Análisis

DESHOJANDO MARGARITAS

Cada vez que se convoca a unas elecciones, uno recuerda la ilusión juvenil de sorprenderse con el si o el no que la margarita deshojada, pétalo por pétalo, guardaba en secreto. Las encuestas de opinión colaboran esa espera. Suben, bajan, se mantienen, vuelven a subir y a bajar, según el cambiante temperamento de los encuestados.  Naturalmente que esta expectativa sólo se produce en sistema de consulta democrática. En los regímenes autoritarios o dictatoriales, si es que hay elecciones, el voto no tiene otra opción que el “sí o sí” a favor del mandón. Que es lo que todavía ocurre en Cuba, en donde Fidel Castro decidió que las elecciones eran un prejuicio burgués, imperialista y demás lindezas y así cerró por más de medio siglo cualquier idea de elecciones libres. Por eso mereció el ominoso título de “el presidente más cobarde del mundo”. Cobarde porque nunca tuvo el valor de consultar a su propia ciudadanía, si quería o no una Cuba castroleninista, según lo escribió el conocido periodista Andrés Oppenheimer.

Hoy, 16 de octubre, todos aquellos que todavía creemos para qué sirven las elecciones nos encontraremos frente a las urnas para escoger a 56 magistrados – entre 116 previamente seleccionados por el gobierno – para ocupar los sillones del Tribunal Supremo de Justicia, del Constitucional, del Agroambiental y del Consejo de la Judicatura. Efectivamente, serán unas elecciones “inéditas” en Bolivia como presume el gobierno, pues requerirán mucho más tiempo que ninguna otra para que cada elector responsable tenga el tiempo necesario para examinar sesudamente los nombres y las fotografías de los 116  candidatos.

Otros ciudadanos lo tendrán más fácil, especialmente en el campo en los colegios electorales estrechamente controlados por los agentes del MAS. A esos electores les bastará con depositar en la urna la papeleta-sábana que les hayan entregado ya cumplimentada. El voto consigna vencerá, sin duda, al voto consciente. Don Evo, previsor, ya lo ha dicho: confía en obtener el 70% de los preelegibles. Y aún así, la fuerza moral del “NO” deslegitimará las pretensiones fraudulentas del “SI”. Y, por añadidura, más temprano que tarde, se irán ampliando las oportunidades de los indignados contra el régimen masista.

Estoy seguro de que Don Evo cree todo lo contrario, es decir, que el “SI” fortalecerá su poder, precisamente en un momento en el que el conflicto del TIPNIS lo ha estando desgastando seriamente. No obstante tengo la impresión de que, remedando a la conocida sentencia de Lord Acton: “El poder tiende a ensoberbece y enceguecer. El poder absoluto ensoberbece y enceguece absolutamente”.

Pues bien, la gran manifestación que se llevó a cabo el pasado miércoles y que colapsó el centro paceño para culminar en la gloriosa plaza Villarroel pudo cegar y ensoberbecer a Evo Morales, a la vista de aquellas multitudes que le juraban eterna lealtad. No obstante, entre aquella multitud, estaban los empleados públicos que constituyen un alto porcentaje de los habitantes de la Sede de Gobierno, y que fueron obligados, bajo penas de multa o despido, a concurrir al acto. El resto de la multitud fue traída del altiplano y de algunas  minas. Y con esto, Don Evo anunció que dejaba atrás su gestión, hasta ahora incumplida de estos últimos años, y prometía un nuevo proyecto social rebosante de felices esperanzas. Mientras tanto, mucha gente está cansada de que se la embauque y se la conduzcan como a una recua de llamas. Y está ansiosa por deshojar una nueva margarita – “inédita” – para ver si acierta el pétalo que le abre esperanzas de días mejores.