Análisis

50 AÑOS DEL CONCILIO VATICANO II

La humanidad va cambiando de mentalidad a medida que transcurre el tiempo, tanto es así que los métodos de enseñanza de la verdad científica se modifican de acuerdo con el avance de las técnicas de enseñanza. Por ese motivo, de tiempo en tiempo, la Iglesia se reúne en concilios universales para profundizar en la verdad recibida por la revelación de Jesús y ser fiel a su mandato: “Vayan por todo el mundo proclamando la Buena Noticia a toda la humanidad”. Además, como la Iglesia se desenvuelve entre hombres para servirles de centro de orientación, se reúne para afianzar una y otra vez la misma verdad fundamental, y renovar sus métodos de difusión pastoral, respondiendo a las necesidades de los tiempos.

Esto fue lo sucedido con la convocatoria al segundo Concilio Vaticano, hace más de 50 años, por Juan XXIII; ponerse al día en la confrontación de los problemas de vida de la gente del Siglo XX y siguiente. Ese concilio, en palabras de Juan Pablo II: “¡No tengan miedo! Abran, abran de par en par las puertas a Cristo”, se ha hecho realidad tangible. En efecto, ese Concilio por primera vez ha tenido la presencia de mujeres y de laicos, cambiando de esta manera la metodología antes seguida en reuniones de ese tipo; además, se ha hablado de las actitudes que la Iglesia ha de tener de ahí en adelante con los hermanos separados, con los judíos y con las otras religiones, porque esa es la realidad que vive el mundo de hoy, el pluralismo ideológico del ser humano en relación con la verdad, y a su actitud ante ella, lo cual le da sentido a su vida.

Ha insistido en la libertad de conciencia a tal punto que, Benedicto XVI, en un momento de tensión política para el medio oriente, en discurso pronunciado en el Líbano para clausurar un Sínodo de Obispos de aquella región, ha sostenido, en presencia de musulmanes, griegos ortodoxos, etc., que la libertad religiosa es “un derecho fundamental (…), la libertad religiosa tiene una dimensión social y política indispensable para la paz. Promueve la coexistencia y una vida armoniosa por su compromiso común al servicio de las causas nobles. La búsqueda de la verdad no debe imponerse por la violencia, sino por la fuerza de la verdad, que es Dios”.

Desgraciadamente las fuerzas en pugna por el dominio del mundo actual no vacilan en sacrificar a la persona en beneficio del poder, económico o político, como lo estamos viendo, con un total desprecio y devaluación de la dignidad humana del hombre, hecho a imagen y semejanza de Dios.

Por otra parte, el Concilio ha revalorado el mundo y el rol que el hombre debe tener al relacionarse con él, poniendo en práctica la ecología, base de la vida. Ha reafirmado, una vez más la inviolabilidad de este bien, prohibiendo toda muerte, sea por genocidio, asesinato o aborto, precautelando de esta manera la supervivencia de los pueblos y sus culturas, defendiendo a los débiles e indefensos, como son los seres no salidos aún del vientre materno.

En suma, en sus diferentes documentos ha encarado con valentía los problemas del mundo de hoy, señalando rumbos de acción para la humanidad del Siglo XXI. Documentos que, a su vez, son fuente de nuevos documentos para la acción de la Iglesia en las diversas partes del mundo, como ha sucedido con los de Medellín, Puebla y Aparecida para la América Latina; o con el Catecismo de la Iglesia Católica, que, fundamentado en la fidelidad a la enseñanza de Jesús, quiere también dar a conocer a todos la verdad revelada, para que la gente la viva, la encarne en obra, porque la fe está muerta si no se la cultiva con las obras, que son las señales palpables de una vida plena, tal como Jesús lo hizo, obrando curaciones y actuando contra el poder establecido, cuando se opone al hombre y sus necesidades, al par que entregando la revelación del Padre, y poniéndola en práctica con su vida y muerte.

Conmemorando el más importante acontecimiento de la Iglesia en el Siglo XX, la Facultad de Teología de la UCB ha vivido la XII Jornada filosófica-teológica del 17 al 19 de septiembre, con disertaciones a cargo del Arzobispo Abastoflor, del Obispo secretario de la Comisión epicospal, Aparicio, del R.P. Piccardo; el Rector de la U Salesiana, Telián Argeo Corona y otras personalidades que se han referido a distintos aspectos de ese Concilio.