Martes, 12 Diciembre 2017

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Queridos amigos, escribo desde Pattaya, Tailandia; lugar donde se está realizando el XXV Capítulo General de la Congregación del Santísimo Redentor.

Antes de compartir con ustedes algunos recuerdos que considero relevantes, al conmemorar un año de la partida de nuestro querido Cardenal Julio a la Casa del Padre, quiero unirme a la oración de mi pueblo, que se ha congregado para esta  celebración de acción de gracias

 “Te damos gracias Padre,

por la vida de tu hijo + Julio Terrazas Sandoval,

a quien llamaste de este mundo a tu presencia,

concédele que así como ha compartido la muerte de Jesucristo,

comparta también con Él, la gloria de la resurrección”

 

(Oración por los difuntos, misal).

Recuerdo que el 11 de diciembre de 2015, un grupo de amigos del Cardenal nos reunimos en su casa para animarnos, reconfortarnos y para orar juntos por el tata Julio, entramos a su capilla, que por cierto es el centro de su casa, en la capilla uno puede encontrar los elementos centrales que guiaron la vida del Cardenal (el altar, el Santísimo, la cruz, el cuadro de la Virgen María, los vitrales, etc.), espacio sagrado  donde el Cardenal pasó muchas horas en oración, celebrando la Eucaristía y la Liturgia de las Horas. En resumen, allí se puede percibir que toda su vida espiritual, fue una estrecha comunión de un hijo con su Padre.

En la capilla del Cardenal está su escudo y su lema: “Servidor de todos”

escudo del cardenal

Si queremos saber la fuente de inspiración del Cardenal y el origen de una vida hecha don, simplemente abriendo la puerta de su capilla, podremos ver el vitral donde Jesús está de rodillas lavando los pies de sus discípulos.

 Imagen Cardenal

“Durante la cena... sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en una vasija y se puso a lavar los pies de los discípulos”. (Juan 13, 2-5)

Bíblicamente los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, nos relatan a Jesús celebrando la Pascua judía (la fiesta de los panes sin levadura), esta es una de las celebraciones más grandes del  pueblo elegido, que conmemora la salida de Egipto.

El Evangelio de San Juan, no hace una alusión directa a la Pascua judía o a la última cena, sin embargo, él nos habla de otro signo, de otro gesto, que es de suma importancia para nosotros, se trata del lavado de los pies. Es posible que San Juan haya dejado del lado el relato de la última cena para hacerle entender a los primeros cristianos que la celebración de la Eucaristía tenía el riesgo de convertirse en un simple rito, si no va unida a un ágape coherente, esto quiere decir amor y servicio; y este amor y servicio debe ser a ejemplo de Jesús… hasta dar la vida.

San Juan reactualiza el mensaje de la Eucaristía, recordando a los cristianos que la celebración de la Fracción del Pan,  nos invita a un compromiso que debe concretizarse en el servicio a los pobres y a los sencillos, hecho por amor; estos son los dos elementos centrales de nuestra participación en el Misterio Pascual.

La imagen del lavado de los pies es a su vez tan grande y tan sencilla, tan sublime y tan cercana, pues se trata del Hijo de Dios de rodillas lavando y sirviendo al ser humano. Esto es amor y servicio.

Ahora podemos entender por qué Jesús se pasó toda su vida haciendo el bien, curando a los enfermos, expulsando demonios, perdonando pecados, multiplicando los panes y los peces; todo esto porque Él ha sido enviado por su Padre para que todos tengamos vida plena y abundante.

 Jesús es el mensajero del Dios de la vida y de la historia, del Dios que ama con locura al ser humano y que a lo largo de toda nuestra historia, nos regala su gracia, su vida, su amor, su misericordia y su abundante redención.

Ahora está más claro porqué Jesús dijo: “El que quiera ser primero que se haga el último y el servidor de todos”. (Mc. 9, 35). Esto nos hace entender por qué nuestro Cardenal Julio asumió este mensaje, y lo asumió con todas sus consecuencias.

Tengo presente el día 15 de enero del 2000, cuando de manos del Cardenal Julio recibí la ordenación sacerdotal, la lectura del Evangelio fue Mateo 20, 25-27 “Ustedes saben que los jefes de la naciones dominan sobre ellas, y los poderosos le hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiere ser grande, que se haga servidor de ustedes; el que quiera ser el primero, que se haga su esclavo”. Recuerdo su cercanía, la elocuencia de sus palabras y la profundidad de su mensaje, cuando nos repitió a todos la importancia de la dimensión del servicio, que se debe desarrollar de una manera humilde y sencilla para que no se transforme en arrogancia, ni atropello hacia los demás.

Al terminar nuestra oración en la capilla pasamos al comedor para compartir algunas ideas. Lo interesante es que en el centro de su comedor  está un hermoso cuadro pintado por la Sra. Ejti Stih, en el cual Jesús está presidiendo la Última Cena,  en la mesa hay hombres y mujeres, que representan los diferentes pueblos y culturas de Bolivia, hay “un supuesto Judas” que mira hacia otro lado, hay un niño que ofrece los panes y ahora es el Cardenal quien está lavando los pies.

 Imagen Cardenal Mesa

La Sra. Ejti Stih, como sólo saben hacerlo los artistas, ha sido capaz de expresar de una manera armoniosa y bella, al discípulo que continúa la obra del Maestro.

De este cuadro he escuchado muchísimos comentarios que tienen una riqueza extraordinaria, pero un episodio que me sorprendió, fue el de una voluntaria española, que al ver el cuadro derramó lágrimas de alegría porque se sintió representada por las mujeres entorno a la mesa con Jesús; y también del hecho de que sea un niño el que presenta los panes, es una hermosa alegoría de la familia, de la vida y del pan nuestro de cada día.

El 1 de septiembre del 2004, el Cardenal Julio Terrazas fue delegado del Santo Padre Juan pablo II, al X Congreso Eucarístico Nacional, en Corrientes, Argentina, donde pronunció dos homilías que fueron las más aplaudidas y comentadas, textualmente dijo: “Hay aún entre nosotros muchísimos hermanos y hermanas que no han recibido el Pan de Vida, hay hambre de la Palabra, hambre del Cuerpo y la Sangre del Señor. Hambre de dignidad, libertad, respeto, justicia, trabajo y educación. Hambre que no se sacia con actos de terrorismos, ni con enfrentamientos entre hermanos. En una palabra, hambre de dignidad humana y de hijos de Dios. Hambre de la Palabra, la de Jesús que marca el camino, que da seguridad, valentía y esperanza; Palabra que no defrauda en medio de tantas palabras vacías, llenas de mentiras, ilusiones que confunden, desorientan, originan crisis de valores, eliminando los principios básicos de la moral y la ética”.

Tengo presente, la sintonía automática que se creó entre el pueblo argentino y el Cardenal boliviano, un Cardenal que decía las cosas claras y que era capaz de hacer suyo el clamor de un pueblo que tiene hambre, que sólo puede ser saciado por Jesús que tiene palabras de vida eterna. A pesar de ser interrumpido por los aplausos, el Cardenal  continuó: “Nuestra fe en la Eucaristía no debe ceder ante el desconcierto de ciertos ritualismos vacíos que privan nuestra vida y compromiso de la fuerza que brota de esta fuente de vida eterna. El Señor de la Eucaristía nos vuelve a decir: El que venga a mí no tendrá hambre, el que cree en mí no tendrá sed”. (Juan 6, 35)

Para el Cardenal Julio era impensable celebrar una Eucaristía sin que esta  transforme nuestras vidas y nos lleve a un compromiso. El concebía la Eucaristía como la celebración en torno a la mesa del Señor, pero: “Una mesa abierta a todos, con manjares de vida abundante, que no solo reconfortan, sino urgen a la unidad, a la reconciliación, a la solidaridad, y a nuevos compromisos exigidos por los desafíos del hoy de nuestra historia… porque los que tienen hambre y sed de justicia no pueden esperar indefinidamente”.

Nuestro Cardenal de la manera más sencilla y elocuente unificó Eucaristía y misión como un binomio inseparable. Remarcando que la Eucaristía sin misión se reduce a meros intimismos, y la misión sin Eucaristía son activismos estériles.

Estar sentados en la mesa del Cardenal, era traer a nuestra memoria cantidades de recuerdos, anécdotas, acontecimientos que marcaron nuestra vida, y a pesar de la tristeza que había en nuestros corazones, brotaba de nuestro ser una profunda gratitud: “Gracias padre Julio por su amistad, por su cercanía, sus gestos, su sonrisa, su buen humor, e incluso gracias por sus llamadas de atención”.

Gracias por habernos recibido siempre con los brazos  abiertos, símbolo de la generosidad de su corazón, amistades que supo construir  y cuidar a largo de todo el territorio nacional y fuera de nuestras fronteras, como la  amistad que cultivó con el Cardenal Jorge Bergoglio, Arzobispo de Buenos Aires.

A pesar de la distancia, de la diferencia de lugares y situaciones particulares, el Espíritu de Dios ha guiado la vida de los cardenales Bergoglio y  Terrazas de una manera extraordinaria o mejor dicho ellos dejaron que el Espíritu de Dios transforme sus vidas.

Lo anecdótico es que uno de los anfitriones del X Congreso Eucarístico en Argentina, fue el Cardenal Jorge Bergoglio, hoy Papa Francisco, con quien nuestro Cardenal construyó una auténtica amistad. Podemos ver en ellos asombrosas coincidencias de pensamiento, compromisos, líneas pastorales y voz profética. Por ejemplo en una homilía en Santa Marta (Ciudad del Vaticano), el Papa tuvo el coraje de llamar la atención a los Ministros de la Iglesia, recordándonos que estamos llamados a vencer las tentaciones mundanas que hoy arruinan el testimonio de la Iglesia. El camino que todos tenemos que seguir, es el que nos presenta Jesús, cuando nos dice: “El que quiera ser el más grande que sea haga el último y el servidor de todos”. (Mc. 9, 35)

“El más grande es el que sirve, el que está al servicio de los otros, no el que se vanagloria, que busca poder, dinero… vanidad, orgullo. No, estos no son los grandes. Jesús afirma que ha venido al mundo para servir, no para ser servido” (P. Francisco).

En su visita a Cuba, el Santo Padre insistió diciendo, que la invitación al servicio posee una peculiaridad a la que debemos estar atentos, servir significa en gran parte, cuidar la fragilidad: “Cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestros pueblos. Son los rostros sufrientes, desprotegidos y angustiados, a los que Jesús propone mirar e invita concretamente a amar. Amor que se plasma en acciones y decisiones… el servicio siempre mira el rostro del hermano, toca su carne, siente su projimidad y hasta en algunos casos, la padece y busca su promoción. Por eso nunca el servicio es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a las personas”. (P. Francisco)

Ahora recordarán la visita del Papa Francisco al Cardenal Julio que se encontraba en una clínica, no fue una visita protocolar, sino el encuentro de dos amigos, hermanos en la fe y servidores del Reino.

El Cardenal Julio, ha sido un hombre de fe, un Redentorista, un hermano, un amigo, un Obispo, un profeta, un pastor; su compromiso, su obra, sus mensajes, fueron una clara respuesta a este Jesús que nos dijo que: “No hay alegría más grande que el de dar la vida por sus amigos” (Juan 15, 13).  De ahí que su vida ha dado tantos frutos, en tantos diversos aspectos que han iluminado la vida de nuestra Iglesia y la vida de nuestro país.

 El Cardenal Julio, fue un vallegrandino que por amor a Dios y a su pueblo realizó un servicio no solamente a la Iglesia local y nacional sino, latinoamericana y universal.

El Cardenal es un mensajero de Buenas Nuevas para los sencillos y los humildes y ha sido un testigo firme y lleno de coraje frente a las dificultades, los conflictos, los insultos y las calumnias.

La prioridad y la urgencia era para él, la construcción del Reino de Dios, una vida plena, una paz con justicia social, una libertad sin ningún tipo de cadenas y una fraternidad sin odios ni racismos.

Finalmente entre el grupo reunido para compartir entorno a la mesa del Tata Julio, se suscita una interrogante, ¿Qué hacer con la riqueza de este legado?, de ahí el reto de crear la “Casa del Padre Julio”, que no es solamente para guardar algunos objetos personales que son de valor espiritual, sino para que juntos podamos investigar, reflexionar y apropiarnos de su legado, iluminar nuestra realidad y compartirlo con las futuras generaciones.

En muchos aspectos de nuestra vida su mensaje y testimonio nos pueden iluminar, nos interpelan y nos ayudan a construir una Bolivia digna para todos y sin ningún tipo de exclusión.

Es un reto que juntos reflexionemos temas tan fundamentales como:

ü  El Cardenal y el Reino de Dios

ü  El Cardenal y la Iglesia

ü  El Cardenal y la Justicia Social

ü  El Cardenal y los Laicos

ü  El Cardenal y los Movimientos Cívicos

ü  El Cardenal y la Pastoral Juvenil

ü  El Cardenal y los Sínodos

ü  El Cardenal y la Pastoral Social

ü  El Cardenal y los Derechos humanos

ü  El Cardenal y la Profecía

ü  El Cardenal y las comunidades de base…

Hoy podemos dar gracias a Dios porque nos envió un profeta, testigo del Dios de la Vida, de la Misericordia y de la Paz. Un testigo que vivió de la manera más radical y creativa las palabras que están grabadas en su lema y en su corazón. “Servidor de todos”.

Cardenal ultima cena

 

P. Boris Calzadilla Arteaga, C.Ss.R.

 

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  • Atención Las opiniones de este sector son de la total responsabilidad de sus autores, Infodecom no se identifica necesariamente con las opiniones vertidas en esta sección
  • Autor P. Boris Calzadilla

Los sacerdotes bolivianos que se encuentran en Roma celebraron una misa recordando al Cardenal Julio Terrazas y los seres queridos que ya partieron a la Casa del Padre, entre ellos el P. Crispín Borda y el P. Carlos Riveros. 

La misa fue celebrada en la Capilla del Hospital San Juan de Dios y asistieron un grupo de residentes bolivianos en la ciudad de Roma. 

Fue un momento de confraternidad donde se dio la bienvenida a los nuevos sacerdotes que han llegado a estudiar a Roma y también se despidió al P. Gonzalo Quisbert que regresa a su arquidiócesis después de sus estudios.

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  • Fuente Infodecom

por Ariel Beramendi*

Julio Cardenal Terrazas no dejó grandes textos escritos o grandes publicaciones de teología; su teología pensada y actuada en lo cotidiano y esto permitió dejarnos un legado importante a través del testimonio vivido como un pastor cercano a su realidad. Recordando los días de su agonía y de su paso de esta vida a la Eternidad no podemos ignorar las grandes y masivas expresiones de cariño de un pueblo que despedía a su pastor. Seguramente su memoria permanecerá viva porque será transmitida de generación en generación.

Entre los pocos textos escritos que dejó uno de estos es el libro que tuve la suerte de escribir con él: "Coloquios con el Cardenal Julio Terrazas" (Kipus 2011). Este pequeño libro entrevista nació gracias a que en una conversación me atreví a sondear y a proponer al Cardenal Julio la redacción de un libro que recogiera varias de sus entrevistas y que sobre todo él se dejara indagar sobre aspectos más personales para plasmarlos en un libro; meses antes (noviembre 2010) se había publicado el libro entrevista "La luz mundo" en el que Benedicto XVI respondía libremente a las preguntas que planteaba el entrevistador; así que el Cardenal Julio, que no amaba las entrevistas periodísticas, aceptó el reto.

Esta pequeña obra testimonia la personalidad y el pensamiento de uno de los pastores más amados del pueblo boliviano; sin embargo, antes que el libro viera la luz, fue revisado por él mismo y por algunos de sus colaboradores, aun así hubo instancias gobernativas que criticaron vehementemente su lectura de la realidad.

Cuando le pregunté sobre su testamento espiritual y cómo quisiera que la gente lo recordar, me confesó que tenía cierta dificultad para escribir pensando en el futuro y me confió que desde muy joven se dio cuenta que tenía un "don" que tenía que cultivar. «Saqué buena nota en literatura y sin estudiar mucho; estaba en el seminario de los Redentoristas en Chile, entonces el profesor de literatura me encomendó decir algunas palabras de saludo a los ex alumnos del Seminario y así lo hice; mi profesor vio que tenía facilidad para la oratoria y me dijo "tiene que cultivar eso, ese será su instrumento de trabajo como misionero Redentorista" y sirvió no sólo como misionero Redentorista sino durante el servicio como sacerdote, como Obispo y finalmente en el servicio Cardenalicio» me contó.

En efecto Julio Terrazas, con los años, cultivó el don de la elocuencia que lo hará recordar también como un gran comunicador. Las grandes homilías y predicaciones desde un altar fueron uno de sus instrumentos más potentes para llevar adelante el profetismo que lo caracterizó. Sin embargo, no se trataba de reflexiones improvisadas, es decir que Terrazas aprendió a discernir los signos de los tiempos, ayudado por el estudio de la Palabra de Dios, la crítica de la realidad y el diálogo con sus agentes de pastoral y sacerdotes - con los que se reunía semanalmente al calor del Evangelio dominical -. Había en él una curiosidad innata de comprender la cultura y los códigos de las nuevas generaciones expresadas a través del arte popular y los movimientos urbanos; así este pastor era capaz de traducir el mensaje del Evangelio en el lenguaje de la gente, recogiendo las frustraciones y las esperanzas del Pueblo de Dios al que pastoreaba.

Gracias al trabajo de sus colaboradores las homilías del Cardenal Julio Terrazas han quedado registradas en diversos formatos (audio, textos y videos), es un material que debería ser recolectado y clasificado para sistematizar el profundo pensamiento teológico que este pastor ha aportado, no sólo a la Iglesia Latinoamericana, sino a la Iglesia Universal. Si bien, el lenguaje oral es tan distinto al escrito, todo este acervo podría ser contextualizado en los distintos momentos sociales e históricos que le tocó vivir como arzobispo y como presidente de la Conferencia Episcopal de Bolivia. Sus palabras, por tanto, no representaban su postura personal sino la respuesta del episcopado boliviano.

La memoria de Cardenal Julio Terrazas aún están muy vivas entre nosotros. No dejemos pasar mucho tiempo para ofrecerlas y facilitarlas a las próximas generaciones.

*Ariel Beramendi es comunicador social y doctor en teología

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  • Autor Autor: Ariel Beramendi

Nos hemos reunidos en la Iglesia Catedral al finalizar el mes de la partida a la Casa del Padre del Cardenal Julio Terrazas Sandoval, para recordarle en la fe y dar gracias al Dios de la vida, a quien, durante tantos años, fue nuestro Pastor y Obispo, guía espiritual, hermano mayor y amigo entrañable, así inició su homilía Mons. Braulio Sáez quien presidió la Celebración Eucarística, el sábado 9 de enero a las 18:00 horas en la Catedral. La misa fue concelebrada por: Mons. Estanislao Dowlaszewicz, Mons. René Leigue, Obispos auxiliares de la Arquidiócesis de Santa Cruz, Mons. Roberto Flock, Obispo Auxiliar de Cochabamba y Sacerdotes del Clero cruceño. También participaron de esta celebración en memoria de nuestro Cardenal, religiosas, religiosos, agentes de pastoral, familiares, amigos y muchos fieles que llegaron de distintos lugares de Santa Cruz.

Mons. Braulio expresó que no era fácil traer a la celebración tantas experiencias vividas con el Cardenal, y que a medida que pasan los días de la partida surgen nuevos recuerdos y se extraña más su palabra y su presencia.

EL DIOS DE LA VIDA, JESUCRISTO BUEN PASTOR, LA IGLESIA, LOS POBRES Y LAS VOCACIONES, fueron el ideario del ministerio pastoral del Cardenal Terrazas y que traicionaríamos su mensaje y su ministerio sino las recordáramos constantemente. Julio Terrazas fue en primer lugar buscador de Dios y fue alcanzado por él y dedicó toda su vida a la causa de Dios que no es otra causa que la vida, y defender la vida es defender los valores humanos, la justicia, la explotación de tantos hermanos que viven cada día junto a nosotros. Sabemos que todo esto le trajo muchas persecuciones y sinsabores. Hoy él goza de esa vida en plenitud por la que tanto luchó, manifestó el Obispo auxiliar.

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  • Fuente Fuente: Infodecom

Compartimos con todo el texto completo de esta sentida homilía dirigida al pueblo de Dios, en honor del Cardenal Julio: SERVIDOR DE TODOS

Queridos hermanos y hermanos, les invito a mirar y vivir estos momentos de dolor, a la luz y en el gozo del misterio pascual, que nos inunda de esperanza cristiana para que no nos quedemos sumidos en la tristeza como aquellos que no creen.
“Yo sé que mi redentor vive…. Yo mismo lo veré, lo contemplarán mis ojos”.

Nuestro querido Cardenal Julio Terrazas, ahora descansa de sus muchas fatigas y participa ya del cielo nuevo y la tierra nueva, viendo y contemplando con sus ojos a Cristo resucitado y glorioso, el vencedor de la muerte que hace nueva todas las cosas. Al reunirnos todos nosotros a la luz de esta consoladora verdad, hagamos que esta eucaristía sea un himno al Dios de la vida y acto de gratitud al Señor Jesús por el don del Cardenal a la Iglesia y a nuestro país.

Esta tarde quisiera compartir algunos aspectos sobresalientes de la vida del Cardenal, no como una apología, ya que no respondería al estilo y modo de ser que lo ha distinguido a lo largo de toda su vida, pero sí, como un testimonio que le debemos para que su figura de cristiano, padre y pastor quede en nuestra memoria como ejemplo a seguir.

“Servidor de todos“, es el lema que él eligió al momento de iniciar su ministerio episcopal y que ha caracterizado toda su vida y ministerio, dando unidad a su pensamiento, sus palabras y su actuación. En ocasión de sus 50 años de sacerdocio así escribió: “Procuré hacerlo siempre sirviendo a todos “lejanos y cercanos”. ¡Sí, el Cardenal Julio sirvió a todos!

“Dichosos los que tienen hambre y sed de vivir conforme al plan de Dios, porque él los saciará”.

Él ha sido un verdadero servidor de todos porque, siguiendo los pasos de Jesús, ha tenido hambre y sed de servir al plan de justicia y de amor de Dios, como su servidor fiel y entregado.

Desde muy joven se encontró con el Señor, puso su confianza en él, escuchó su llamada, dejando Vallegrande, su querido pueblo natal, sin jamás perder su identidad. Optó jugarse la vida por Dios y su causa, el Reino, en la congregación de San Alfonso. Dios y su Palabra fueron el constante e infaltablepunto de referencia a lo largo de toda su existencia y en el ejercicio del ministerio pastoral. La Palabra, acogida, meditada y vivida ha sido la verdadera fuerza de su predicación, más allá de sus grandes dotes de predicador. Todos tenemos muy presente el gesto tan suyo en las homilías: el Evangelio en una manoy con la otra reforzando las enseñanzas que iba dando.

Fue el misionero entusiasta, con una amplia y profunda formación humana y teológica, que anunciaba el Evangelio con tanta pasión y con la palabra convincente que venía del corazón y de su experiencia de Dios: El Dios de Jesucristo en quien creía firmemente, el Dios de la vida, su expresión favorita, el Dios de los pobres, de los sufridos y de los últimos

“Dichosos los mansos, porque recibirán consolación”. En los muchos momentos difíciles de su vida, por su larga y dolorosa Vía Crucis de la enfermedad, por los problemas relacionados a su responsabilidad, por las incomprensiones y los ataques injustos de los que en varias ocasiones fue hecho blanco, tuvo siempre la serenidad y fortaleza para seguir firme cumpliendo la voluntad de Dios, gracias a su corazón dócil a Jesucristo, el Buen Pastor.

Un testimonio conmovedor: en los últimos días, ya postrado en su lecho del dolor, con una voz flébil apenas inteligible murmuraba casi ininterrumpidamente oraciones a Dios: gracias Señor, Aleluya, Señor ten piedad, haciendo ademán de bendecir levantando apenas su mano. En toda su larga enfermedad, ha dado ejemplo luminoso de una fortaleza espiritual insospechada que asombró incluso al equipo médico que con tanto desprendimiento lo estaba cuidando.

Justamente por ser servidor fiel de Dios, ha sido también un iluminado y entregado Servidor de la Iglesia.

Cuantos desvelos y esfuerzos ha puesto para que la Iglesia fuera fidedigna semilla del Reino de Dios. Siempre ha trabajado denodadamente para que el pueblo de Dios crezca en la unidad y viva la comunión, como un urgente testimonio y servicio a un mundo dividido y enfrentado. En este cometido, convocó al II Sínodo Arquidiocesano de Santa Cruz, cuyas líneas pastorales siguen guiando su caminar.

Sus palabras: ”Doy gracias con ustedes por el sacerdocio de Cristo en la Iglesia”. Como sacerdote que amó su vocación, prestó una atención privilegiada a las vocaciones religiosas y sacerdotales, atención que lo motivó a construir el nuevo Seminario Mayor San Lorenzo. No fueron solamente obras, sino que atendía personalmente con gran esmero y de cerca a los seminaristas y sacerdotes, con auténtico espíritu de auténtico Padre y Pastor.

Cuidó con especial esmero los encuentros y celebraciones multitudinarias de Semana Santa, de Corpus Christi y de la Virgen de Cotoca, en las que puso en evidencia el gran valor de la piedad popular, como espacio privilegiado de evangelización.

Las grandes dotes humanas y sacerdotales con las que el Señor le bendijo, extendieron sus beneficios más allá de la Arquidiócesis al servicio de la Iglesia en Bolivia. Entre sus desvelos pastorales, los jóvenes, la Pastoral Juvenil y los laicos fueron los predilectos, animándoles a ser protagonistas en la Iglesia y sociedad.

En esa labor, tuvo una participación activa en el Sínodo de Obispos sobre los Laicos en 1987.

En los distintos períodos de Presidente de la CEB, guio con agudeza y tesón a la Iglesia ante los rápidos cambios sociales, culturales y políticos que han ido caracterizando la vida de nuestro pueblo a lo largo de estas décadas. Creyendo sinceramente en la comunión eclesial, fortaleció los lazos de Hermandad con las diócesis de Tréveris e Hildesheim en Alemania en un intercambio fructuoso de experiencias y vivencias pastorales.

“Dichosos los que trabajan por la paz, por él los aceptará como sus hijos”.

Sirvió también a la Iglesia en América Latina, como Presidente del Departamento de Justicia y Solidaridad del CELAM, participando de las Conferencias de Santo Domingo y Aparecida, y como Moderador del Consejo latinoamericano y Caribeño de Líderes Religiosos por la Paz, dando un testimonio vivo de su vocación de hombre de paz. No la paz de los cementerios, como él solía afirmar, sino la paz cimentada sobre la justicia, la libertad, la verdad y el amor.

Al elevarlo a la dignidad cardenalicia el Papa Juan Pablo II le manifestó toda su estima pidiéndole compartir la responsabilidad de pastorear a la Iglesia Universal, en la Comisión Pontificia para A.L.

Sobre todo, tuvo la gracia de participar en los dos cónclaves que han regalado a la Iglesia dos entrañables pastores: el Papa emérito Benedicto XVI y el Papa Francisco, con quien le unía una sincera y larga amistad. Todos hemos sido testigos del cariño y aprecio que le demostró el Papa al visitarlo en la clínica durante su enfermedad.

En su servicio, no se limitó al pueblo de Dios, sino que se entregó también a nuestra sociedad sin restricción alguna, como eminente y fiel Servidor del hombre. El Señor le concedió una particular perspicacia y sabiduría en discernir los signos de los tiempos, descubrir en ellos los designios de Dios en los acontecimientos de la historia.

Su gran amor al ser humano, a la vida y vicisitudes de las personas y de la sociedad, en todos los ámbitos donde se juega el presente y el futuro, lo hicieron protagonista indiscutible en la vida de nuestro país. En todas sus predicaciones y mensajes, desde los tiempos de las dictaduras hasta su última intervención pública, fue el pregonero y estrenuo defensor de la dignidad del hombre, y de los valores y principios humanos y cristianos. Cada vez que la situación lo requería, hizo escuchar su palabra profética, valiente y clara en resaltar el brotar del Evangelio en la vida de nuestro pueblo, pero también en denunciar todo lo que era contrario al Plan de Dios.

“Dichosos los que tienen espíritu de pobre, porque a ellos pertenece el Reino de los cielos”.

Siguiendo el ejemplo de Jesús, estuvo siempre a lado de los pobres y marginados, los animó a ser sujetos de su historia y de su liberación, y los defendió con gran coraje ante las injusticias de una sociedad desigual y excluyente, buscando salvaguardar, en esos rostros humillados y sufridos, la mancillada imagen del Dios de la vida.

“Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios”. Su mirada era limpia, su palabra directa y su espíritu entero y sin doblez. Sus intervenciones tenían la única preocupación de alertar y orientar a las conciencias desde el Evangelio, en nuestra sociedad marcada por tantos signos de muerte, y de colaborar en promover una convivencia justa y pacífica entre bolivianos. Así también lo escribió: “Dios me regaló este tiempo para anunciar a “Cristo nuestra paz y justicia nuestra”.

“Dichosos ustedes cuando los insulten, los persigan y, mintiendo, digan toda clase de mal contra ustedes por mi causa”.

Su compromiso indefectible y constante a favor de los últimos y de su dignidad, y su denuncia del narcotráfico, la corrupción y la justicia amañada, provocó reacciones por parte de personas y grupos de poder que, movidos por intereses mezquinos o por ideologías totalitarias, no le ahorraron amenazas y ataques. Se buscaba amedrentar y acallar al profeta, la voz de los sin voz, so pretexto que la Iglesia tendría que estar encerrada en la sacristía.

Pero él no se calló, porque en él pudo más la fuerza y el valor del Dios de la vida y de la verdad: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”.

Estoy seguro que, en este momento, todos ustedes aquí presentes, quisieran decir lo mucho que lo han querido y apreciado, lo mucho que han recibido del Cardenal y lo que ha significado en su vida personal, en la de la Iglesia y en la vida de nuestro país. Todos llevamos en nuestro corazón una palabra, un gesto, una sonrisa del Cardenal Julio, el “Servidor de todos”, ejemplo que ilumina nuestras mentes y corazones, despierta nuestra esperanza, y alienta nuestro camino hacia la casa común del Padre.

Nos sostiene la esperanza de que en Cristo, la vida no termina con la muerte, se trasforma, y tenemos la certeza de que el querido Cardenal Julio, al cruzar el umbral de la muerte “vio la luz. La luz que entraba por todas las ventanas de su vida. Vio que el dolor precipitó la huida y entendió que la muerte ya no estaba”, como recita una poesía del P. Martín Descalzo ya enfermo de cáncer.

Conservemos con celo su recuerdo, pero sobre todo hagamos nuestro su testimonio y compromiso de trabajar por una sociedad más honesta, justa, libre y fraterna, a la luz de la palabra del Dios de la vida.

Digamos gracias al Señor de todo corazón por habernos regalado el querido Cardenal Julio, y a él le decimos sencillamente que “Dios te lo pague” recibiéndote en su Reino de luz y de paz como el “Servidor de todos” bueno y fiel. Amén.

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  • Fuente Fuente: Infodecom

En una entrevista concedida al diario La Razón de La Paz, el sacerdote de formación jesuita Hugo Ara destacó la inteligencia, la hospitalidad y liderazgo del Purpurado vallegrandino. El Cardenal boliviano dejó un ‘testamento espiritual’ para la reflexión de los católicos, a continuación le presentamos la entrevista inextensa sobre el purpurado. 

— ¿Qué recuerda del Cardenal?

— A la persona humana, hospitalaria, acogedora y con sentido del humor. Siempre, cuando uno llegaba a su casa, se alegraba por la visita y casi no lo dejaba salir. Cuando celebrábamos su cumpleaños, la ordenación de un compañero sacerdote u otros acontecimientos, era el primero en organizar la fiesta, entonces fue un hombre con una calidad extraordinaria.

También era un hombre de fe, en todo momento nos hablaba de un Dios que está cercano a la realidad del ser humano. Era inteligente, intuitivo, profundo, con gran capacidad de percepción y visionario. Nos pedía siempre estar actualizados y responder a los desafíos de la situación de vida.

— ¿Y en el ámbito político?

— Era un hombre que defendía la verdad, por eso mismo tuvo grandes dificultades. Él fue incomprendido, perseguido en varios gobiernos y en varias oportunidades de la historia. Por ejemplo, cuando defendió la cuestión de la democracia frente a las dictaduras militares; cuando defendió otras visiones e ideologías también fue condenado.

— ¿Cuándo lo conoció?

— Lo conocí cuando yo era muy joven. Él era obispo auxiliar de La Paz y responsable de la Pastoral Juvenil, y yo estaba estudiando en Cochabamba. Lo conocí en los encuentros de la pastoral juvenil y me impactó siempre esa capacidad y fuerza que tenía para enamorar a la juventud. Todo el mundo quedaba impactado con su personalidad, era un líder. Tuve la suerte de estar cerca de él.

— ¿Cómo eran sus homilías? ¿Cómo las preparaba?

— Tenía la capacidad de mirar con profundidad la vida que nos envuelve con penas y alegrías, y esto junto a su inteligencia le permitían hilar las ideas, no había nada escrito. Hace 18 años él inventó una reunión maravillosa que se realiza todos los viernes, a las 21.00 y durante una hora, para reflexionar la palabra de Dios y sobre lo que se va a predicar el domingo. Ésta es una manera de preparar la homilía. Los sábados el cardenal Julio se retiraba para hacer una reflexión de todo lo que iba a decir el domingo.

— ¿Recuerda alguna anécdota?

— Más que anécdota, la vida con él siempre ha sido de exigencia. A veces no era fácil porque siempre quería la excelencia: que sea un buen cura, inteligente y un hombre bueno. Recuerdo que le gustaba que le canten My Way (inmortalizada en 1969 por Frank Sinatra y Paul Anka) en cada reunión, especialmente en su cumpleaños.

— ¿Y cómo celebraba el Cardenal su onomástico?

— Su cumpleaños era el 8 de junio y era bien festejado, al estilo vallegrandino. Estuvo arraigado a su pueblo porque siempre se refería a Vallegrande con mucho cariño y disfrutaba mucho de esa cultura: las coplas, la comida, el durazno. Sus cumpleaños eran festejados de esa manera, con mucho canto y comida que llegaba de la gente de comunidades y barrios.

— ¿Cuáles eran las principales preocupaciones del prelado?

— Siempre estaba preocupado de que la fe y la vida estén divorciadas en el mundo. También de los pobres, especialmente de los niños, por eso creó el hogar San Lorenzo, para sacar a los niños de la cárcel de Palmasola. Le preocupaba la pasividad de los cristianos, él decía que entre nosotros podíamos gestar muchas cosas buenas.

— ¿Cuándo fue la última vez que conversaron?

— El viernes (4 de diciembre) conversamos un poco porque estaba delicado; en medio de eso hacía bromas y hablamos sobre este momento (su muerte). Tenía mucha dificultad para hablar, me decía que siempre hay que ser obedientes y fiel, aceptar la voluntad de Dios. Le dije: “Te queremos mucho y estamos agradecidos por todo lo que has hecho por nosotros y lo que nos has dado, incluso los que te criticaron te admiran”.

— ¿Cuáles fueron sus obras y proyectos sociales?

— El domingo vamos a celebrar 20 años de uno de sus proyectos, Diakonía, de donde ha salido mucha gente formada en comunicación, que era también una de sus preocupaciones porque había que comunicar vida y esperanza. Yo solo fui un instrumento a su lado para llevar adelante estos 20 años de esta obra maravillosa.

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En la sesión del Concejo  fue tratado y aprobado el proyecto de cambio de nombre de la plaza de las Banderas por el del desaparecido cardenal Julio Terrazas, espacio público en el que se construyó el altar donde el papa Francisco celebró la misa más importante de su visita a Bolivia en julio. La noticia fue recibida con mucho júbilo en los files católicos que no dejan de rendirle homenaje al único cardenal que ha tenido nuestro país.


La antigua estación de servicio, que durante muchos años permaneció abandonado en la zona del monumento al Cristo, fue remodelada y convertida con ocasión de la realización de la cumbre del G-77 + China, en junio del año pasado, y se la denominó plaza de las Banderas.

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El arzobispado de Santa Cruz invita a toda la población cruceña a la novena por el alma del Cardenal Julio Terrazas Sandóval que se celebra con la eucaristía de las 19:30 horas en la Catedral Metropolitana. También se está rezando la novena en las misas que se celebra en todas las parroquias de Santa cruz en horas de la noche  Asimismo, la Curia local invita la misa de nueve días presidida por el Arzobispo de Santa Cruz, Monseñor Sergio Gualberti este próximo sábado 19 de diciembre de 2015 a horas 19:00.

Todos estamos invitamos a practicar la comunión de santos en la que creemos y profesamos cuando elevamos plegarias a Dios pidiendo por el alma de nuestros seres queridos que han partido a la Casa del Padre "De la misma manera estamos invitados a orar pidiendo a Dios por el eterno descanso del alma del que siempre será el “Servidor de todos bueno y fiel, Cardenal Julio Terrazas Sandoval”,expresó Monseñor Sergio Gualberti.

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Desde el día que falleció el cardenal Julio Terrazas, la Catedral Metropolitana de Santa Cruz de la Sierra se ha convertido en una especie de santuario. En fin de semana, Cristian Lima y su hijo Joel Anderson, residentes de Puerto Suárez, llegaron exclusivamente a la Basílica Menor de San Lorenzo para visitar el mausoleo del extinto purpurado y, a pesar de no haberlo conocido personalmente, manifestaron que el guía espiritual de los católicos dejó un hondo pesar en todos los que seguían sus enseñanzas.  Como ellos, cientos de fieles llegan todos los días a visitar la tumba de Terrazas, Servidor de Todos.

Elevaron una oración por el alma del prelado y, al retirarse, comentaron con otros fieles sobre la paz que se sentía en el lugar. 
Otras personas contaron que ante la gran concurrencia de gente durante el velorio y las misas de cuerpo presente, no pudieron acercarse al templo. Desde ayer los fieles asisten a la catedral no solo para escuchar misa, sino también para visitar la tumba de Terrazas.

Cómo llegar
Para llegar allí se debe ingresar por la puerta principal de la catedral y caminar por la nave derecha hasta el final, girar la cabeza al lado contrario del altar y se encontrará con la efigie de San Lorenzo, el patrono del templo, que funge como guardían del mausoleo donde destaca la tumba de Terrazas, recubierta con una loza blanca. Hoy el mausoleo estará abierto de 7:00 a 12:00 y de 17:00 a 20:00.

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El cardenal Julio Terrazas recibió amenazas y ataques, por sus denuncias sobre el narcotráfico, la corrupción y la justicia amañada, de grupos mezquinos e interesados e ideologías totalitarias, relató en su homilía el monseñor Sergio Gualberti, en la despedida al religioso.

En la ceremonia hubo una multitudinaria presencia de feligreses y religiosos. A las 17.30 empezó la ceremonia eucarística de cuerpo presente, en el atrio de la Catedral Basílica de San Lorenzo, donde se congregaron los familiares, los obispos del país y la comunidad de la Iglesia católica, además de autoridades nacionales y departamentales, para dar el último adiós al Cardenal.

En la homilía, Gualberti destacó su vida espiritual como servidor de Cristo, su trabajo pastoral denodado para que el pueblo de Dios crezca en la unidad y la comunión como un urgente testimonio y servicio en un mundo enfrentado. El Cardenal falleció este pasado miércoles a las 19.15, tras una larga enfermedad producto de una infección pulmonar, diabetes y problemas renales.

A mediados de año, le intervinieron quirúrgicamente, aunque tuvo leves mejorías poco a poco su salud se fue deteriorando. El monseñor Gualberti hizo énfasis en su convicción por la justicia y el privilegio de servir primero a Dios. "Dichosos ustedes cuando los insultan, los persigan y mintiendo digan toda clase de mal contra ustedes por mi causa, su compromiso indefectible y constante a favor de los últimos y de su dignidad.

Su denuncia (sobre) el narcotráfico, la corrupción y la justicia amañada provocó reacciones de personas y grupos promovidos por intereses mezquinos e ideologías totalitarias no le ahorraron amenazas y ataques". Los mensajes de la autoridad religiosa siempre incomodaron a los gobiernos de turno. Sucedió durante la resistencia a las dictaduras, protegió a los líderes sindicales durante la dictadura de Luis García Meza, jugó un rol preponderante durante la recuperación de la democracia. S

e puso al lado de los trabajadores frente al modelo neoliberal y reprochó la relocalización de los mineros. También se distanció del presidente Evo Morales por sus denuncias respecto al crecimiento del narcotráfico, la inseguridad ciudadana y la falta de independencia de la justicia. Sus opiniones fueron duramente respondidas por voceros del Gobierno, que lo calificaron de derechista y hasta de proimperialista.

Frente a los ataques, en 2013, el cardenal Terrazas respondió de esta manera: "Podrán declararnos la guerra, podrán insultarnos, podrán decirnos que callemos, podrán gritar que nosotros no tenemos derecho a decir una palabra en el país, pero quien camina con nosotros es el Dios de la vida que quiere que nuestras vidas no sean estropeadas por nadie y que tiene que ser vida para libertad y para poder vivir en justicia y en paz".

Pero el Cardenal no se calló porque pudo más el valor de Dios, dijo el Arzobispo. "Se buscaba amedrentar y acallar al profeta, la voz de los sin voz, so pretexto que la iglesia tendría que estar encerrada en la sacristía, pero él no se calló porque en él pudo más la fuerza y el valor del Dios de la vida y la verdad. Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres".

Gualberti dijo que sus intervenciones tenían la única preocupación de alertar y orientar a la conciencia desde el evangelio de nuestra sociedad marcada por tantos signos de muerte y promover una convivencia justa y pacífica entre los bolivianos. En su lecho durante su larga enfermedad el prelado dio siempre ejemplo de fortaleza espiritual y que pese a su estado desde su postración siempre estuvo cerca de Cristo a través de sus plegarias y oraciones.

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