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Papa Francisco en la Jornada con los Pobres Papa Francisco en la Jornada con los Pobres Centro Arrupe

Miguel Manzanera, S.J.: "I Jornada Mundial de los Pobres (y II)"

Nov 22, 2017

La sobriedad nos ayuda a aceptar responsabilidades personales y sociales a pesar de nuestras limitaciones, confiando en la cercanía de Dios y sostenidos por su gracia. Así entendida, la pobreza es la medida que permite valorar el uso adecuado de los bienes materiales, y también convivir la amistad de modo generoso y desprendido (cf. Catecismo 2545).

San Francisco de Asís es un modelo de la auténtica pobreza. Él mantuvo los ojos fijos en Jesús, lo reconoció y lo sirvió en los pobres. Si nosotros queremos aportar al cambio de la historia, generando un desarrollo real, es necesario escuchar el grito de los pobres y comprometernos a sacarlos de su situación de marginación. Al mismo tiempo, los pobres en nuestras ciudades y en nuestras comunidades deben vivir el sentido de la pobreza evangélica.

5. El Papa reconoce que hoy es difícil identificar una forma clara la pobreza, que, sin embargo, nos desafía todos los días con sus muchas caras, marcadas por el dolor: la marginación, la opresión, la violencia, la tortura y el encarcelamiento, la guerra, la privación de la libertad y de la dignidad, la ignorancia y analfabetismo, la emergencia sanitaria y la falta de trabajo, el tráfico de personas y la esclavitud, por el exilio y la migración forzada. La pobreza tiene el rostro de niños, mujeres y varones, explotados por viles intereses y pisoteados por la lógica perversa del poder y el dinero. La pobreza es el fruto de la injusticia social, de la miseria moral, de la codicia de unos pocos y de la indiferencia generalizada.

Francisco subraya cómo cada vez más la riqueza se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, acompañada con frecuencia de ilegalidad y de explotación ofensiva de la dignidad humana, mientras que la pobreza se acumula en grandes sectores de la sociedad entera. Por eso no podemos permanecer inactivos, ni tampoco resignados. La pobreza inhibe el espíritu de iniciativa de muchos jóvenes y les impide encontrar un trabajo. También adormece el sentido de responsabilidad e induce a la búsqueda de favoritismos. La pobreza reduce los espacios de la profesionalidad y humilla a quienes trabajan tenazmente. A todo esto se debe responder con una nueva visión de la vida y de la sociedad.

Francisco recoge la profética frase del beato Pablo VI en la apertura de la 2ª Sesión del Concilio Vaticano II en relación con los pobres, necesitados, afligidos, hambrientos, enfermos, encarcelados: “Toda la humanidad que sufre y llora, le pertenece a la Iglesia por ‘derecho evangélico’” (29 septiembre 1963).

Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad y derraman el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin “peros” ni “condiciones”. Son manos que hacen descender la bendición de Dios sobre los hermanos.

6. Francisco quiere que cada año se celebre la Jornada Mundial de los Pobres, para que en todo el mundo las comunidades cristianas sean cada vez más y mejor un signo concreto del amor preferencial de Jesús por los últimos y los más necesitados, unidos por lazos de hermandad. Ante la actual cultura del descarte y del derroche hay que promover la “cultura del encuentro”, independientemente de la religión y sin levantar fronteras, muros y vallas, contrarias al destino común de la humanidad.

7. Para ello el Papa propone que en la semana anterior a la Jornada se organicen encuentros de amistad, de solidaridad y de ayuda concreta. Se debe invitar a los pobres y a los voluntarios a participar juntos en la Eucaristía de ese domingo para manifestar con más autenticidad la celebración de la Solemnidad de Cristo Rey del universo, el próximo domingo. De hecho, la realeza de Cristo emerge con todo su significado más genuino en el Gólgota, cuando el Inocente clavado en la cruz, pobre, desnudo y privado de todo, encarna y revela la plenitud del amor de Dios. Su radical abandono al Padre expresa su pobreza total y hace visible el poder de este Amor, que lo resucita a nueva vida el día de Pascua. Francisco sugiere acercarnos a los pobres del vecindario para encontrar al Dios que buscamos, sentándolos a nuestra mesa como invitados de honor (cf. Gn 18, 3-5), como maestros que nos ayuden a vivir la fe de manera más coherente, abandonados a la providencia del Padre.

8. El Papa subraya que el fundamento de las diversas iniciativas concretas debe ser siempre la oración. A los discípulos que pedían a Jesús que les enseñara a orar, Él les respondió con las palabras de los pobres que recurren al único Padre en el que todos se reconocen como hermanos. El “Padre nuestro” es una oración que se dice en plural: el pan que se pide es “nuestro”, y esto implica comunión, preocupación y responsabilidad común. En esta oración todos reconocemos la necesidad de superar cualquier forma de egoísmo para entrar en la alegría de la mutua aceptación.

9. Finalmente Francisco pide a los hermanos obispos, a los sacerdotes, a los diáconos - que tienen por vocación la misión de ayudar a los pobres -, a las personas consagradas, a las asociaciones, a los movimientos y al amplio mundo del voluntariado, comprometerse para contribuir a la evangelización en el mundo contemporáneo. La Jornada Mundial debe ser un fuerte llamamiento a compartir con los pobres y así a entender el Evangelio en su verdad más profunda.

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  • Autor: Miguel Manzanera, S.J.

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