Análisis

Bolivia readmitida en la Convención sobre Drogas: ¿victoria pírrica?

El 12 de enero de 2013, la Asamblea de las Naciones Unidas, con sólo 15 estados en contra, readmitió a Bolivia en la Convención de Viena de 1961 sobre drogas y estupefacientes, respetando la reserva al masticado de la coca. El Presidente de Bolivia, Evo Morales, ha organizado festejos populares en diversas ciudades para celebrar ese acontecimiento al que ha calificado como “el gran reconocimiento de la comunidad internacional a nuestra identidad, a nuestra hoja de coca y al ‘pijcheo’ (mascado)”.

El mandatario aseguró que tanto la Organización Mundial de la Salud como “universidades de Estados Unidos y Europa” han “demostrado que la hoja de coca no hace daño a la salud y que más bien es beneficiosa”. La universidad estadounidense de Harvard “recomendó no sólo masticar (coca), sino comerla con fines medicinales y alimenticios”. “Yo no sólo mastico sino que como, y eso hace bien a la salud humana”, apuntó. Muchos medios de comunicación tanto oficialistas como libres se han unido en esa felicitación por esta readmisión.
Sin embargo cabe preguntar si esta readmisión es un triunfo a festejar o si por el contrario es tan sólo una “victoria pírrica”. Con esta expresión literaria se designa a la victoria bélica obtenida a costa de grandes pérdidas. El término proviene de Pirro, rey de Epiro, una antigua región balcánica griega. En el año 280 a.C. desembarcó con sus elefantes en Taranto (Italia) para marchar contra Roma. En Heraclea  se enfrentó contra el ejército romano, considerado el más fuerte del mundo. Venció en la batalla, pero al constatar que había perdido cuatro mil soldados exclamó “Otra victoria como ésta y volveré solo a casa”.

Aplicando al tema de la readmisión, el Gobierno se felicita porque ha mostrado al mundo que la coca en su estado natural no es estupefaciente, sino un patrimonio cultural y factor de cohesión social que debe ser revalorizado, producido, comercializado e industrializado mediante ley (CPE art. 384). Notemos, sin embargo, que a nivel internacional se sigue prohibiendo la exportación de la coca. Incluso en el ámbito nacional los usos benéficos de la coca, como ser infusiones, harina, dentífricos, analgésicos etc., hasta el momento apenas se han desarrollado industrialmente.

Pero sobre todo hay que analizar con mayor meticulosidad los aspectos negativos que puede tener esa proclamada bondad del acullico. En la actualidad una parte de la población boliviana sigue pijcheando coca, especialmente en las minas y en el campo en el Altiplano y más recientemente también en el Chapare en la neocolonización por los mineros relocalizados. Pero faltan estudios serios e imparciales que muestren los efectos a largo plazo del pijcheo que permitan excluir totalmente perjuicios serios para la salud, incluyendo el masticado por menores de edad. También se debe consecuencias del cultivo de coca en relación con la erosión del terreno y otros efectos medioambientales.
Sobre todo hay que ver la repercusión de la readmisión en un posible aumento de coca excedentaria. Todavía no se han publicado, los esperados estudios oficiales a los que se comprometió el Gobierno. Según filtraciones la razón de este retraso en la publicación se debería a que muestran un gran cantidad de coca producida, sobre todo en el Chapare, que termina siendo desviada a la fabricación de cocaína y al narcotráfico. Por motivos únicamente lucrativos los cocaleros presionan al presidente de las confederaciones, que es el mismo Presidente del país, para incrementar la superficie legal permitida para el cultivo de la coca. Publicaciones en el extranjero califican ya a Bolivia como la República de la cocaína, infestada de mafias nacionales e internacionales.

Habrá que esperar el paso del tiempo para ver si estas previsiones son correctas. En todo caso se justifica la pregunta sobre si la readmisión de Bolivia es o no es una victoria pírrica. Concluimos con la sabia advertencia que hace la Iglesia Católica en su Catecismo: “El uso de la droga inflige muy graves daños a la salud y a la vida humana. Fuera de los casos en que se recurre a ello por prescripciones estrictamente terapéuticas, es una falta grave. La producción clandestina y el tráfico de drogas son prácticas escandalosas; constituyen una cooperación directa, porque incitan a ellas, a prácticas gravemente contrarias a la ley moral” (2291).