Análisis

Alfredo Romero Dávalos:“Servir es una realización personal importante”

Acaba de cumplir 50 años de ejercicio profesional. Abrió camino para la medicina en Bolivia y también se convirtió en alcalde de Santa Cruz de la Sierra y en prefecto del departamento. Tras medio siglo de servicio, Alfredo Romero Dávalos, médico cardiólogo, hace una pausa para recibir el reconocimiento del Gobierno Municipal, así como para mirar su vida y hablar de ella con EL DEBER. El diálogo se realizó en su consultorio de la clínica Incor. Son las 8:00 de la mañana de un viernes soleado. Al llegar, recorre los pasillos, mientras va saludando al personal que ahí trabaja. “Creo que han sido 50 años de realizaciones. Hemos hecho muchas cosas, aunque no todas las que hubiéramos querido”, dice con modestia. Y cuando revisamos su contribución a la medicina en el país no hay dónde perderse. Fue el creador del sistema de residencia médica en 1968, años después estuvo a la cabeza del equipo que practicó la primera cirugía con circulación extracorpórea (conocida como cirugía a corazón abierto), que se practicó en el país hace 40 años y poco tiempo después le tocó hacer el mismo procedimiento a una mujer embarazada.

 50 años de profesión, toda una vida
Hemos hecho muchas cosas, aunque no todo lo que hubiéramos querido. Pero como decía mi padre, nadie está obligado a hacer más de lo que puede. No ha sido por falta de ganas ni falta de ponerle el hombro. 

Hemos hecho muchas cosas en el campo médico y dentro de este, especialmente en lo cardiovascular, porque siempre hemos estado preocupados por lo que ocurre con la sociedad a escala nacional y departamental. Soy un cruceño que me considero de dimensión nacional.

 ¿Cómo era la medicina en Santa Cruz entonces?
Había mucha distancia entre la medicina de Argentina y de Brasil con la de Bolivia. Ahora estas distancias se han acortado. Ya no hay tantas diferencias como las que teníamos.
En el campo de la cardiología, aquí lo único que se hacía era el electrocardiograma y lo hacía un colega que venía de Cochabamba. Era algo raro aún. Esa era la situación.

 ¿Dónde se formó?

En la Facultad de Medicina de la Universidad de Tucumán, donde tenía el promedio más alto y donde el decano me recomendó para que sea admitido en la Universidad de San Pablo (Brasil). Ahí aprendí medicina, organización de salud y docencia.

En 1968 gané un concurso de méritos para ingresar al Instituto Nacional del Tórax. En esa época había concursos y exámenes de competencia. Reorganizamos el servicio de cardiología. 
Presenté varias propuestas y una de ellas fue la creación del sistema de residencia médica. A partir de esa iniciativa, el Ministerio de Salud creó el comité nacional de enseñanza de posgrado y me puso como jefe para distribuir la residencia médica en todo el país.

Estuvo ocho años en el Instituto del Tórax, pero ahí tomó otra decisión drástica. En 1976 decidió volver a Santa Cruz, esta vez con la motivación de crear un centro especializado privado. Ahí nació el Instituto cardiotorácico, que funcionaba en la calle Chuquisaca y después el Instituto del Corazón, que se convirtió en la clínica Incor, donde hay especialidades médicas complejas, con más de 300 funcionarios fijos.

 ¿Qué debe pasar para que la salud sea más asequible?
El primer y segundo nivel de salud, manejados por los municipios y con apoyo estatal, pueden tener buenos resultados para resolver muchos casos. El tercer nivel requiere de una política de alto vuelo en costo, en equipos, en recursos humanos, en materiales. Ahí deben concentrarse recursos con más apoyo del Gobierno central, para dotar de personal, medicamentos, equipos e insumos que son costosos para el desarrollo de una medicina más compleja

 ¿Cómo funciona la fundación que usted preside, para personas pobres?
Nosotros nos hemos preocupado de ver a los pacientes que no se les puede dar solución por la vía privada, por eso se creo la fundación cardiovascular, con el apoyo de un grupo empresarial 
Deane, que aceptó la propuesta. Fundacor está cumpliendo una labor importante. El año pasado hemos visto a más de 4.000 pacientes y este año vamos a superar esa cifra. 
Mi pensamiento es que en un país como Bolivia no es aceptable éticamente que un médico exitoso muera rico. 

He hecho muchas cosas privadas, pero no ha sido para tener más confort personal, sino para crear una estructura médica de primer nivel y que pueda servir a la gente de todos los estratos económicos. Eso es parte de una realización personal muy importante