Análisis

CAPITALIZACIÓN DE LA NATURALEZA

El conflicto surgido en torno a la construcción de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos, ha puesto en escena el debate entre la racionalidad económica y la racionalidad ambiental. Escenario que nos lleva a reflexionar sobre los imaginarios y formas de conocimiento a partir de los cuales construimos el mundo.

Autores como Leff, afirman que a partir del siglo XVI, la generalización de los intercambios comerciales se convirtió en ley, y ésta se fue universalizando, invadiendo todos los dominios del ser y los modos de vida de la gente, y es aquí donde se da curso a la racionalidad económica, como motor de un nuevo proyecto de conocimiento heredado por la modernidad, basado en el desarrollo económico del mundo. Y desde la perspectiva -del mundo de la producción- la naturaleza es vista como una materia prima, de explotación.

Son estas lógicas las que operan en el mundo, que por efecto de las demandas del mercado han establecido, por ejemplo; la necesidad de ampliar las fronteras agrícolas y la mancha urbana hacia áreas naturales. Pues se ha visto que la capitalización de la naturaleza, se da a partir de los propósitos ligados a los requerimientos establecidos por la economía mundial y la necesidad de construir instrumentos y medios de comunicación que contribuyan a la expansión de los mercados y capitales, cuya racionalidad no dialoga con las leyes y límites que interpone la naturaleza. Es precisamente esta lógica la que se contrapone al saber ambiental de los pueblos, que no permite el establecimiento de un diálogo abierto entre las partes involucradas en el conflicto.

En cambio el planteamiento de la racionalidad ambiental implica una compleja relación entre la naturaleza, la cultura y el campo simbólico de las relaciones sociales que se encuentran con el hombre y su pensamiento, en el mundo andino se traduce en el respeto a la Pachamanca, que plantea el equilibrio hombre – naturaleza. Reconocer el saber ambiental de los pueblos es importante porque da lugar a un diálogo abierto entre lo local-lo real, en contraposición de los saberes universales.

Por ello es necesario que toda política de desarrollo nacional parta de un diagnóstico, recuperando las dinámicas propias de cada cultura y región, tomando en cuenta el aporte de los saberes de los pueblos.

Solamente a partir del diálogo entre ambos pensamientos; racionalidad económica y racionalidad ambiental nos permitirán entender- a partir de la complejidad de su relación- el impacto de una carretera como la de Villa Tunari- San Ignacio de Moxos en el ambiente, la cultura y la vida misma, pues todo lo intervenido siempre tiende a cambiar. También es necesario replantear la idea de concebir la naturaleza como capital, no desde la noción de la mercancía, sino a partir de la necesidad de salvaguardarla y preservarla como patrimonio de la humanidad.