Análisis

CLIMA FRÍO, HOMBRES CALIENTES

Ayer rogué a mi pariente espiritual que me frotara mis “t’usus” (léase pantorrillas) con unos ungüentos caseros cuya receta secreta guarda ella más celosamente que el ministro de Economía, Luis Arce Catacora, oculta los gastos presidenciales para mantener adeptos en las ciudades y pueblos del país.

Mientras la cholita cochabambina ejecutaba sus masajes con su habitual destreza no exenta de vigor valluno me dijo: “He notado, compadre, que ya no es usted el periodista romántico de hace algunos años cuando me lanzaba piropos muy finos y suspiraba cuando yo me agachaba para lustrar el piso de su living…”

Respondí a sus observaciones manifestándole que ya no soy el joven romántico de hace algunos años y que me he vuelto un señor reumático, añadiendo que hace ocho años esperaba con ilusión la llegada de la Primavera y un cambio total, ahora sufro al sentir los primeros fríos del crudo invierno.

Ella concluyó sus labores de masaje en mis t’usus no sin antes condolerse de mi prematura vejez y comunicarme que hacía un frío polar, pues hasta mis tibias estaban frías.

Los masajes de Macacha entibiaron mi ser y salimos por las calles luego de que la heroína me convenciera de que el frío en todo el país era intenso, pero que los bolivianos estábamos calientes ante muchas cosas que suceden en varias regiones de Bolivia.

Dándole al término “caliente” un significado de fastidio, descontento e insatisfacción frente a todo lo que sucede, siendo lo más grave que con muchas razones el culpable de todo es el Gobierno, para cuyos integrantes vivimos en el mejor de los mundos.

Vimos, o mejor dicho, la cochabambina inteligente vio y trató de explicarme que unos trabajadores mineros que marcharon sobre La Paz arremetieron contra las elegantes oficinas del Vicepresidente de la República, peleando contra las fuerzas policiales que las custodiaban. Es que estaban “calientes”.

También estaban “calientes” los pobladores de Caranavi, cuando sus autoridades dispusieron cortar el paso a los marchistas del Tipnis que cumplían heroicamente su marcha hacia La Paz; y desoyendo a sus autoridades recibieron afectuosamente y atendieron humanitariamente a esos sacrificados caminantes para que puedan llegar a La Paz dentro de algunos días, si no salen a cortarles el paso otros hombres “calientes”.

Cooperativistas de Colquiri desalojaron de la famosa mina a los mineros sindicalizados. Ambos bandos están “calientes”.

En busca de algo de calor llevamos a nuestros pensamientos a la ciudad de Santa Cruz y nos encontramos con muchos ciudadanos “calientes” que se disputan el Concejo Municipal usando la violencia.

“¿Por qué tantos bolivianos estamos ‘calientes’, mientras la temperatura invernal se hace cada día más cruel?”, pregunté a mi comadre cochabambina. Ella me dijo no saberlo y, sin mayores razonamientos, volvió a frotarme los t’usus como sólo ella sabe hacerlo.