Sucre

ARZOBISPO LLAMA AL PUEBLO CATÓLICO A “REAVIVAR” SU FE

Menos mal, salió el sol la tarde de ayer pero, como dijo monseñor Jesús Pérez durante su homilía, casi no calentaba. Hacía un frío insoportable. No le importó a la gente que asistió a la celebración del Corpus Christi en la Plaza 25 de Mayo, sin embargo. Igual llenó las calles adyacentes a la Catedral para celebrar la “comunión”. ¿El mensaje central? Monseñor Jesús Pérez le pidió al pueblo católico “reavivar” su fe.

“La presencia real de Cristo es lo que celebramos hoy (ayer), en este evento religioso, en este encuentro con Jesucristo, en medio de la comunidad cristiana. Cristo, más que nunca, está en todos los lugares, y está donde está el cristiano. Está donde está el pueblo de Dios. Ahí, se hace presente”, remarcó Jesús Pérez.

El Corpus Christi (el “Cuerpo de Cristo”, traducido del latín) es eso: su principal propósito es proclamar y aumentar la fe de los católicos en Cristo. Jesús Pérez lo explicó así durante su homilía: “Hoy (ayer), celebramos el misterio de nuestra fe, la fiesta de renovación de la fe, de la presencia de Cristo”.

Jesús Pérez invitó a los fieles, además, a revisar la historia, y puso algunos ejemplos de fe registrados a lo largo de la historia. Uno de ellos, el cáliz que ayer se utilizó para la Eucaristía, donada, según Jesús Pérez, por el Mariscal Antonio José de Sucre.

“Tenemos esta cruz arzobispal, que es centenaria (…); estos manteles dorados, bordados en oro; el cáliz, que es un cáliz que donó el Gran Mariscal de Ayacucho a la Catedral (…). La historia rica de fe, expresada en todo este ornamento. Lo que importa hoy (ayer), sin embargo, es que reavivemos nuestra fe, que es lo que da vida. Que nadie nos arrebate la fe”, enfatizó Jesús Pérez.

Y hubo quienes vivieron así la homilía. A mucha gente, no le importó arrodillarse sobre el asfalto y el concreto, para expresar su fe. “Yo soy el pan de vida. Quien tome de este pan, vivirá para siempre. Mi sangre es verdadera de vida. Quien toma mi sangre, permanece en mí y yo en él”, dijo Jesús Pérez, citando a San Juan, para motivar la fe de los fieles. “Adoremos a Dios en silencio, para escucharnos, mientras hacemos la procesión”, dijo, a continuación, para dar paso a la procesión.

Poco antes, decenas y decenas de personas recibieron la “comunión”, en medio de la impecable interpretación de una serie de canciones de alabanza del Coro Metropolitano.

LA PROCESIÓN

La columna de fieles recorrió todas las calles que llevan directamente hasta la ex Estación Aniceto Arce, lugar donde se produjo el cierre de la celebración de Corpus Christi.
Con el monseñor Jesús Pérez arriba de una camioneta cuidadosamente adornada, y portando entre sus manos un bellísimo “corpus”, los fieles se sumaron a la procesión como uno solo.
El alcalde Moisés Torres fue uno de ellos. No sólo estuvo en la celebración de la Eucaristía, sino que recorrió con la gente toda la ruta de la procesión y sólo se fue cuando monseñor Jesús Pérez dio por finalizada la celebración. También hizo lo propio el rector de la Universidad, Walter Arízaga, y no se vio a otras autoridades.
La banda de música del Colegio Don Bosco se encargó de acompañar la procesión.
En el camino, la columna de fieles encontró a otros cristianos esperando el paso del corpus con claveles y rosas, o arrojando pétalos de flores.
Ya en el final de la celebración, monseñor Jesús Pérez invitó a los fieles a participar del resto de las actividades programadas para la celebración del Corpus Christi, que tiene que ver, fundamentalmente, con las misas que se producirán durante estos días en las diferentes iglesias católicas.
En la celebración, los fieles pidieron por el Papa, por la paz en el mundo y, especialmente, en el país, para que prime el diálogo y la unidad.
Un último dato: las ofrendas que se recibieron ayer, especialmente de pan, por parte de algunas unidades educativas de la ciudad, serán destinadas este año al penal San Roque y a otras instituciones necesitadas.

Cardenal Terrazas aboga por la naturaleza

Ni el frío intenso impidió que los católicos acudieran ayer al estadio Tahuichi Aguilera para participar de la misa de Corpus Christi, en la que el cardenal Julio Terrazas pidió a los fieles animar a quienes aún defienden la naturaleza.
“El Señor de la vida nos dice que nuestros bosques y el agua sean para beneficio de la vida y no para negarla al hermano que pasa y nos pide, a lo mejor, un vaso de agua para saciar la sed. Aquí no valen las excusas, no se trata de cerrar caminos para que nadie pase, sino más bien de animar a quienes todavía hoy pueden decirnos que la creación es para mantenerla y fructificarla, no para derrocharla o para dedicarla a otras cosas”, reflexionó Terrazas.

El mensaje del líder de la Iglesia católica llega en momentos en que se cumplen 41 días de la novena marcha indígena en protesta por la construcción del tramo II de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos, que atraviesa el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS).

Desde La Paz, el obispo de la ciudad de El Alto, monseñor Jesús Juárez, también aprovechó la homilía de Corpus Christi para pedir a la población que se solidarice con los marchistas del Tipnis, así como con los de Mallku Khota, del norte de Potosí.
“Esta solidaridad nos llama para que atendamos las necesidades de nuestros hermanos marchistas que vienen del TIPNIS y los que vienen del occidente. Tenemos que abrirles el corazón y atender sus necesidades”, sostuvo.
Juárez manifestó que los marchistas de tierras bajas y altas “están marchando por una causa justa”, e insistió en que la población debe respetar el medioambiente.
Las reflexiones de ambos prelados estuvieron enmarcadas en el mensaje elegido este año para esta fiesta católica, que fue a favor del medioambiente.

El maní se vendió ayer entre 14 y 22 bolivianos el kilo.

Temporada multiplica demanda de frutas en principales mercados

En la víspera, la población “llenó” los principales mercados de Sucre para adquirir los productos de la temporada, entre ellos el tradicional maní, caña y naranjas.
El lugar más concurrido fue la calle Regimiento Carabineros, entre Nataniel Aguirre y Ostria Reyes y sus inmediaciones.
La demanda llegó a tal punto que en ciertas horas de la mañana, la simple acción de caminar y avanzar por las calles se hizo imposible por la gran cantidad de personas en el lugar.
Había naranjas, mandarinas, limas, pomelos, caña de azúcar, maní, chirimoya, coco, achira y otras variedades cuyos precios variaban de un lugar a otro considerablemente.
Por ejemplo, en la mayor parte de los puestos el 25 de naranjas estaba entre 15 y 18 bolivianos, mientras que en dos puestos la “naranja de oro”, estaba a Bs 1 cada una “por su dulzura”, según manifestaron las comerciantes.
El maní, otro fruto muy requerido, se vendió entre Bs 14 a 22 el kilo, las mandarinas entre 15 a 17 el 25, la unidad de cocos a Bs 12, la chirimoya entre Bs 22 y 29 el kilo, el vaso de chicha de maní a Bs 2, las tablitas tres por Bs 2, la caña de azúcar tres troncos pequeños por Bs 5, entre otros productos.
Pero las vendedoras no sólo ofrecieron fruta, el lugar era como un mercado persa donde se ofertó de todo, desde platos de comida, zapatos, prendas de vestir, ropa de cama, juguetes, material escolar, de limpieza, menaje de cocina, plantas y herramientas, entre otras cosas.
No faltó una mujer que se quejaba de que “un chico” le había robado la cartera; en todo el trayecto de las calles mencionadas, entre las 8:00 a 11:00, no se vio a un solo policía que cuide la seguridad de los vendedores y consumidores.
En este marco, otro fue el panorama que se vivió en la feria del Mercado Central, donde la gente acudió en menor número respecto a las inmediaciones del Mercado Campesino, curiosamente los precios de algunas frutas fueron más bajos a los que se ofertaron en la otra feria.

CONEJO ESTIRADO
El plato tradicional de Corpus Christi también fue muy requerido por los comensales, se vendió en diferentes puntos de la ciudad, especialmente por el sector de La Recoleta y por la plazuela San Juanillo, entre 80 a 90 bolivianos el plato cuyo contenido alcanzaba para que coman dos personas.
Así transcurrió Corpus Christi en la Capital de Bolivia, entre la práctica de la fe religiosa y la tradición local.