorriente. Vengan a Mí si están cansados y agobiados, carguen mi yugo porque mi carga es ligera.

Coraje entonces hermanos, vean como Dios nos invita a tantas cosas. Alabémoslo, bendigámoslo y renovemos nuestra fe sabiendo que el Señor va cumplir su alianza y la va llevar adelante. Depositemos nuestra esperanza en Él. Y si hay que anunciar el Evangelio también en contrariedades que el Señor sea nuestra fuerza. Y carguemos aquello que el Señor nos invita hacer, pero con entusiasmo y alegría, sabiendo definitivamente que con el Señor todo es posible. Que pese a estas realidades contrarias también que vive el mundo, Dios anuncia su paz, anuncia su Reino que estará presente también en este mundo.
¡Amén!

Información adicional

  • Fuente Arzobispado de Cochabamba

El Pasado domingo, Mons. Oscar Aparicio presidió la Eucaristía dominical en la Catedral, recordando que Dios nos invita para que abramos nuestros corazones para ser el centro de nuestras vidas .

Expresó que el amor del Señor es tan grande que quiere vivir con nosotros. Siendo nuestra existencia tan fragil y pasajera estamos todos convocados para que al final de esta vida terrena seamos uno con Dios.

Homilía Monseñor Oscar Aparicio Arzobispo de la Arquidiócesis de Cochabamba

Catedral Metropolita de San Sebastián


Hermanos y hermanas a diferencia del pasado domingo la palabra de hoy no anuncia varios temas, o varios aspectos de la vida cristiana a tomar en cuenta porque somos peregrinos, somos caminantes. Somos de aquel pueblo de Dios que peregrina en este mundo, que va anunciando la Buena Noticia. Y somos depositarios de la misión del Señor y la vamos hacer a conocer a los demás. Veamos un poquito cómo esta palabra de Dios nos está proponiendo varios aspectos.

Primero aparece en la primera lectura, la acogida, sabemos que es un valor enorme. La capacidad de aceptar el otro, la capacidad de abrir las puertas al otro, la capacidad de dejar que el otro entre en casa. O que el otro sea parte de uno mismo es fundamental en la vida. Por eso es hermoso como gráficamente la palabra de Dios hace que esa mujer se preocupe y acoja al profeta, un valor enorme. Aunque por debajo diríamos así, algo fundamental que la Palabra de Dios está anunciando: el don de la vida. De hecho el profeta en reconocimiento al que esta mujer ha hecho para acogerlo, pregunta a los sirvientes diciéndole qué falta a esta mujer, que ¿Qué habría de hacer? Lamentablemente ella no tiene a un hijo y su esposo ya es anciano. Y ahí le hace el anuncio: “El próximo año en esta misma temporada, tu habrás tenido descendencia, habrás tenido un hijo, como don de parte de Dios”.

Entonces, teníamos razón cuando hablamos nosotros de agradecer a Dios por el don de la vida. Una actitud también fundamental e importante para nosotros, estamos agradecidos profundamente al Señor porque Él nos da la vida. No lo hemos tenido por mérito propio. Dios nos lo ha regalado, Dios en su infinito amor ha puesto sus ojos en nosotros y de manera privilegiada ha querido que podamos vivir en este mundo, nos concede esta vida. Entonces, cómo no agradecer al Señor.

Hermanos más allá de esto también aparece el tema de la acogida fundamental que el ser humano tiene que tener. Por eso al inicio de la misa les invitaba a aquello, acojamos al Señor. Nuestra actitud no solo de agradecimiento, nuestra actitud también de apertura a un Dios que también se ha metido en nuestra vida. Un Dios que nos ama profundamente, un Dios que conduce nuestra historia. Más un Dios que quiere entrar en nuestra vida, que toca la puerta de nuestro corazón para decir quiero habitar en ti. Quiero ser parte tuya. Quiero que tu vida esté marcada justamente por este amor y presencia mía. Es casi una forma de enamorarnos, una forma de ayudarnos, una forma de decirnos constantemente que Él se preocupa de nosotros.

Por tanto, no solo la acogida al otro hermano. No solo cultivar este un valor fundamental en la vida nuestra, en nuestra sociedad. Sino también, sobre todo que sea la acogida a nuestro Dios y Señor. Por eso el Salmo Responsorial decía, cantare eternamente el amor del Señor. Definitivamente estamos en eso. Nuestra vida se debate entre aceptar al otro o rechazar. De dejar guiarnos por Dios, que el Espíritu de Él nos domine o rechazar. Por eso nosotros optamos hoy día, abrimos nuestro corazón reconocemos, voy a cantar todo el amor que Dios tiene hacia mí y sabemos que ese amor es eterno. Reconocemos que este Dios es nuestro Dios, es nuestro Padre, es el que se preocupe de nosotros. Reconocemos a Jesús como aquel que es el huésped privilegiado para nosotros. Reconocemos que Él nos ha dado la vida, y por tanto que nuestro seguimiento, que nuestro amor responda también aquello.

Hay la frase que dice: amor con amor se paga, nosotros reconocemos al Señor que nos ama tan profundamente, queremos pagar entonces con este amor. Retribuirle no solo con una acogida y decirle, sí Señor, reconocemos que Tú eres nuestro Señor. Y es tal el reconocimiento que queremos que sea radical. Por eso cuando el apóstol presenta en la segunda lectura el hecho del bautismo, es algo que nos hace pertenecientes a Dios. Y pertenecientes como pueblo de Dios a esta Iglesia. Es la forma, la manera de decir que somos parte de un pueblo que radicalmente sigue al Señor. Que más allá de cualquier otro amor diríamos inclusive, de otro afecto, nosotros estamos dispuestos a seguir este amor, a seguir a Jesús total y plenamente. Porque nos ha encandilado. Por qué Él nos ha dado la razón de la vida, porque Él nos pone en tal situación que nos podemos vivir sin Él. O queremos que Él domine todas nuestras acciones. El amor de Él es tan deslumbrante, tan bueno, de queremos de esta forma radicalmente.

Es lo que el Evangelio nos está anunciando. Es la misma palabra de Jesús. Nos puede reprender, cuando dice el que ama más a su padre o a su madre más que a Mí, no es digno de Mí. Uno dice, ¿cómo no voy amar a mi mama, a mi papa? No te está imponiendo, no dice este amor tienes que dejarlo de lado, o tienes que desecharlo. Dice si amas más que a Mí no eres digno de Mí. El amor es radical. Es lo que pasa con un esposo o una esposa cuando toman la opción y unen sus vidas. Ya lo es todo el esposo, lo es todo la esposa. Lo es toda la familia que ha constituido. Y no es un desprecio para la madre o el padre o los hermanos, sino que es tal este amor es tal esta unión, que es radical. A esto el Señor nos está llamando y este amor dura eternamente. Esto es la cosa linda.

Y nosotros que somos frágiles y peregrinamos en este mundo, tenemos un tiempo, 20, 30, 50, 80 el más robusto hasta 100 años. Pero nosotros queridos hermanos estamos invitados a participar de la gloria de Dios, eternamente. Por tanto nosotros respondemos también al amor de Dios. Esto es lo que anunciamos en eternidad. Nos podemos querer mucho entre nosotros, sí ojalá, en buena hora, debería ser así. Pero también caminamos hacia la gloria de Dios. Hemos salido de las mismas entrañas de Dios y retornamos al corazón del mismo Dios. Por tanto el amor expresado en este mundo es de Jesús nuestro Señor.

Vamos en pos de este amor. Caminamos en pos de este amor todos nosotros. Más allá de este mundo, nos dice el Evangelio, ya no habrá ni esposo ni esposa, habrá un solo amor, un solo Espíritu. Es el anuncio por tanto de aquello que nos está esperando. Queridos hermanos y hermanas, entonces acojamos al Señor. Que el Señor sea la razón de nuestra vida, que radicalmente respondamos a este amor. No significa que hay que dejar los otros amores. Pero sí sobre todo, sobre todo el afecto, sobre toda persona también está el Señor. Es la propuesta que Él nos hace esta mañana. Yo les animo a que podamos también nosotros ponernos en este camino, en esta forma de ser, como pueblo de Dios, como discípulo misioneros que somos, en esta Iglesia de Latinoamérica y aquí en Cochabamba, es la misma Iglesia que nos propone hacer este camino de fe. Que el Señor entonces y la virgencita de Urcupiña nos ayude.
Amén.

Información adicional

  • Fuente Arzobispado de Cochabamba

Como muestra de apoyo y unidad con la Parroquia de Santa Mónica y con el párroco solidario Alejandor D'arbelles, agredidio en pasados días; Mons. Oscar Aparicio presidió la eucaristía dominica, a horas 19:00.

Durante su homilía mencionó las palabras del Señor, en las que nos invita a no tener miedo, que no es nada sencillo seguir al Señor y anunciar su palabra, pues siempre habrán personas que no la reciban y reaccionen al escuchar verdad que viene de Dios. Expresó que ante cualquier injusticia se alzará la voz para defender a los inocentes y desprotedidos. Invitó a la comunidad a seguir con el mandato del Jesucristo y dejarse guiar y acompañar por Él.

Homilía Monseñor Oscar Aparicio Arzobispo de la Arquidiócesis de Cochabamba

Parroquia de Santa Mónica

Hermanos y hermanas, en una circunstancia como la de hoy, hemos escuchado esa palabra, hay que dar gracias a Dios. Ustedes como parroquia, que han tenido estos acontecimientos, escuchando hoy, tienen que llevar un corazón agradecido hacia Dios. Es una Palabra de regalo total para ustedes de parte de Dios en la liturgia, sí consuela y da una actitud, de que no estamos abandonados, y que estamos en el camino correcto. Sobre todo es una palabra, para los párrocos solidarios pero también para toda la parroquia, por eso damos gracias a Dios.

La Palabra que hemos escuchado es muy evidente, está hablando, invitándonos a no temer. Y además enviándonos como testigos de este Evangelio y a seguir construyendo el Reino de Dios en este mundo. No teman, vayan y anuncien el Evangelio, son testigos de esta gran verdad. De hecho el mismo profeta Jeremías, se encuentra en esta situación concreta, debe anunciar una gran verdad, ha sido llamado para profetizar la verdad en medio de este, para anunciar la presencia de Dios que llama también a la conversión. No es una tarea fácil que tiene, porque en algún momento la palabra cae en buen corazón y es bien acogida, también cuando se dicen palabra que no se quiere escuchar, cae también en corazón adverso. De hecho este es el testimonio del profeta Jeremías, lo calumniaban, A raíz y a causa de anunciar el Evangelio sufren persecuciones.

Si alguien se pone en el camino de Dios, si es llamado por Él, tiene que anunciar sabe que debería haber dificultades, persecuciones. Porque no todo es color de rosas. No todos acogen esta verdad, no todos aceptan total y plenamente y de buen agrado. La Palabra de Dios, sobre todo si denuncia, porque el profeta denuncia el pecado; o denuncia el alejamiento de este pueblo hacia Dios mismo, por tanto no gusta y entonces viene la adversidad, viene la calumnia o viene también el hecho de recibir palos, de recibir golpes. Cuando Pablo anuncia el mal en este mundo, al fin y al cabo va teniendo persecución, va también teniendo una carrera que no es del todo grata. Peor todavía cuando hablamos del Señor Jesús, cuanto ha sido agredido, azotado, apaleado por anunciar el Reino de Dios. Parece una injusticia y sin embargo eso se hace presente en este mundo.

Cuando está hablando con Pilato, pregunta ¿qué es la verdad? Jesús con una actitud de no decir nada o decir muy poco, es agredido por el soldado. Jesús dice se he hablado mal, o se he hablado bien, ¿Por qué me pegas? Se sorprende de esta agresión, porque no es lógico, no es normal y sin embargo si acontece. Por eso el Señor nos dice no tengan miedo los que anuncian el Evangelio y defienden la vida pueden también ser agredidos. A causa de este Evangelio, a causa de la defensa de la vida. Esto hemos vivido aquí. Es una Palabra actualizada. Por eso decía esa palabra de Jesús nos viene muy bien. Nos tiene que consolar, nos tiene que poner un sentimiento así, que de verdad lo que estamos haciendo es en nombre de Él, somos instrumentos suyos. Y lo que anunciamos no es una doctrina, una teología partidaria, lo que anunciamos es el propio Evangelio en nombre del Señor.

Es la Buena Noticia que nos ha sido dada para nosotros y por eso la anunciamos. Es el don de la vida que la vamos defender, porque es don que nos ha regalado el mismo Señor. No podemos callar. Cuantos inocentes que no pueden hablar y son agredidos física y brutalmente. Asesinados brutalmente. Y si hay leyes que se promueven en nuestro país, y van en contra de los inocentes, nosotros vamos levantar la voz, como se ha levanto la voz en esta parroquia. Diciendo: respetamos la vida y la defendemos y no aceptamos ese tipo de agresiones por más leyes que se puede instaurar en nuestro país. No las aceptamos. Nada tiene el derecho de tomar la vida de un ser humano. Si por eso seremos agredidos, habrá que preguntar, ¿Por qué me pegas? Tendremos seguir anunciando Buena nueva. Por otro lado el anuncio va en este sentido, vayan y anuncien, sean testigos de la vida, sean testigos del amor, sean testigos de este Evangelio.

Hermanos que cosa fantástica ver como el Señor nos acompaña en esta liturgia y también en esta eucaristía en esta noche. Tantas veces ya nos ha anunciado el de no temer. En el Cenáculo, la paz con ustedes, no teman, no estarán solos, yo estaré siempre con ustedes y les daré el Espíritu… o porque tienes miedo pequeño rebaño. Hay muchas formas en que el Señor dice, hoy de manera particular, tú que anuncias la Palabra no temas y anda y sigues anunciando el Evangelio. Es el Señor que nos habilita, es el Señor que nos hace testigos de este amor y de esta vida. Que el Señor nos ayude. Que sea el Señor también que pese a estas situaciones de agresiones físicas, sea el Señor que nos ayude a seguir haciendo esta experiencia de parte de Él. Y podamos decir al mundo entero, que queremos la paz, que queremos la unidad en nuestro país, que anunciamos la vida sobre todo y todo ante, que anunciamos el amor del Señor. Que anunciamos el amor del Señor que hace el posible que tengamos una unidad entre personas.

Que nosotros que somos Iglesia no solo queremos ser testigos de palabra sino también de obras. Somos aquellos discípulos del Señor y misioneros que anuncian con su propia vida esta verdad. Construimos también un país de esta forma. Construimos también una sociedad de esta forma. Construimos también familias que anuncian el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Somos testigos del amor de Dios, constructores del Reino de Dios en esta sociedad. Aquí en nuestras familias, aquí en Cochabamba, aquí en Bolivia… A nosotros nos toca acá, podemos anunciar y ser testigos de este Evangelio, de esta paz y del amor del Señor presente en este mundo. Jesús ha dado su vida por nosotros. Y si una víctima tenía que haber es el Señor derramado su sangre por todos nosotros. El Señor nos anuncia es la vida y la vida en abundancia. Lo que es Señor nos anuncia un Reino de Dios presente, de paz, harmonía y justicia. Esto es lo que anunciamos, esto es lo que proclamamos, esto es lo que hemos vivido. Esto es lo que hemos defendido también el dos de junio cuando hemos ido marchar públicamente y pacíficamente en contra de estas leyes.

Queridos hermanas y hermanos me nace a mí decirles, no tengan miedo, coraje, ánimo, estamos anunciando lo que el Señor nos ha dicho. Estamos queriendo vivir aquello que el Señor nos ha llamado y de que somos también testigos en este mundo.
Amén.

Información adicional

  • Fuente Arzobispado de Cochabamba

Más de 1500 hermanos y hermanas se reunieron en Toco, para participar del XXXIV Encuentro de Catequistas y Comunidades Rurales.

Para cerrar esta gran actividad, se vivió la Santa Eucaristía que fue presidida por Mons. Oscar Aparicio, Arzobispo de Cochabamba, quien habló sobre las dificultades que lleva ser catequista, ser agente de pastoral, llevar la palabra de Dios a los demás; siendo muchas veces rechazados por los otros. Por ello invitó a no desanimarse, a no rendirse pues el Señor está siempre acompañando y protegiendo.

Homilía Monseñor Oscar Aparicio Arzobispo de la Arquidiócesis de Cochabamba

XXXIV Encuentro de Catequistas y Comunidades Rurales.

Muy queridos hermanos y hermanas, yo creo que de parte de Dios es una forma fantástica que nos ha permitido concluir el XXXIV Encuentro de Catequistas Rurales de toda la Arquidiócesis, con la Palabra que nosotros hoy anunciamos. Nosotros hemos escuchado en todo este tiempo que Jesús nos anima y nos dice que no tengamos miedo. Lo hace de manera particular diciéndonos que nos estamos abandonados. Yo no los voy a dejar no están solos, dejare el Espíritu, el defensor que les va a acompañar siempre. Yo nunca les abandonare, como el Buen Pastor que cuida de sus ovejas, que cuida de nosotros. Le interesa nuestras vidas, sobre todo en los momentos de mayor problema o adversidad. Nos ha prometido, por tanto no tengan miedo.

Hoy día, esta forma de animar a nosotros, los que estamos aquí, tiene una particularidad muy importante. No tengan miedo porque ustedes anuncian y extienden el Reino de Dios. No teman si ustedes han sido llamados a ser misioneros, testigos de la Palabra de vida que el Señor nos ha regalado. Si ustedes como catequista no transmiten su propia doctrina, no trasmiten su propia verdad, ni siquiera hace su propia obra. En realidad somos instrumentos del Señor. Somos aquellos que en nombre de Él, queremos extender en todo lo que corresponde nuestro mundo, queremos extender su Reino, su Palabra; anunciar su gran verdad.

Sabemos que esta verdad muchas veces es bien acogida. Hay catequistas con muchos años de experiencia. Hay mucha gente que escucha la Palabra de Jesús a través de ustedes, y lo hace de muy buena voluntad, la acoge, se convierte. Pero también sabemos que la Palabra de Dios no siempre es bien acogida, a veces tiene su rechazo; cumplir la misión, anunciar el Reino de Dios, no siempre es fácil. Por eso no tengan miedo, esa es la particularidad de hoy. Si ustedes cumplen una función, a veces adversa, no teman.

Es lo que hablaba en la primera lectura el profeta Jeremías, hasta sus amigos han salido en contra de él. O cuando Pablo denuncia el pecado. Hay cosas que no se quiere escuchar, por tanto se va contra el catequista o del misionero, o de aquel que está anunciando la Palabra. Por tanto si dan cuenta hermanos que hoy día el Señor está nos está diciendo para nosotros esto. A ustedes que son catequistas portadores que llevan la Palabra de Dios, no tengan miedo. Coraje hermanos, nuestra garantía está puesta en Él Señor. Él nos envía. Y Él nos dice, no tengan miedo, sigan con esta tarea, sigan con esta labor. Anuncien la Palabra y anuncien la verdad. Los primeros beneficiados van ser ustedes evidentemente, los que anunciamos esta verdad y esta extensión del Reino de Dios.

Lo segundo hermanos que aparece en la Palabra de Dios y que es característica de este encuentro. Sean testigos del Evangelio, sean testigos de esta gran verdad. Hagan esto con coraje y entusiasmo, aquí la cruz misionera nos esté acompañando. Son misioneros del Señor, anunciadores de su Palabra en nombre de Él. Somos enviados por el mismo Señor Jesús, hacer presente su vida y su resurrección. Hacer presente a Jesucristo en medio de nuestra comunidad, de nuestra familia.

Aquí en Valle Alto, en realidad en toda nuestra Arquidiócesis, los que están presentes de Oruro; estamos llamados, enviados a anunciar esa Buena Noticia. Hermanos míos yo creo hay que guardar en el corazón estas dos cosas, ¿no es cierto? No hay que temer es nuestra garantía, en nombre de Él anunciamos su Palabra. Lo hagamos con mucha alegría y entusiasmo porque somos testigos del Evangelio, somos testigos de la resurrección del Señor, eso es lo que estamos anunciando. Queremos dar a conocer a Jesucristo, no estamos detrás de ninguna ideología. No estamos haciendo proselitismo de ningún partido, de ningún grupo ni siquiera de un departamento. Estamos siendo testigos del amor de Dios y esto queremos dar a conocer a los demás.

De alguna manera esta Palabra nos envía también a nosotros, que al volver a nuestras casas, a comunidades, a nuestras familias, sepamos que el Señor nos acompaña, que Él mismo sostiene nuestra misión y el mismo está indicando el camino siendo catequista. ¿Hay catequistas hace 34 años? Hay uno hermano nuestro que hace 34 años está anunciando el Evangelio. Hace poquito hemos celebrado un cabo de año de Mons. Gelmi, misionero, catequista, anunciador enviado por el Señor, testigo que con coraje ha sabido anunciar el Señor. Todos estos, P. Crispin, P. Manfredo y a los catequistas que nos siguen acompañando.

Que El Señor entonces les conceda esta profunda alegría de tener al Señor y anunciar a los demás con coraje y entusiasmo. Sean testigos en medio de este mundo que nos invita o que está esperando que anunciemos también esta buena noticia.
Amén.

Información adicional

  • Fuente Arzobispado de Cochabamba

En la homilía de la solemnidad del Corpus Christi, Mons. Oscar Aparicio pidió hacer presente a Jesús en cada realidad de nuestra vida, pues Él ha querido quedarse con nosotros hasta el final de los tiempos.

Homilía Monseñor Oscar Aparicio Arzobispo de la Arquidiócesis de Cochabamba

Solemnidad de Corpus Christi

Catedral Metropolita de San Sebastián


Muy amados hermanos y hermanas, esta hermosa festividad que hoy la celebramos tiene ya una larga tradición en nuestra Iglesia. Muchísimos años que ha sido instituida esta festividad del Corpus Christi. Pero también la tradición de la Iglesia referida a la presencia de Señor Sacramentado en la Eucaristía tiene una más larga tradición. Sin embargo cada año se actualiza. Quisiera subrayar este hecho fundamental que somos nosotros depositarios de una historia. De una tradición, somos parte de una hermosa y grande tradición, que la Iglesia ha ido conservando también en su interior, en su corazón y que cada año viene siendo actualizada.

Nos referimos a la presencia real del Señor. Aquel que se hace Eucaristía y Sacramento, como lo menciona también el mismo evangelio: “Daré de comer mi propia carne, daré de beber mi propia sangre”. La donación total, el amor profundo expresado en este pan y este vino, que se parte y se da de beber a los demás. Si nosotros hemos recibido de parte del Señor este hermoso don de su presencia; de un Dios que camina entre nosotros y que provee nuestras mesas. Esto nos capacita para decir a los demás; no solo como signo, sino que real y verdaderamente se hace presente el Señor de la vida. Lo que nos ha regalado Dios, podemos dar de conocer y de comer a los demás.

Lo que se nos ha dado, para que nosotros seamos un instrumento, lo queremos hacer también con la máxima humildad y el máximo respeto. Si los hemos convocado hoy para celebrar esa Eucaristía y acompañar a Jesús Sacramentado por nuestras calles, es para otra vez decir al mundo entero, que no solo que creemos en el Señor, sino que su presencia su dadivosidad, su amor profundo y su entrega, es real también en medio de nosotros; de nuestra familia, de nuestra comunidad, de nuestra sociedad; lo hacemos en comunión con el mundo entero. Si somos parte de esta tradición, somos parte también de una Iglesia, heredera del don también que Dios nos ha regalado. Somos aquellos que también celebramos junto a nuestras parroquias, junto a todo el pueblo de Dios en Cochabamba, pero también a nivel nacional, y diría también junto al Papa a nivel Católico universal.

Estamos anunciando que Jesús vive entre nosotros, que Jesús camina por nuestras calles y que a Jesús le interesa nuestras vidas. Sobre todo en los momentos de mayor dificultad Él nos acompaña. Jesús provee nuestras mesas y provee nuestros trabajos. Jesús nos regala la vida. Por eso hermanos otra vez tenemos que conectar esta tradición con otros eventos y otras situaciones que hemos tenido durante corto año que hemos atravesado ya. Aunque estamos en la mitad del año, en realidad. Hemos anunciado la vida. Hemos estado caminando juntos, para decir que respetamos profundamente la vida que es don de Dios. Y que nadie puede darse el derecho tomar una vida ajena. La vida es don de Dios y por tanto la queremos y la respetamos. La custodiamos, la defendemos. Así como queremos respetar el ser humano en toda su dignidad.

Esta festividad hermanos míos es como la síntesis de todo aquello que estamos celebrando y todo lo que Dios nos da. Si como Iglesia queremos caminar en unidad y hacemos todo el esfuerzo, invitamos también a nuestras autoridades a que busquemos el bien de todos. De que la unidad y la comunión con Dios Padre, Hijo y Espíritu. O la comunión con Jesús Sacramentado es esencialmente fundamental en este mundo y es lo que construye a los pueblos. No lo estamos diciendo simplemente porque hoy nos ha parecido. Sino que en realidad es un anuncio profundo que viene de Dios mismo. Él nos regala la vida y nos alegramos. Nos alegramos profundamente por todo ser humano que nace.

Tenemos una tradición que respetar, pero tenemos sobretodo una fe que defender. Tenemos una tradición que respetar porque sobretodo es Dios que está presente, es Jesús que nos acompaña. Por eso hermanos yo quería destacar al inicio la devoción de estos jóvenes y los afanes de estos jóvenes. Porque, pasar toda una noche haciendo esos mosaicos, ¿solo por arte? Solo para decir bueno pasaremos algo diferente. O es más bien para demonstrar algo fundamental: creemos en el Señor, anunciamos la vida. Unimos el esfuerzo y el trabajo, unimos el arte. Reconociendo que Jesús sacramentado nos acompaña. Cuánto alegra el testimonio de estos jóvenes construyendo estos mosaicos, para decir a Cochabamba y a toda Bolivia Jesús vive. Lo respetamos, lo honramos, este Jesús Sacramentado pan de vida y bebida de salvación es nuestra fuente, nuestra alegría y nuestra esperanza. Y hoy se cumple también en medio nuestro.

No solo es una tradición o algo que recordar, sino es un memorial, es decir, aquello que hoy vuelve a hacerse presente y actualizar. Por eso el 2017 es diferente al 2016, no estamos solamente haciendo recuerdos de hace 2017 años. Estamos haciendo memorial, Eucaristía de aquello que el Señor nos ha regalado.

Los invito también hermanos y hermanas, a todos, que tomemos alguna responsabilidad, también; a que construyamos nuestra sociedad en vista a la profunda fe que tenemos. Jesús que está presente en medio nuestro, Jesús que nos invita a ocuparnos de lo fundamental que vive en esta sociedad. Que el Señor nos acompañe. Que en esta procesión que vamos hacer, también Él pueda bendecir nuestros hogares y nuestras familias.

En esa procesión, en este caminar junto a Jesús Sacramentado podemos sobretodo descubrir que podemos ser discípulos del Señor. O sea, siguiendo el Maestro construir también esta sociedad, proveer en nuestras mesas el pan. Proveer el trabajo. Proveer el amor. Proveer la unidad. Promover y proveer todo aquello que sea para el bien también de nuestra sociedad. Porque hermanos míos la fe y la religión no está exenta de la vida. Tiene que ver con nosotros, con nuestras 24 horas de cada día. Y esto queremos proclamarlo y anunciarlo a todos. La Iglesia está presente como cuerpo místico del Señor, no está encerrada en las sacristías. Que el Señor nos ayude, Jesús Sacramentado que camina junto a nosotros bendiga nuestros hogares y provea nuestras mesas. Que así sea.

Información adicional

  • Fuente Infodecom

Fortalecidos por la Eucaristía vayamos a la misión", fue el lema con el que los cruceños católicos celebraron ayer el Corpus Christi y bajo el mismo lema fue que el monseñor Sergio Gualberti hace un llamado a la unión con Cristo abriendo al diálogo, evitando confrontación (refiriéndose a los hechos que se dieron esta semana en Camiri). "La unión con Cristo que se realiza en la Eucaristía, nos capacita también para nuevas relaciones con los demás, refuerza nuestra comunión entre hermanos y, de modo particular, apremia a los que están enfrentados para que aceleren su reconciliación abriéndose al diálogo en la escucha y sincero respeto del otro", dijo ayer en el estadio Ramón "Tahuichi" Aguilera donde se realizó la festividad a dos años de la ausencia del cardenal Julio Terrazas.

Desafío misionero. También se refirió al V Congreso Misionero Americano que vivirá Bolivia como sede  y por eso recalcó que una Iglesia auténticamente eucarística es una Iglesia misionera, que anuncia y testimonia a todo el mundo la buena noticia del gesto incomparable de amor de parte de Jesús. Explicó que en este desafío participarán tres mil delegados de todos los países de América y de las jurisdicciones eclesiásticas de Bolivia.

Participación religiosa. La celebración arrancó como estaba previsto a las 16:00 con la procesión del monseñor, sacerdotes y seminaristas, seguido de coreografía de cientos de estudiantes vestidos de los colores de los cinco continentes del mundo que acompañaron casi las dos horas  que duró la celebración. Como todos los años, es muy emotivo ver la gran participación de los católicos que se dan cita hasta dicho lugar, pero según asistentes, observaron que este año el estadio se llenó más que en anteriores años. 

Razón de Corpus Christi. En latín significa Cuerpo de Cristo, es una fiesta católica destinada a ensalzar la Eucaristía, tal y como la institucionalizó Jesús en la Última Cena, al convertir el pan y el vino en su cuerpo y en su sangre. Se pretende proclamar y aumentar la fe en la presencia de Jesucristo en el Santísimo Sacramento, dándole pública adoración.

Movimiento de la celebración de Corpus Christi

Coreografía. Aproximadamente unos 800 estudiantes fueron los encargados de las grandes coreografías que se hicieron en toda la cancha del estadio.

Sacerdotes. Alrededor de 140 sacerdotes de Santa Cruz y unos 35 seminaristas acompañaron la celebración  ubicados a los lados del altar.

Ofrenda. En el momento de la ofrenda floral un grupo de niños llevaron un globo terráqueo gigante  con un rosario con los colores de los cinco continentes.

Primeros auxilios. Fue evidente que el grupo de paramédicos contratado atendieron a varias personas que en algún momento se sintieron mal o se desmayaron.

Vendedores. Como estaba previsto que los vendedores  no podrían ingresar al estadio mientras se dé la celebración. Ellos estuvieron en los alrededores.

Información adicional

  • Fuente El Dia