Martes, 12 Diciembre 2017

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Mater Ecclesiae: «Ahí tienes a tu hijo... Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa» (Jn 19,26-27)

En las «palabras de Jesús a su madre María y a Juan» se inspira el tema del Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial del Enfermo, que se celebra el 11 de febrero de 2018.

El Papa abre su Mensaje recordando que «la Iglesia debe servir siempre a los enfermos y a los que cuidan de ellos con renovado vigor, en fidelidad al mandato del Señor (cf. Lc 9,2-6; Mt 10,1-8; Mc 6,7-13), siguiendo el ejemplo muy elocuente de su Fundador y Maestro».

María es Madre de la Iglesia y de la familia humana

«Una tarea que no se acaba nunca», reitera el Papa, en el primero de los siete puntos de su Mensaje, haciendo hincapié en que las palabras de Jesús, que se preocupa por su Iglesia «son el origen de la vocación materna de María hacia la humanidad entera». Nuevo camino de entrega que la Madre del Señor comienza con el alma traspasada por el dolor a los pies de la cruz y que también se nos muestra en Pentecostés.

Juan el discípulo amado representa a la Iglesia

Reconociendo a María como madre, como hizo Juan, la vocación materna que Jesús le ha confiado se transmite a toda la Iglesia, señala el Papa en el punto 2 de su Mensaje. El pueblo mesiánico está llamado a contemplar en la Madre del Señor el modelo de discipulado y de cuidar a sus hijos.

El Maestro quiere conducir a todos los hombres al encuentro con el Padre

El Papa recuerda en el punto 3, que Jesús encontró a muchos enfermos en el espíritu y en el cuerpo y a todos les dio misericordia y perdón. «El corazón de Jesús está abierto a todos, sin excepción. Hay que proclamar el Evangelio del Reino a todos, y la caridad de los cristianos se ha de dirigir a todos los necesitados, simplemente porque son personas, hijos de Dios».

Prosigue en el mundo la misión milenaria de la Iglesia

Recordando la «historia bimilenaria» de asistencia a los enfermos y a los más necesitados, el Papa destaca, en el punto 4, el trabajo de las congregaciones, de las diócesis y de los hospitales católicos y la importancia de poner a la persona humana en el centro del proceso terapéutico y de investigación científica, en el respeto de la vida y de los valores morales cristianos. Tanto en los países con sistemas sanitarios públicos y adecuados, como en los que son inadecuados o inexistentes.

«La Iglesia trabaja para ofrecer a la gente la mejor atención sanitaria posible, para eliminar la mortalidad infantil y erradicar algunas enfermedades generalizadas. En todas partes trata de cuidar, incluso cuando no puede sanar»... «en algunas partes del mundo, sólo los hospitales de los misioneros y las diócesis brindan la atención necesaria a la población».

Nunca hospitales católicos al servicio del mercado

El Papa destaca que «el legado del pasado ayuda a proyectar bien el futuro»… En el punto 5, pone en guardia contra el riesgo de «empresarialismo», que «en todo el mundo intenta que la atención médica caiga en el ámbito del mercado y termine descartando a los pobres»…Los cristianos que trabajan en las estructuras públicas están llamados a dar un buen testimonio del Evangelio.

La Iglesia debe mirar a los enfermos con la misma ternura de Jesús

«La pastoral de la salud sigue siendo, y siempre será, una misión necesaria y esencial», escribe el Papa en el punto 6. Y destacando el papel de la familia en el cuidado a los enfermos crónicos o discapacitados graves, señala la necesidad de un «reconocimiento adecuado» y de «políticas apropiadas».

«Médicos y enfermeros, sacerdotes, consagrados y voluntarios, familiares y todos aquellos que se comprometen en el cuidado de los enfermos, participan en esta misión eclesial».

Oración a María: la Iglesia viva con amor el servicio de la vida y de la salud

«A María, Madre de la ternura, queremos confiarle todos los enfermos en el cuerpo y en el espíritu, para que los sostenga en la esperanza. Le pedimos también que nos ayude a acoger a nuestros hermanos enfermos», alienta el Papa en el punto 7 y señala que «la Iglesia sabe que necesita una gracia especial para estar a la altura de su servicio evangélico de atención a los enfermos».

El Santo Padre invoca la intercesión de la Virgen María para la XXVI Jornada Mundial del Enfermo, y su ayuda a las personas enfermas y a todos los que cuidan de ellas.

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  • Fuente CEV

Mensaje del P. Christopher Washington en la festividad de la Mamita de Cotoca

Es Hermoso el Lema elegido este año para la novena a la Virgen de Cotoca.

Hay cuatro palabras claves a cual más significativas: María, misión, evangelio, alegría que en su conjunto, son un proyecto de vida para nosotros.

María Santísima ha sido la primera evangelizada y la primera evangelizadora, que en la comunidad eclesial acompaña con su materna ternura y solicitud  el caminar de cada creyente en la misión de anunciar a su Hijo Jesús, centro y razón de todo lo creado, razón de nuestro existir  como Iglesia. Ella nos lleva a Cristo y Cristo nos hace sus misioneros, para llevar la buena nueva, con gozo y convicción, al mundo entero.

Hoy, más que nunca el que sigue realmente a Cristo, el Señor, debe caminar anunciando, proclamando, celebrando el Evangelio de Salvación, sin miedo, con entusiasmo, con gozo.

María, Madre Misionera, estrella de la Evangelización, va con nosotros en nuestro camino de Fe, esperanza y amor hacia la Patria definitiva. Ella es guía que nos señala la vía para encontrar a Jesús, para seguirlo y para imitarlo.

El Cristiano que Ama a María y se deja conducir por ella, no perderá la ruta, dará testimonio de su ser de Cristo y, por Él, se hará servidor de todos, principalmente de los que tienden sus manos vacías, necesitados de ayuda, comprensión y ternura.

El Santo Padre Francisco estará contento de recibir una nueva confirmación de cómo se ama a María en esta tierra cruceña. En su nombre los saludo con afecto y les transmito su Bendición.

¡No perdamos el amor a María, causa de nuestra alegría! Vivamos   y hagamos vivir el Evangelio de Jesús, bellísima misión. Fascinante tarea que conduce a la salvación, al gozo sin fin en el Reino que Dios nos tiene preparando. Así sea.

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  • Fuente Campanas - Iglesia Santa Cruz

En este primer período del año litúrgico, tras regresar en la noche anterior de su Viaje Apostólico a Myanmar y Bangladés, el Papa Francidco no faltó a la cita dominical para iniciar con todos los fieles el camino de Adviento en espera de nuestro Salvador.

Meditando sobre el Evangelio del día en el que Jesús advierte y exhorta a estar prevenidos para su llegada, «No sea - dice el Señor - que llegue de improviso y los encuentre dormidos», el Papa Francisco nos dice que debemos ser personas “atentas y vigilantes”, tal como lo pide el mismo Salvador.

“La persona que está atenta – dijo - es la que, en el ruido del mundo, no se deja llevar por la distracción o la superficialidad”; mientras que la persona vigilante “es aquella que acoge la invitación a velar, es decir, a no dejarse abrumar por el desánimo, la falta de esperanza, la decepción”.

A continuación, el mensaje del Papa antes del rezo del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy comenzamos el camino de Adviento, que culminará en la Navidad. El Adviento es el tiempo que se nos da para acoger al Señor que viene a nuestro encuentro, también para verificar nuestro deseo de Dios, para mirar hacia adelante y prepararnos para el regreso de Cristo. Él regresará a nosotros en la fiesta de Navidad, cuando conmemoraremos su venida histórica en la humildad de la condición humana; pero Él viene dentro de nosotros cada vez que estamos dispuestos a recibirlo, y vendrá de nuevo al final de los tiempos «para juzgar a los vivos y los muertos». Por eso debemos estar siempre prevenidos y esperar al Señor con la esperanza de encontrarlo. La liturgia de hoy nos introduce precisamente en el sugestivo tema de la vigilia y de la espera.

En el Evangelio (Mc 13,33-37) Jesús exhorta a estar atentos y a velar, para estar listos para recibirlo en el momento del regreso. Nos dice: «Mirad, velad y orad, porque no sabéis cuándo será el tiempo [...] para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo». (vv. 33-36).

La persona que está atenta es la que, en el ruido del mundo, no se deja llevar por la distracción o la superficialidad, sino vive en modo pleno y consciente, con una preocupación dirigida en primer lugar a los demás. Con esta actitud somos conscientes de las lágrimas y las necesidades del prójimo, y podemos captar también las capacidades y cualidades humanas y espirituales. La persona atenta se dirige luego también al mundo, tratando de contrarrestar la indiferencia y la crueldad en él, y alegrándose de los tesoros de belleza que también existen y que deben ser custodiados. Se trata de tener una mirada de comprensión para reconocer tanto las miserias y las pobrezas de los individuos y de la sociedad, como para reconocer la riqueza escondida en las pequeñas cosas de cada día, precisamente allí donde el Señor nos ha colocado.

La persona vigilante es aquella que acoge la invitación a velar, es decir, a no dejarse abrumar por el sueño del desánimo, la falta de esperanza, la decepción; y al mismo tiempo rechaza la solicitud de las tantas vanidades de las que desborda el mundo y detrás de las cuales, a veces, se sacrifican tiempo y serenidad personal y familiar. Es la experiencia dolorosa del pueblo de Israel, narrada por el profeta Isaías: Dios parecía haber dejado vagar su pueblo, lejos de sus caminos (cf. 63.17), pero esto era el resultado de la infidelidad del mismo pueblo (cf. 64,4b). También nosotros nos encontramos a menudo en esta situación de infidelidad a la llamada del Señor: Él nos muestra el camino bueno, el camino de la fe, el camino del amor, pero nosotros buscamos la felicidad en otra parte.

Ser atentos y vigilantes son los presupuestos para no seguir "vagando alejados de los caminos del Señor", perdidos en nuestros pecados y nuestras infidelidades; estar atentos y ser vigilantes, son las condiciones para permitir a Dios irrumpir en nuestras vidas, para restituirle significado y valor con su presencia llena de bondad y de ternura. María Santísima, modelo de espera de Dios e ícono de vigilancia, nos guíe hacia su Hijo Jesús, reavivando nuestro amor por él.

Tras el rezo mariano, el Papa Francisco recordó en primer lugar su viaje apostólico a Myanmar y Bangladés, expresó su gratitud a quienes lo han acompañado con la oración, e invitó a todos a unirnos a él en acción de gracias al Señor.

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  • Fuente Infodecom

La sobriedad nos ayuda a aceptar responsabilidades personales y sociales a pesar de nuestras limitaciones, confiando en la cercanía de Dios y sostenidos por su gracia. Así entendida, la pobreza es la medida que permite valorar el uso adecuado de los bienes materiales, y también convivir la amistad de modo generoso y desprendido (cf. Catecismo 2545).

San Francisco de Asís es un modelo de la auténtica pobreza. Él mantuvo los ojos fijos en Jesús, lo reconoció y lo sirvió en los pobres. Si nosotros queremos aportar al cambio de la historia, generando un desarrollo real, es necesario escuchar el grito de los pobres y comprometernos a sacarlos de su situación de marginación. Al mismo tiempo, los pobres en nuestras ciudades y en nuestras comunidades deben vivir el sentido de la pobreza evangélica.

5. El Papa reconoce que hoy es difícil identificar una forma clara la pobreza, que, sin embargo, nos desafía todos los días con sus muchas caras, marcadas por el dolor: la marginación, la opresión, la violencia, la tortura y el encarcelamiento, la guerra, la privación de la libertad y de la dignidad, la ignorancia y analfabetismo, la emergencia sanitaria y la falta de trabajo, el tráfico de personas y la esclavitud, por el exilio y la migración forzada. La pobreza tiene el rostro de niños, mujeres y varones, explotados por viles intereses y pisoteados por la lógica perversa del poder y el dinero. La pobreza es el fruto de la injusticia social, de la miseria moral, de la codicia de unos pocos y de la indiferencia generalizada.

Francisco subraya cómo cada vez más la riqueza se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, acompañada con frecuencia de ilegalidad y de explotación ofensiva de la dignidad humana, mientras que la pobreza se acumula en grandes sectores de la sociedad entera. Por eso no podemos permanecer inactivos, ni tampoco resignados. La pobreza inhibe el espíritu de iniciativa de muchos jóvenes y les impide encontrar un trabajo. También adormece el sentido de responsabilidad e induce a la búsqueda de favoritismos. La pobreza reduce los espacios de la profesionalidad y humilla a quienes trabajan tenazmente. A todo esto se debe responder con una nueva visión de la vida y de la sociedad.

Francisco recoge la profética frase del beato Pablo VI en la apertura de la 2ª Sesión del Concilio Vaticano II en relación con los pobres, necesitados, afligidos, hambrientos, enfermos, encarcelados: “Toda la humanidad que sufre y llora, le pertenece a la Iglesia por ‘derecho evangélico’” (29 septiembre 1963).

Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad y derraman el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin “peros” ni “condiciones”. Son manos que hacen descender la bendición de Dios sobre los hermanos.

6. Francisco quiere que cada año se celebre la Jornada Mundial de los Pobres, para que en todo el mundo las comunidades cristianas sean cada vez más y mejor un signo concreto del amor preferencial de Jesús por los últimos y los más necesitados, unidos por lazos de hermandad. Ante la actual cultura del descarte y del derroche hay que promover la “cultura del encuentro”, independientemente de la religión y sin levantar fronteras, muros y vallas, contrarias al destino común de la humanidad.

7. Para ello el Papa propone que en la semana anterior a la Jornada se organicen encuentros de amistad, de solidaridad y de ayuda concreta. Se debe invitar a los pobres y a los voluntarios a participar juntos en la Eucaristía de ese domingo para manifestar con más autenticidad la celebración de la Solemnidad de Cristo Rey del universo, el próximo domingo. De hecho, la realeza de Cristo emerge con todo su significado más genuino en el Gólgota, cuando el Inocente clavado en la cruz, pobre, desnudo y privado de todo, encarna y revela la plenitud del amor de Dios. Su radical abandono al Padre expresa su pobreza total y hace visible el poder de este Amor, que lo resucita a nueva vida el día de Pascua. Francisco sugiere acercarnos a los pobres del vecindario para encontrar al Dios que buscamos, sentándolos a nuestra mesa como invitados de honor (cf. Gn 18, 3-5), como maestros que nos ayuden a vivir la fe de manera más coherente, abandonados a la providencia del Padre.

8. El Papa subraya que el fundamento de las diversas iniciativas concretas debe ser siempre la oración. A los discípulos que pedían a Jesús que les enseñara a orar, Él les respondió con las palabras de los pobres que recurren al único Padre en el que todos se reconocen como hermanos. El “Padre nuestro” es una oración que se dice en plural: el pan que se pide es “nuestro”, y esto implica comunión, preocupación y responsabilidad común. En esta oración todos reconocemos la necesidad de superar cualquier forma de egoísmo para entrar en la alegría de la mutua aceptación.

9. Finalmente Francisco pide a los hermanos obispos, a los sacerdotes, a los diáconos - que tienen por vocación la misión de ayudar a los pobres -, a las personas consagradas, a las asociaciones, a los movimientos y al amplio mundo del voluntariado, comprometerse para contribuir a la evangelización en el mundo contemporáneo. La Jornada Mundial debe ser un fuerte llamamiento a compartir con los pobres y así a entender el Evangelio en su verdad más profunda.

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  • Atención Las opiniones de este sector son de la total responsabilidad de sus autores, Infodecom no se identifica necesariamente con las opiniones vertidas en esta sección
  • Autor Miguel Manzanera, S.J.

Papa Francisco celebró la Santa Misa este domingo XXXIII del Tiempo Ordinario en la Basílica de San Pedro, la primera “Jornada Mundial de los Pobres” (instituida por el Papa Francisco con la carta apostólica “Misericordia et misera” al final delJubileo extraordinario de la Misericordia).

Reflexionó sobre los dones y talentos de Dios, precisando que debemos reconocer que somos «talentosos» a los ojos de Dios. Por eso ninguno puede creerse tan pobre que no pueda dar algo a los demás”.

Así mismo el Santo Padre alertó sobre la indiferencia hacia los pobres que es el “mirar a otro lado cuando el hermano pasa necesidad, que por el contrario, nos hará bien acercarnos a quien es más pobre que nosotros, recordándonos lo que verdaderamente cuenta: amar a Dios y al prójimo. “Sólo esto dura para siempre, todo el resto pasa; por eso, lo que invertimos en amor es lo que permanece, el resto desaparece”.

A continuación la Homilía completa del Santo Padre.

Homilía del Papa Francisco

Tenemos la alegría de partir el pan de la Palabra, y dentro de poco de partir y recibir el Pan Eucarístico, que son alimento para el camino de la vida. Todos lo necesitamos, ninguno está excluido, porque todos somos mendigos de lo esencial, del amor de Dios, que nos da el sentido de la vida y una vida sin fin. Por eso hoy también tendemos la mano hacia Él para recibir sus dones.
La parábola del Evangelio nos habla precisamente de dones. Nos dice que somos destinatarios de los talentos de Dios, «cada cual según su capacidad» (Mt 25,15). En primer lugar, debemos reconocer que tenemos talentos, somos «talentosos» a los ojos de Dios. Por eso nadie puede considerarse inútil, ninguno puede creerse tan pobre que no pueda dar algo a los demás. Hemos sido elegidos y bendecidos por Dios, que desea colmarnos de sus dones, mucho más de lo que un papá o una mamá quieren para sus hijos. Y Dios, para el que ningún hijo puede ser descartado, confía a cada uno una misión.
En efecto, como Padre amoroso y exigente que es, nos hace ser responsables. En la parábola vemos que cada siervo recibe unos talentos para que los multiplique. Pero, mientras los dos primeros realizan la misión, el tercero no hace fructificar los talentos; restituye sólo lo que había recibido: «Tuve miedo —dice—, y fui y escondí tu talento en la tierra; mira, aquí tienes lo que es tuyo» (v. 25). Este siervo recibe como respuesta palabras duras: «Siervo malo y perezoso» (v. 26). ¿Qué es lo que no le ha gustado al Señor de él? Para decirlo con una palabra que tal vez ya no se usa mucho y, sin embargo, es muy actual, diría: la omisión. Lo que hizo mal fue no haber hecho el bien. Muchas veces nosotros estamos también convencidos de no haber hecho nada malo y así nos contentamos, presumiendo de ser buenos y justos. Pero, de esa manera corremos el riesgo de comportarnos como el siervo malvado: tampoco él hizo nada malo, no destruyó el talento, sino que lo guardó bien bajo tierra. Pero no hacer nada malo no es suficiente, porque Dios no es un revisor que busca billetes sin timbrar, es un Padre que sale a buscar hijos para confiarles sus bienes y sus proyectos (cf. v. 14). Y es triste cuando el Padre del amor no recibe una respuesta de amor generosa de parte de sus hijos, que se limitan a respetar las reglas, a cumplir los mandamientos, como si fueran asalariados en la casa del Padre (cf. Lc 15,17).
El siervo malvado, a pesar del talento recibido del Señor, el cual ama compartir y multiplicar los dones, lo ha custodiado celosamente, se ha conformado con preservarlo. Pero quien se preocupa sólo de conservar, de mantener los tesoros del pasado, no es fiel a Dios. En cambio, la parábola dice que quien añade nuevos talentos, ese es verdaderamente «fiel» (vv. 21.23), porque tiene la misma mentalidad de Dios y no permanece inmóvil: arriesga por amor, se juega la vida por los demás, no acepta el dejarlo todo como está. Sólo una cosa deja de lado: su propio beneficio. Esta es la única omisión justa.
La omisión es también el mayor pecado contra los pobres. Aquí adopta un nombre preciso: indiferencia. Es decir: «No es algo que me concierne, no es mi problema, es culpa de la sociedad». Es mirar a otro lado cuando el hermano pasa necesidad, es cambiar de canal cuando una cuestión seria nos molesta, es también indignarse ante el mal, pero no hacer nada. Dios, sin embargo, no nos preguntará si nos hemos indignado con razón, sino si hicimos el bien.
Entonces, ¿cómo podemos complacer al Señor de forma concreta? Cuando se quiere agradar a una persona querida, haciéndole un regalo, por ejemplo, es necesario antes de nada conocer sus gustos, para evitar que el don agrade más al que lo hace que al que lo recibe. Cuando queremos ofrecer algo al Señor, encontramos sus gustos en el Evangelio. Justo después del pasaje que hemos escuchado hoy, Él nos dice: «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40). Estos hermanos más pequeños, sus predilectos, son el hambriento y el enfermo, el forastero y el encarcelado, el pobre y el abandonado, el que sufre sin ayuda y el necesitado descartado. Sobre sus rostros podemos imaginar impreso su rostro; sobre sus labios, incluso si están cerrados por el dolor, sus palabras: «Esto es mi cuerpo» (Mt 26,26). En el pobre, Jesús llama a la puerta de nuestro corazón y, sediento, nos pide amor. Cuando vencemos la indiferencia y en el nombre de Jesús nos prodigamos por sus hermanos más pequeños, somos sus amigos buenos y fieles, con los que él ama estar. Dios lo aprecia mucho, aprecia la actitud que hemos escuchado en la primera Lectura, la de la «mujer fuerte» que «abre sus manos al necesitado y tiende sus brazos al pobre» (Pr 31,10.20). Esta es la verdadera fortaleza: no los puños cerrados y los brazos cruzados, sino las manos laboriosas y tendidas hacia los pobres, hacia la carne herida del Señor.
Ahí, en los pobres, se manifiesta la presencia de Jesús, que siendo rico se hizo pobre (cf. 2 Co 8,9). Por eso en ellos, en su debilidad, hay una «fuerza salvadora». Y si a los ojos del mundo tienen poco valor, son ellos los que nos abren el camino hacia el cielo, son «nuestro pasaporte para el paraíso». Es para nosotros un deber evangélico cuidar de ellos, que son nuestra verdadera riqueza, y hacerlo no sólo dando pan, sino también partiendo con ellos el pan de la Palabra, pues son sus destinatarios más naturales. Amar al pobre significa luchar contra todas las pobrezas, espirituales y materiales.
Y nos hará bien acercarnos a quien es más pobre que nosotros, tocará nuestra vida. Nos hará bien, nos recordará lo que verdaderamente cuenta: amar a Dios y al prójimo. Sólo esto dura para siempre, todo el resto pasa; por eso, lo que invertimos en amor es lo que permanece, el resto desaparece. Hoy podemos preguntarnos: «¿Qué cuenta para mí en la vida? ¿En qué invierto? ¿En la riqueza que pasa, de la que el mundo nunca está satisfecho, o en la riqueza de Dios, que da la vida eterna?». Esta es la elección que tenemos delante: vivir para tener en esta tierra o dar para ganar el cielo. Porque para el cielo no vale lo que se tiene, sino lo que se da, y «el que acumula tesoro para sí» no se hace «rico para con Dios» (Lc 12,21). No busquemos lo superfluo para nosotros, sino el bien para los demás, y nada de lo que vale nos faltará. Que el Señor, que tiene compasión de nuestra pobreza y nos reviste de sus talentos, nos dé la sabiduría de buscar lo que cuenta y el valor de amar, no con palabras sino con hechos.

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  • Fuente Infodecom

Se destinará el 50% de la colecta a Obras de Caridad. El Arzobispo de Santa Cruz, Monseñor Sergio Gualberti, convocó a toda la Iglesia a celebrar la “I Jornada Mundial de los Pobres” que instituyó el Papa Francisco. Será este domingo 19 de noviembre en todas las comunidades Parroquiales.

Monseñor Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz, comunicó la decisión del Consejo Episcopal y del Consejo de Vicarios Episcopales de nuestra Arquidiócesis, en una misiva dirigida a todos los Párrocos, Sacerdotes, Vida Consagrada, Laicos y comunidades cristianas de la Iglesia local.

El Prelado señala que es una “hermosísima oportunidad de encuentro con los pobres conscientes de que, como nos dice el Papa, “la verdadera caridad consiste en estar cerca, compartiendo el dolor y el sufrimiento de la enfermedad y de la marginación”

Aquí la comunicación con más detalles:

Santa Cruz, 07 de noviembre de 2017.

A: Todos los Párrocos, sacerdotes, vida consagrada, laicos y comunidades cristianas de nuestra Arquidiócesis de Santa Cruz

I JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES

Con verdadero corazón de pastor, el Santo Padre nos ha invitado a celebrar el próximo domingo 19 de noviembre de 2017 la I Jornada Mundial de los Pobres con el objetivo “en primer lugar, de estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro. Al mismo tiempo, la invitación está dirigida a todos, independientemente de su confesión religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad”.

Como Iglesia Católica en Santa Cruz, acogemos esta hermosísima oportunidad de encuentro con los pobres conscientes de que, como nos dice el Papa, “la verdadera caridad consiste en estar cerca, compartiendo el dolor y el sufrimiento de la enfermedad y de la marginación”.

De modo concreto, el Papa sugiere celebrar la Jornada Mundial de los Pobres de tres maneras: Haciendo que las comunidades cristianas, en ese día “se comprometan a organizar diversos momentos de encuentro y de amistad, de solidaridad y de ayuda concreta”; También sugiere que se pueda “invitar a los pobres y a los voluntarios a participar juntos en la Eucaristía de ese domingo, de tal modo que se manifieste con más autenticidad la celebración de la Solemnidad de Cristo Rey del universo, el domingo siguiente”; Y finalmente, propone que “en ese domingo, si en nuestro vecindario viven pobres que solicitan protección y ayuda, acerquémonos a ellos: será el momento propicio para encontrar al Dios que buscamos”.

Al ser el primer año de esta iniciativa, el Consejo Episcopal junto al Consejo de Vicarios Episcopales determinó que el 50% de la colecta de todas las misas del domingo 19 de noviembre, de todas las parroquias de nuestra Arquidiócesis de Santa Cruz, se destinen para una obra de caridad a los más necesitados.

Para tal efecto, lo recaudado en la colecta deberá entregarse en la oficina de economía del Arzobispado (C/Ingabi N°49) después de la Jornada Mundial de los Pobres, a la brevedad posible.

El Papa nos recuerda que “el fundamento de las diversas iniciativas concretas que se llevarán a cabo durante esta Jornada será siempre la oración” y nos anima a “Que esta nueva Jornada Mundial se convierta para nuestra conciencia creyente en un fuerte llamamiento, de modo que estemos cada vez más convencidos de que compartir con los pobres nos permite entender el Evangelio en su verdad más profunda. Los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio”.

Los invito a leer el mensaje del Papa para esta Jornada y a hacerla nuestra celebrándola con alegría, asumiendo el encuentro con los pobres como un estilo de vida del creyente.

Monseñor Sergio Alfredo Gualberti Calandrina

Arzobispo de Santa Cruz de la Sierra.

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  • Fuente Campanas - Iglesia Santa Cruz

CHILE

Lunes 15 de enero 2018. ROMA-SANTIAGO

8 horas: Partida en avión desde Roma/Fiumicino hacia Santiago

20:10 horas: Llegada al aeropuerto internacional de Santiago. Ceremonia de bienvenida

21 horas: Llegada del Santo Padre a la Nunciatura Apostólica

Martes 16 de enero 2018. SANTIAGO

8:20 h. Encuentro con las Autoridades, con la sociedad civil y con el Cuerpo Diplomático en el Palacio de la Moneda. Discurso del Santo Padre

9 h. Visita de cortesía al presidente en el Salón Azul del Palacio de la Moneda

10:30 h. Santa Misa en el Parque O’Higgins. Homilía del Santo Padre

16 horas: Breve visita al Centro Penitenciario Femenino Santiago. Saludo del Santo Padre

17:15 h. Encuentro con los sacerdotes, religiosos/as, consagrados y seminaristas en la Catedral de Santiago. Discurso del Santo Padre

18:15 h. Encuentro con los obispos en la Sacristía de la Catedral. Saludo del Santo Padre

19:15 h. Visita privada al Santuario de San Alberto Hurtado, SJ. Encuentro privado con los sacerdotes de la Compañía de Jesús

Miércoles 17 de enero 2018. SANTIAGO-TEMUCO-SANTIAGO

8 horas: Partida en avión del aeropuerto de Santiago hacia Temuco

10:30 h. Santa Misa en el Aeropuerto de Maquehue. Homilía del Papa Francisco

12:45 h. Almuerzo con algunos habitantes de la Aracaunía en la casa “Madre de la Santa Cruz”

15:30 h. Partida en avión desde el aeropuerto de Temuco hacia Santiago

17 horas: Llegada al aeropuerto de Santiago

17:30 h. Encuentro con los jóvenes en el Santuario de Maipú. Discurso del Santo Padre

18:30 h. Traslado en auto cerrado a la Pontificia Universidad Católica de Chile

19 horas: Visita a la Pontificia Universidad Católica de Chile. Discurso del Santo Padre

Jueves 18 de enero 2018. SANTIAGO-IQUIQUE-LIMA

8:05 horas: Partida en avión desde el aeropuerto de Santiago hacia Iquique

10:35 h. Llegada al aeropuerto internacional de Iquique

11:30 h. Santa Misa en el Campo Lobito. Homilía del Santo Padre

14 horas: Almuerzo con el Séquito Papal en la “Casa de retiros del Santuario Nuestra Señora de Lourdes” de los Padres Oblatos

16:45 horas: Llegada al aeropuerto de Iquique. Ceremonia de despedida

17:05 h. Partida en avión desde el aeropuerto de Iquique hacia Lima

PERÚ

Jueves 18 de enero 2018. SANTIAGO-IQUIQUE-LIMA

17:20 h. Llegada al aeropuerto de Lima. Ceremonia de bienvenida

Viernes 19 de enero 2018. LIMA-PUERTO MALDONADO-LIMA

8:30 horas: Encuentro con las autoridades, con la sociedad civil y con el Cuerpo Diplomático en el patio de Honor. Discurso del Santo Padre

9 horas: Visita de cortesía al presidente en el Salón de los Embajadores del Palacio de Gobierno

9:55 h. Partida en avión de Lima hacia Puerto Maldonado

11:45 h. Llegada al aeropuerto de Puerto Maldonado

12 horas: Encuentro con los pueblos de la Amazonía en el Coliseo Regional Madre de Dios. Discurso del Santo Padre

13 horas: Encuentro con la población en el Instituto Jorge Basadre. Saludo del Santo Padre

13:15 h. Almuerzo con los representantes de los pueblos de la Amazonía en el Centro Pastoral Apaktone

15:45 h. Visita al Hogar Principito. Saludo del Santo Padre

16:50 h. Partida en avión hacia Lima

18:40 h. Llegada al aeropuerto de Lima

19 h. Encuentro privado con los miembros de la Compañía de Jesús en la iglesia de San Pedro

Sábado 20 de enero 2018. LIMA-TRUJILLO-LIMA

7:40 h. Partida en avión hacia Trujillo

9:10 h. Llegada al aeropuerto de Trujillo

10 h. Santa Misa en la explanada costera de Huanchaco. Homilía del Santo Padre

12:15 h. Vuelta en papamóvil por el barrio “Buenos Aires”

15 h. Breve visita a la Catedral

15:30 h. Encuentro con los sacerdotes, religiosos/as, seminaristas de las circunscripciones eclesiásticas del norte del Perú, en el Colegio Seminario SS. Carlos y Marcelo. Discurso del Santo Padre

16:45 h. Celebración Mariana – Virgen de la Puerta en la Plaza de Armas. Discurso del Santo Padre

18:15 h. Partida en avión hacia Lima

19:40 h. Llegada al aeropuerto de Lima.

Domingo 21 de enero 2018. LIMA-ROMA

9:15 h. Rezo de la hora tercia con religiosas de vida contemplativa en el Santuario del Señor de los Milagros. Homília del Santo Padre

10:30 h. Oración a las reliquias de los santos peruanos en la Catedral de Lima. Oración  del Santo Padre

10:50 h. Encuentro con los obispos en el Palacio Arzobispal. Discurso del Santo Padre

12 horas: Ángelus en la Plaza de Armas. Ángelus del Santo Padre

12:30 h. Almuerzo con el Séquito Papal en la Nunciatura Apostólica

16:15 h. Santa Misa en la Base Aérea “Las Palmas”. Homilía del Santo Padre

18:30 h. Llegada al aeropuerto. Ceremonia de despedida

18:45 h. Partida en avión hacia Roma/Ciampino

Lunes 22 de enero 2018. ROMA

14:15 h. Llegada al aeropuerto de Roma/Ciampino

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  • Fuente Radio Vaticano

La mañana de hoy, 15 de noviembre de 2017, en la audiencia general, el Papa Francisco ha impartido la segunda catequesis sobre la Santa Misa en este nuevo ciclo.

Durante la catequesis, el Santo Padre reflexionó sobre la misa como “oración”, “porque es el encuentro de amor con Dios a través de su Palabra y del Cuerpo y la Sangre de Jesús. Es un encuentro con el Señor”.

Asimismo, explicó la importancia del silencio en la misa, pues "permanecer en silencio” es “prepararse al diálogo. Es el momento de recogerse en el corazón para prepararse al encuentro con Jesús”.

A continuación, el texto completo de la catequesis pronunciada por el Papa Francisco en la audiencia general.

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas: ¡buenos días!

Continuamos con las catequesis sobre la santa misa. Para entender la belleza de la celebración eucarística me gustaría comenzar con un aspecto muy simple: La misa es oración, de hecho, es la oración por excelencia, la más alta, la más sublime, y al mismo tiempo la más “concreta”. Porque es el encuentro de amor con Dios a través de su Palabra y del Cuerpo y la Sangre de Jesús. Es un encuentro con el Señor.

Pero, primero, tenemos que responder una pregunta. ¿Qué es la oración realmente? En primer lugar es ante todo diálogo, relación personal con Dios. Y el hombre ha sido creado como un ser en relación personal con Dios que halla su relación plena únicamente en el encuentro con su Creador. El camino de la vida es hacia el encuentro definitivo con el Señor.

El Libro de Génesis afirma que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, que es Padre Hijo y Espíritu Santo, una relación perfecta de amor que es unidad. De esto podemos entender que todos nosotros hemos sido creados para entrar en una relación perfecta de amor, en un entregarse y recibirse continuo para encontrar así la plenitud de nuestro ser.

Cuando Moisés, frente a la zarza ardiente, recibe la llamada de Dios, le pregunta cuál es su nombre, y ¿Qué responde Dios? : “Yo soy el que soy” (Éxodo 3:14). Esta expresión, en su sentido original, expresa presencia y favor, y, de hecho, inmediatamente después Dios añade: “El Señor, el Dios de vuestros padres, Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob” (v. 15). Así también Cristo cuando llama a sus discípulos, los llama para que estén con Él .Esta es, pues, la gracia más grande: poder experimentar que la misa, la eucaristía es el momento privilegiado para estar con Jesús, y a través de Él, con Dios y con los hermanos.

Rezar, como cualquier diálogo verdadero, es también saber permanecer en silencio, -en los diálogos hay momentos de silencio-, en silencio con Jesús. Y cuando vamos a misa, a lo mejor llegamos cinco minutos antes y empezamos a charlar con el que está al lado. Pero no es el momento de charlar: es el momento del silencio para prepararse al diálogo. Es el momento de recogerse en el corazón para prepararse al encuentro con Jesús. ¡El silencio es tan importante! Acordaos de lo que dije la semana pasada: no vamos a un espectáculo, vamos al encuentro con el Señor y el silencio nos prepara y nos acompaña. Permanecer en silencio junto con Jesús. Y del silencio misterioso de Dios brota su Palabra que resuena en nuestro corazón. Jesús mismo nos enseña cómo es realmente posible “estar” con el Padre y nos lo demuestra con su oración. Los Evangelios nos muestran a Jesús que se retira en lugares apartados para orar; los discípulos, al ver esta relación íntima con el Padre, sienten el deseo de participar y le preguntan: “Señor, enséñanos a orar” (Lc 11, 1). Lo hemos escuchado en la lectura antes del principio de la audiencia. Jesús responde que lo primero que se necesita para orar es saber decir “Padre”. Prestemos atención: si yo no soy capaz de decir “Padre” a Dios, no soy capaz de rezar. Tenemos que aprender a decir “Padre”, es decir, a ponernos en su presencia con una confianza filial. Pero para aprender, debemos reconocer humildemente que necesitamos que nos instruyan y decir con sencillez: Señor, enséñame a rezar.
Este es el primer punto: ser humilde, reconocerse hijo, reposar en el Padre, fiarse de Él. Para entrar en el Reino de los Cielos, es necesario hacerse pequeños como niños. En el sentido de que los niños saben fiarse, saben que alguien se preocupará de ellos, de lo que comerán, de lo que se pondrán, etc. (ver Mt 6: 25-32). Esta es la primera actitud: fiarse y confiar, como el niño con sus padres; saber que Dios se acuerda de ti, te cuida, a ti, a mí, a todos.

La segunda predisposición, que también es propia de los niños, es dejarse sorprender. El niño siempre hace mil preguntas porque quiere descubrir el mundo; y se maravilla incluso de las cosas pequeñas porque todo es nuevo para él. Para entrar en el Reino de los Cielos, hay que dejarse sorprender. En nuestra relación con el Señor, en la oración, -pregunto- ¿Nos dejamos maravillar o pensamos que la oración es hablar con Dios como hacen los loros? No; es fiarse, es abrir el corazón para dejarse maravillar. ¿Nos dejamos sorprender por Dios que es siempre el Dios de las sorpresas? Porque el encuentro con el Señor es siempre un encuentro vivo, no es un encuentro de museo. Es un encuentro vivo y nosotros vamos a misa, no a un museo. Vamos a un encuentro vivo con el Señor.

En el Evangelio se habla de un tal Nicodemo (Jn 3, 1-2), un hombre anciano, una autoridad en Israel, que va donde Jesús para conocerlo; y el Señor le habla de la necesidad de “nacer de lo alto” (véase vers. 3). Pero, ¿qué significa? ¿Se puede “renacer”? Volver a tener el gusto, la alegría, la maravilla de la vida, ¿es posible incluso frente a tantas tragedias? Esta es una pregunta fundamental de nuestra fe y este es el deseo de todo verdadero creyente: el deseo de renacer, la alegría de comenzar de nuevo. ¿Tenemos este deseo? ¿Cada uno de nosotros quiere renacer siempre para encontrar al Señor? ¿Vosotros tenéis este deseo? Efectivamente, se puede perder fácilmente porque, debido a tantas actividades, a tantos proyectos que realizar , al final nos queda poco tiempo y perdemos de vista lo que es fundamental: nuestra vida del corazón, nuestra vida espiritual, nuestra vida que es encuentro con el Señor en la oración.

En verdad, el Señor nos sorprende mostrándonos que Él también nos ama en nuestras debilidades. “Jesucristo […] es víctima de propiciación por nuestros pecados; no solo por los nuestros sino también por los del mundo entero (1 Jn 2: 2). Este don, fuente de verdadero consuelo, -pero el Señor siempre nos perdona- esto consuela, es un verdadero consuelo, es un don que se nos da a través de la Eucaristía, ese banquete nupcial donde el Esposo se encuentra con nuestra fragilidad, ¿Puedo decir que cuando comulgo en misa, el Señor se encuentra con mi fragilidad? Sí; ¡podemos decirlo porque es verdad! El Señor se encuentra con nuestra fragilidad para llevarnos de vuelta a la primera llamada:. La de ser a imagen y semejanza de Dios Este es el ambiente de la Eucaristía, esta es la oración.

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La Prefectura de la Casa Pontificia, dio a conocer que el Papa Francisco presidirá la Celebración de oración por la paz en Sudán del Sur y la República Democrática del Congo.

El jueves 23 de noviembre de 2017, a las 5.30 de la tarde, en el altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro, el Santo Padre presidirá una celebración de oración por la paz en Sudán del Sur y en la República Democrática del Congo. Han sido numerosos los llamamientos que el Pontífice ha lanzado en favor de estos dos países durante su pontificado.

Recientemente la FAO ha comunicado que, alrededor de 30 mil personas en Sudán del Sur han recibido el kit para el cultivo hortofrutícola financiados por una donación del Papa Francisco. Ya el pasado mes de febrero, a la hora del rezo del Ángelus dominical, el Obispo de Roma había lanzado un llamamiento por la paz en la República Democrática del Congo, afectada por la violencia y elevaba sus oraciones por toda las poblaciones que también en otras partes del continente africano y del mundo sufren a causa de la violencia y de la guerra.

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  • Fuente Radio Vaticano

En esta semana se está desarrollando la Asamblea General de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, USCCB, por su abreviatura en inglés, que tiene lugar todos los años en noviembre, en la ciudad de Baltimore.

Este año, se conmemoran los 100 años de la fundación de dicho cuerpo episcopal. Por tal razón, la Asamblea contó con la presencia del Secretario de Estado del Vaticano, Cardenal Pietro Parolin, quien tuvo a cargo la homilía de la Misa de apertura.

En dicha ocasión, el cardenal expresó que “la Iglesia en su país está abocada a brindar no solo asistencia material, sino también el balsamo espiritual de sanación, confort y esperanza a nuevas olas de migrantes y refugiados que llegan golpeando a la puerta de Estados Unidos”.

Sobre el liderazgo en la Iglesia, agregó: “ustedes, como cuerpo, han tomado iniciativas de gran perspectiva, como la Convocatoria de Líderes Católicos (en Orlando, Florida, en julio 2017, con 3.300 participantes), y los Encuentros nacionales de pastoral hispana, con el objeto de fomentar el diálogo y coorperación en todos los ámbitos vitales de la Iglesia en Estados Unidos. En este sentido, apuntan a conquistar ese espíritu misionero que el Papa Francisco considera el corazón de la nueva evangelización”.

Sobre el espíritu misionero en la Iglesia, el Cardenal Parolin expresó: “Permítanme citar aquí al Santo Padre directamente, cuando afirma en Evangelii Gaudium que sueña con una ‘opción misionera, capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación’. (#27)” “Si toda la Iglesia hace suyo el impulso misionero”, remató, “tiene que salir en busca de todos, sin excepción (cft. #48)”.

En su alocución en la noche del domingo de apertura de la Asamblea, recordó el Cardenal Parolin que el Santo Padre expresó el año pasado, al dirigirse a obispos estadounidenses, el desafío “de crear una cultura de encuentro, que motiva a individuos y a grupos a compartir la riqueza de nuestras tradiciones y experiencias, a derribar muros y a construir puentes. La Iglesia en Estados Unidos, como en todas partes, está llamada a abandoner la zona de confort, y a ser levadura de comunión”.

La Asamblea fue abierta oficialmente el lunes con una alocución del Nuncio Apostólico, el arzobispo Christophe Pierre. En la misma, se refirió a la importancia de ser apasionado en la evangelización, recordando que “en la Convocatoria de Líderes Católicos, el Cardenal Wuerl remarcó cuatro características del nuevo evangelista: coraje, conectividad, urgencia y alegría.“ Sobre la fuente que alimenta tal pasión, el Nuncio expresó que “tenemos que vaciarnos de nosotros mismos, de tantas distracciones que ofrece la vida moderna, para hacer lugar a Cristo y al Espíritu en las profundidades de nuestra existencia”.

Acto seguido tuvo lugar la presentación del presidente de la Conferencia Episcopal, Cardenal Daniel DiNardo, arzobispo de Galveston-Houston, en la que expresó que la agenda de la Asamblea refleja cuestiones fundamentales para la vida del país, como ser “cómo cuidar mejor de los enfermos, los no nacidos, los pobres, los inmigrantes y refugiados, los desempleados y los que tienen un empleo insuficiente, en ciudades y pueblos a lo largo y lo ancho de Estados Unidos. Pero para nosotros la pregunta es muy clara: como gente de fe, ¿cuál será nuestra contribución?” Y responde: “Quiero contestar inequívocamente: Nuestra contribución es siempre ser testimonios del Evangelio”, concluyendo que esa fue la forma de actuar de la Conferencia de Obispos, por cien años, y lo seguirá siendo por el próximo siglo.

Diversas comisiones episcopales presentaron un reporte ante la asamblea, de entre ellos, el arzobispo Wilton Gregory (Atlanta), sobre el trabajo de la comisión de Culto Divino; el Cardenal Daniel DiNardo (Galveston-Houston), sobre el 15º Sínodo de Obispos; el Cardenal Timothy Dolan (Nueva York), sobre el trabajo de la comisió Pro Vida; el Obispo Joe Vásquez (Austin), sobre los avances de la comisión de Migración; el Obsipo George Murry (Youngstown), sobre el comité ad hoc Contra el Racismo; y el Arzobispo José Gómez (Los Angeles) y el Obispo Joe Vásquez (Austin), como grupo de trabajo sobre Asuntos de Migración.

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  • Fuente Zenit