La Paz

Celebración de Corpus Christi en La Paz

Bajo el intenso sol, los 70 sacerdotes se levantaron de sus asientos, hicieron fila por un bocado de hostia y un sorbo de vino, tomaron sus recipientes con el cuerpo de Cristo y fueron a alimentar miles de bocas y miles de espíritus.

“¡No puede comer aquí! ¡Esto no es un show, es una misa!”, reprendió minutos antes una dama a una guardia municipal que picaba unos tostados. Una megamisa para celebrar el Corpus Christi, que ayer congregó a más de 10.000 personas. Un lleno total del Teatro al Aire Libre, en la ciudad de La Paz.

“‘Pan partido para la vida del mundo’. Ése es el lema para esta celebración”, dice el arzobispo Edmundo Abastoflor, que lucha contra los constantes cortes del micrófono. Habla de pan y vino, del cuerpo y sangre de Cristo, de la pronta llegada del papa Francisco, el segundo en la historia que pisará suelo boliviano.

Al momento de la consagración, Abastoflor parte la hostia de forma simétrica y la exhibe ante los miles de feligreses, mientras al escenario llegan los sacos y cajas con las ofrendas. Los 70 curas tienen la cabeza gacha, oran de rodillas antes de levantarse para llevar la comunión al pueblo.

Los integrante de la Arquidiócesis de La Paz tienen la tarea de guiar a los sacerdotes. Lo hacen blandiendo pañuelos multicolores en el aire, así cada quien sabe dónde tiene que ubicarse para repartir el cuerpo de Cristo. Los religiosos avanzan a paso lento, al ritmo de “Eucaristía, milagro de amor, eucaristía, presencia del Señor”, cántico que sale con potencia por los altoparlantes.

“Falta allá, falta acá”, repite un locutor en el micrófono y los curas están prestos para alimentar a su gente. Cuando terminan su misión y ya todos están satisfechos, regresan al escenario en completo orden. Adolescentes con poleras de colegios realizan coreografías al ritmo de los cánticos religiosos. Resulta que muchos allí saben los pasos y los que no, se salvan moviendo las manos de un lado para el otro o aplaudiendo.

Procesión a ritmo variado
Cerca a una de las paradas del PumaKatari, la coreografía de los adolescentes cambia. Empezó la procesión y en este sector lo hace al ritmo de “Arriba la Vida”, de Croni-K. La mayoría de las jóvenes se toman selfies en el camino con sus celulares.

“Para mí el Corpus Christi significa mucho. Es tener el cuerpo de Cristo dentro mío y llevarlo a otras personas”, dice Camila Peñaranda, de 16 años.

Más allá, unos guitarristas tocan una canción en la que se repite “júbilo” a cada rato, lo hacen con el apoyo de panderetas y tambores. “Yo me puse a pensar cuando Cristo les entrega su cuerpo y sangre a sus discípulos y los envía para que hagan lo mismo con el resto del mundo. Eso sentí cuando fuimos a dar la comunión”, recuerda el párroco Marcelino Chuquimia.

La peregrinación de varias cuadras de largo sigue con gente que grita a través de altoparlantes y da la impresión de una marcha de protesta, algunos que lanzan sermones montados en vehículos en marcha lenta, o un solista con una voz suave y su guitarra.

Frente a la Basílica Menor de San Francisco está sentada María Betsabé, de 85 años, que tuvo miedo de ir al Teatro al Aire Libre “porque estaba muy lleno” y ahora espera la oportunidad de comulgar y -cambiando de tema- también el momento de encontrarse con su difunto esposo que la dejó hace 15 años.

Las miles de personas reciben con un aplauso a Jesús Sacramentado, una hostia de gran tamaño, al ingreso del templo franciscano. Antes de que Abastoflor lance su bendición a toda La Paz, se baila una especia de cueca con letra que habla de lo que se recuerda este día: el pan y el vino, el cuerpo y sangre.