Análisis

BERTONE, EL FIEL SECRETARIO DE ESTADO

Llueven chuzos de punta contra el número dos de la Santa Sede, cardenal Tarcisio Bertone. Con ataques mediáticos descalificadores y cammpañas orquestadas desde dentro de la Curia vaticana, esa sala de máquinas de la Iglesia, al que muchos llaman “casa de lavanderas”. Una campaña burda y grosera, que coloca en el debe del Secretario de Estado todos los males del Vaticano y de la Iglesia universal. Y no le concede nada a su haber. Ni siquiera la probada fidelidad y la absoluta lealtad del cardenal salesiano al Papa Ratzinger.
Y ésa es la primera virtud que debe atesorar un Secretario de Estado: ser el fiel ejecutor del prorama papal. A Bertone, se le pueden discutir muchas cosas, se le pueden atribuir muchos errores (que también los tuvo y los seguirá teniendo), pero lo que no se puede poner en duda es su honradez y su lealtad al Santo Padre.

Salesiano bien formado, inteligente y amigo desde hace décadas de Benedicto XVI, Bertone llegó al segundo puesto del escalafón eclesiástico sin ser diplomático. Y, por eso, siempre fue recibido de uñas en la Curia, gobernada desde illo tempore por diplomáticos vaticanos. Desde el principio y sin ni siquiera concederle el beneficio de la duda, le tacharon de falta de la “finezza” que se le supone a los que ocupan su puesto y que, al parecer, tuvieron sus predecesores.

¿Tuvo “finezza” su inmediato predecesor, Angelo Sodano, en el caso de Pinochet o en el del encubrimiento, los cohechos y los negocios turbios de su sobrino con el falsario Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo?

Bertone es, en estos momentos, una diana. El blanco perfecto para esa vieja guardia, encabezada por los Sodano, Castrillón o Re, que se niega a dejar paso y ceder el testigo. Y se aferra al poder. Y para colocar en el poder de nuevo a los suyos, a su cordada, no les importa manchar y pisotear la imagen pública de la propia Iglesia. Con juego sucio, con corruptelas y con filtraciones interesadas, como las últimas de las cartas de Viganò.

Se están colocando ya en la parrilla de salida para la sucesión, aunque, por lo que parece, al Papa todavía le queda cuerda para rato o, al menos, hasta que Dios quiera. Lucha de poder, lucha de cordadas. Como suele decir Benedicto XVI, han entrado “los jabalíes en la viña del Señor”.

Y arremeten contra el Papa por persona interpuesta, su fiel Secretario de Estado, Tarcisio Bertone. Un salesiano no sólo leal, sino amable, cariñoso, cercano, sencillo y, además, inteligente y con sentido practico. E, incluso, con finezza. Que nos lo pregunten a los españoles y el encaje de bolillos que fue capaz de urdir con Fernández de la Vega, Moratinos y Zapatero. Tanto en España como en Cuba. Con resultados fructíferos para la Iglesia española (y su suculento sistema de financiación por el que la Conferencia episcopal recibe 13 millones de euros al mes), cuando Rouco y el sector más conservador del episcopado apostaban por la confrontación directa con el Gobierno, incluso en la calle.

¡Ad multos annos, Secretario fiel! Como el de la párabola. Como los hijos de Don Bosco.