Análisis

ACUERDO CON ESTADOS UNIDOS

Aquella mañana se encontraba preocupado por la elevación de precios de las verduras y las legumbres en los mercados, inquietándome el precio de la onza troy del perejil, cuando irrumpió en mi casa cual una tromba mi consejera espiritual y financiera para decirme alborozada: “¡Albricias, parabienes, compadrituy, porque acabamos de reanudar relaciones diplomáticas con Estados Unidos de América!” y empezó a darme abrazos y besos en las mejillas.

Para no aguarle la fiesta, me uní a su entusiasmo, recordándole que fui uno de los pocos que escribió hace tres años lamentando la expulsión del embajador estadounidense, señor Goldberg, quien fue declarado por el presidente Evo “persona non grata”.

En medio de su desbordante alegría, la cholita cochabambina me comunicó que retornaría a las clases de inglés por correspondencia que recibía de un instituto de idiomas de Quillacollo, curso que ella había abandonado al ser expulsado el señor Goldberg, habiendo comenzado a estudiar iraní por consejo de nuestro amigo yatiri Calimán, asesor del canciller Choquehuanca.

Yo había intentado explicar a mi alegre comadre cochala los beneficios que probablemente recibiría nuestro país al reiniciar relaciones diplomáticas, especialmente en el rubro de nuestras exportaciones a Estados Unidos, pero la cochabambina no me dejó hablar y muchos de mis lectores ya saben cómo es una mujer cochabambina cuando se sabe poseedora de la verdad, y me dijo eufóricamente: “Ahora estoy ebria de felicidad sin haber bebido un trago porque a partir de hoy ya sabremos quiénes son los culpables de todo lo malo que nos sucede: los americanos”.

Dejé que continuara abusando de la palabra la locuaz cochabambina y dijo: “Ya lo verá usted, compadre, si continúa subiendo el costo de la vida, ya no tendrán la culpa los especuladores, pues el Gobierno nos dirá sabia e inequívocamente: son los norteamericanos que están elevando nuestros precios para desprestigiar a nuestro Gobierno y, en especial, al ministro de Economía, Luis Arce Catacora”.

Reconocí que mi comadre Macacha tenía algo de razón porque sucesos parecidos ocurrieron en el pasado y estuve a punto de decírselo, pero la cochabambina se convirtió en una catarata incontenible de elocuencia por lo que renuncié a interrumpirla.

“Bienvenidos sean los norteamericanos porque así nuestro Gobierno podrá echarles la culpa de la inflación que se avecina, de nuestro próximo desastre futbolístico y de todas las desventuras que sufriremos por causa de un mal gobierno en este sexenio de imposiciones, de mentiras y fraudes electorales como todos los que sufrimos anteriormente…”

Así habló Macacha al alegrarse de que estuviéramos en la aurora de una nueva etapa diplomática.

Con la seriedad y sobriedad que me caracterizan, solamente diré que este inesperado paso diplomático ojalá no tenga nada que ver con las declaraciones del general Sanabria ante los jueces en Miami, donde está preso por internar cocaína en Estados Unidos.