Análisis

COCHABAMBINOS POR EL MUNDO

Sin el concurso de mi motocicleta Harley Davidson y de su magnífica y valiente conductora, mi comadre Macacha, yo no podría cumplir eficientemente mi oficio de periodista, el cual me obliga a estar presente en el lugar donde se produce la noticia. De esa manera pude conocer y saludar a la primera mujer designada comandante departamental de la Policía de Santa Cruz, coronela Lily Cortez, y luego retomar a Cochabamba, que mañana celebra su efeméride.
Al retornar a la ciudad del Rocha River, ella reconoció la calidad de mi aparato motorizado y me dijo: “Deberíamos bautizarlo con el nombre que está de moda, Evo Morales, pero alguna gente pensaría que somos ‘llunkus’ (adulones), así que le propongo llamarla Bartolina Sisa, teniendo en cuenta que el avión presidencial lleva el nombre de Túpac Katari”.
No acepté su proposición y le dije autoritariamente que mi moto seguiría llamándose ‘la pedorra’, que es como la conocen por los caminos del país.
Felizmente, llegamos a tiempo para asistir a la sesión especial que se realizaría en el bar Comercio, amigablemente conocido como El Barco con motivo de la fiesta cochabambina, con el sugerente nombre de ‘Cochabambinos por el mundo’, donde podríamos ir a conocer a ilustres vallunos que llegaron a la Llajta para saludar a su ciudad y su departamento.
Siguiendo la tradición, este rencuentro fue organizado por el Ateneo Pericles, presidido por el eminente pensador y filósofo greco-cochabambino Aristóteles Giorgiadis Quiroga, descendiente de un famoso director técnico del club Bolívar y pariente de don Tuto Quiroga, expresidente de la República, actualmente juzgado por el Gobierno.
Macacha y yo ocupamos nuestras sillas reservadas, ella por ser cochabambina y yo por haber sido distinguido un año con el título de Ciudadano Honorario de Cochabamba por resolución del Honorable Concejo Municipal de esa ciudad.
Entonces pude conocer a cochabambinos extraordinarios que viven en las ciudades más inverosímiles del planeta y que actualmente prestan asistencia técnica y cultural no rembolsable de Cochabamba al mundo.
Entre los cochabambinos que saludaron a su tierra nos impresionó uno que vive en Helsinki, capital de Finlandia, un señor de apellido Inturias Quiroga, que fue muy aplaudido por ser fabricante de frazadas eléctricas con olor a mote; otro visitante muy ovacionado fue un cochabambino que reside en Belén y ha montado una fábrica de ‘nacimientos’, o sea, figuras tradicionales de los pesebres navideños, en los cuales la Virgen María es la Virgen de Urkupiña; este dijo llamarse Julián Canedo Quiroga.
Aplaudimos con entusiasmo a otro cochabambino que vive en Alaska y otro en Sidney, Australia.
Macacha consiguió autógrafos de casi todos y les pidió sus direcciones, prometiéndoles que ella y yo los visitaríamos en cualquier momento, si nuestros gobernantes se enfadan con nosotros.
Fue un lindo comienzo de nuestros festejos septembrinos.