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Mons. Sergio Gualberti: El nacimiento del Salvador no es un cuento para niños Destacado

Dic 25, 2017

Homilía de Mons. Sergio Gualberti

Misa de Navidad
Diciembre 24 de 2017

El amor de Dios se manifiesta en un niño pobre e indefenso
“Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que Él ama”. Esta noche nos unimos a la alabanza del coro de los ángeles para contemplar con asombro y alegría el misterio insondable del amor de Dios para con la humanidad, manifestado en el Niño pobre e indefenso del corral de Belén.

El pueblo expresa asombro, alegría y gratitud por el nacimiento Jesús
“Gloria a Dios en el cielo”. Gloria es la expresión del asombro, la alegría y la gratitud, sentimientos que dominan en nuestro ser esta noche santa. Asombro ante la humildad de Dios que por amor no se aferra a su divinidad sino que asume nuestra naturaleza y se hace uno de nosotros. Alegría porque esta noche no solo recordamos sino que revivimos ese evento de gracia y amor. Jesús vuelve a nacer hoy por cada uno de nosotros, para traernos la vida y la salvación. Gratitud porque Dios libre y gratuitamente nos envía su Hijo, como signo palpable de su amor entrañable.

Jesucristo es la respuesta de Dios a la presencia del mal y de la muerte
Esa alegría nos inunda esta noche como a los pastores ante el anuncio del Ángel: "Les traigo una buena noticia, que será una gran alegría para todo el pueblo! Hoy... ha nacido para ustedes un Salvador, que es Cristo, el Señor". Alegría porque el nacimiento de Jesús es la respuesta de Dios a nuestro drama más profundo e inquietante de la presencia del mal y de la muerte en el mundo: “ha nacido para ustedes el Salvador”, el único que nos libera de todas las esclavitudes y nos abre las puertas de su vida.

Dios ama indistintamente a cada uno de sus hijos
Dios, en el Niño de Belén, pone su morada entre nosotros para quedarse a nuestro lado y hacernos redescubrir que él es un Padre que ama a indistintamente a cada uno de sus hijos. Este hecho tan extraordinario se hace realidad en el silencio, la humildad y la pobreza de un corral.

Jesus nace lejos de los centros de poder, lujo y prestigio.
Jesús nace pobre y entre los pobres sin techo ni hogar: "No había lugar para ellos". Él entra en la historia lejos de los centros de poder, del lujo y del prestigio porque nadie tiene que sentirse excluido ni temer de acercarse a él en el portal de Belén. Pastores pobres y reyes magos se arrodillan de la misma manera para adorar al niño Dios, hecho que no sería posible en los palacios de los poderosos.

Dios respeta nuestra adhesión voluntaria, no usa signos de grandeza y poder
En Belén, desaparece la imagen de un Dios poderoso y exigente y se manifiesta el rostro de un Dios pequeño, débil y misericordioso. Esta es la única riqueza que nos ofrece, porque Dios respeta nuestra libertad buscando cautivar nuestra adhesión voluntaria y libre y no encandilarnos con signos de grandeza y poder.

Pan y amor para todos a pesar de las inequidades e injusticias de este mundo
Desde el momento en que Jesús eligió poner su «morada» como pobre entre los pobres, el mundo se ha vuelto casa de todos, sin discriminaciones y marginaciones, donde nadie es extranjero a pesar de las fronteras y los muros que los hombres seguimos levantando. En la historia de cada día, en los hechos y gestos pequeños y cotidianos se juega nuestra capacidad de descubrir al Señor, reconocerlo y amarlo. Un amor que asume la tarea de hacer que este mundo, donde todavía hay demasiadas inequidades e injusticias, sea de verdad una casa que acoge y que brinda pan y amor para todos.

Habra paz en la tierra si nos portamos como hijos suyos y hermanos entre nosotros
“Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra”. Estas palabras no son solo un himno de alabanza sino que nos recuerdan que el niño Dios es el Señor de la vida y la historia, aquel que debería ocupar el centro de nuestra existencia. Solamente si reconocemos esta verdad y si nos portamos como hijos suyos y por consiguiente como hermanos entre nosotros, entonces habrá “paz en la tierra”.

Ante el poder, violencia, odio, desigualdad e injusticia colaboremos a la paz
La paz es un don de la Navidad, pero hace falta nuestra colaboración, hay que acogerla. Hay que trabajar para invertir las múltiples situaciones de violencia, de odio, de desigualdad y de injusticia. Estas surgen porque se desconoce a Dios como único Padre de todos y porque, sustituyéndose a Él, se piensa exclusivamente con la lógica del poder, sacrificando todo a ese ídolo: las personas, la fraternidad, los valores humanos, la moral y la ética.

Gracias a Jesucristo nos une la fraternidad universal en la dignidad de hijos de Dios
El coro de los Ángeles “Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra”, nos invita a reponer a Dios al centro de la vida personal, de la comunidad y de la sociedad, asumiendo su palabra y sus mandatos como norma de conducta de todos y entre todos. Amor, solidaridad, justicia, libertad y verdad como fundamentos de la paz, proceden de la fraternidad universal que nos acomuna a todos en la igual dignidad de hijos de Dios gracias a Jesucristo, Hijo amado del Padre.

Con humildad y sencillez busquemos al salvador en todos los ámbitos de la vida.
Poner a Dios al centro del mundo, nos tiene que comprometer a promover el desarrollo humano integral para todos indistintamente, con una atención prioritaria a los pobres, enfermos, indefensos y descartados. En este compromiso se nos ofrecen cómo amigos de camino los pastores de Belén quienes, a pesar de ser despreciados porque parte de una ínfima categoría social y religiosa, han sido los primeros privilegiados en adorar al niño Dios. “Vayamos y veamos... y fueron a toda prisa”. Esta es la manera de responder de los pastores al anuncio del Ángel. Se animan entre ellos y sin demoras se ponen en búsqueda del Niño. Su actitud es ya el inicio del camino de fe que los llevará a reconocer al Salvador en ese “niño acostado en el pesebre”.
Con humildad y sencillez animándonos los unos a los otros como los pastores, apurémonos también nosotros a salir en busca del Salvador, abriendo nuestra mente y nuestro corazón para reconocerlo, adorarlo y acogerlo con alegría en todos los ámbitos de nuestra vida.

El nacimiento del Salvador no es un cuento para niños
El nacimiento del Salvador no es un cuento para niños, es una realidad cierta que ha cambiado la historia de la humanidad. Gracias a su venida experimentamos el amor y la misericordia de Dios que disipa nuestros desánimos y temores, nos devuelve la esperanza y nos fortalece en el camino de fe y de vida cristiana. Unámonos con alegría al coro de los Ángeles para cantar, no sólo esta noche, sino a lo largo de nuestra vida: "Gloria a Dios en el cielo paz en la tierra a los hombres que él ama".

Oremos por el largo conflicto entre el sector de salud y el gobierno
Feliz Navidad, Navidad de Vida, esperanza y bendiciones del Niño Dios, a todos ustedes aquí presente, a nuestra Iglesia y a todos los habitantes de Santa Cruz, a las personas que sufren, a las que están solas y abandonadas, a los niños de la calle, a los enfermos, a los ancianos, a los privados de libertad y a los que están lejos de su casa. En particular esta noche oremos por el largo conflicto entre el sector de salud y el gobierno y por los que están en huelga de hambre, para que se llegue pronto a una solución justa del problema y se dispongan fondos para subsanar tanta falencias en la atención de salud y se garantice la debida atención a los enfermos en los hospitales públicos.
Que el Niño Jesús haga nos haga sentir a todos el calor de su amor y su cercanía, les lleve serenidad y la fortaleza para seguir en el compromiso de una patria más justa y en paz. Amén

Información adicional

  • Fuente: Infodecom

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