Análisis

CERVEZAZO PEOR QUE GASOLINAZO

Las autoridades no cesan en su afán de ser más impopulares cada día que pasa pues a menos de un año de habernos anunciado un gasolinazo que fue rechazado por todos los bolivianos, y cuando todavía sufrimos las consecuencias de ese fatal anuncio, me enteré hace dos días de un posible “cervezazo” que podría tener traumáticas consecuencias.

Me enteré de tal noticia cuando mi comadre Macacha me leía los periódicos y de pronto se le llenaron de lágrimas sus ojazos chaskañawis y me dijo sollozando: “Este Gobierno está loco pues en su extravío mental quiere subvencionar la producción de leche elevando el precio de la cerveza…”

Inmediatamente, nos dirigimos al Bar Chuma en mi motocicleta Harley Davidson y allí encontramos a unos 50 cholos paceños, orureños, cochabambinos y chuquisaqueños bebiendo las cervezas de su preferencia, pues ya habían conocido la noticia del posible “cervezazo” y querían entrevistarse con Evo para que el Presidente pudiera evitar esa medida, pero el miércoles el Gobernante se hallaba atento a la llegada de los marchistas del Tipnis, no sabía cómo disimular su primera derrota electoral y no sabía cómo proceder a romper el contrato con la constructora brasileña OAS recomendado por su amigazo Lula. Eran muchos problemas juntos los que tenía que afrontar el atormentado gobernante boliviano y dijo que no podría recibir a sus amigos del Bar Chuma que habían votado por él.

Entonces, un robusto cholo paceño que ahora trabaja en la fabricación de la nueva cerveza paceña “Auténtica” propuso realizar una sesión de emergencia en los amplios salones del Naiclu “Malena”, del cual soy Socio Fundador junto a mi comadre cochabambina y algunos notables alteños como los yatiris Calimán, Titirico y Wayruru.

Los salones del “Malena” estaban repletos y se advertía mucho entusiasmo para oponernos a ese plan tan poco inteligente y político de subvencionar la producción de la leche, lo cual produciría la elevación de los precios de la cerveza, no sólo de la Cerveza Boliviana Nacional, sino también de la Huari, la Auténtica, la afamada Taquiña (que es la única que bebe mi comadre en el Bar Comercio de Cochabamba), sino de la rica cerveza potosina y de otras que se sirven exclusivamente en ese prestigioso local alemán que se llama Reineke Fuchs. Un orador se hallaba indignado ante un posible “cervezazo” y recuerdo que otro cholo parlante más inspirado se opuso a subvencionar la producción de la leche, asegurando que la leche es fea y ése es el motivo para que las guaguas siempre estén llorando, siendo la leche la culpable.

Otros preclaros ciudadanos se opusieron con firmeza a la idea de incrementar el precio de la cerveza ofreciéndonos cifras acerca del número de consumidores de cerveza en todo el país y que sobrepasa al número de militantes de cualquier partido político, incluido el Movimiento Al Socialismo. Macacha me dijo que “el precio de la cerveza no es ningún chiste”.