Viernes, 20 Octubre 2017

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Nuestro Rincón Vocacional de INFODECOM quiere acompañar este importante acontecimiento para la Iglesia de Sucre y de Bolivia. 

Pepe Cervantes, hermano y amigo, colaborador semanal en nuestra página INFODECOM, con su comentario a la Palabra de cada domingo, nos puso en la pista de la alegría en esta nueva jornada del querido Congreso Misionero que va, poco a poco, avanzando.

El padrecito Pepe -como cariñosamente le llamamos- nos habló de la alegría espiritual. Es el gran talante con que hemos de asumir la Misión en la Iglesia. Alegría que tiene dos líneas fundamentales: el encuentro con Cristo Resucitado y las Bienaventuranzas evangélicas. Es la alegría que nace de Dios… y que alimenta nuestra Misión. Es el mejor regalo que podemos ofrecer a nuestro mundo.

Así, la mañana estuvo tintada de esta profunda alegría. Pero la tarde de este día jueves se tiñó de una gran tristeza. A la hora de escribir esta crónica son dos los alumnos fallecidos por el colapso del tinglado de su Unidad Educativa, producido por la intensa granizada que ensombreció Sucre durante escasos veinte minutos.

Quieren ser las presentes líneas recuerdo y oración para estos jóvenes, Pamela y Héctor, que hoy han fallecido lastimosamente. A lo largo de las siguientes horas al accidente, las redes sociales abundaron en palabras de condolencia y de un gran pesar.

Nuestro Congreso Misionero se une al lamento por lo sucedido y eleva una humilde oración pidiendo al buen Dios consuelo y esperanza para sus familias y demás heridos.

¿Qué diremos entonces de la alegría, al saber de este siniestro y de tantas calamidades naturales y otras atrocidades protagonizadas por el ser humano? ¿Podemos seguir hablando, pregonando, cantando… la alegría del Evangelio? ¿Tienen sentido las palabras que Pepe hoy ha querido subrayar: que la alegría llegue a su colmo…?

Nuestra respuesta, segura y concluyente es y será siempre: SÍ.

SÍ, porque no dejamos de asumir el dolor, la tristeza, la angustia. Forman parte de nuestra naturaleza. Son, lo queramos o no, nuestros acompañantes. Además, más allá del sufrimiento, sabemos de su capacidad para educarnos, madurarnos… el dolor nos disciplina y abre nuevos horizontes de sentido a nuestras jornadas.

SÍ, porque la alegría del Evangelio no tiene que ver con rostros sonrientes, chistes facilones o momentos de la vida en que solo estamos “contentos” por algo: ¿alcohol?, ¿actividades lúdicas?, ¿encuentros familiares?, ¿aplausos que nos prodigan otros?

SÍ, porque es una alegría profunda, se forja en nuestro más íntimo santuario interior, allí donde se cocinan las decisiones y actitudes más primordiales y radicales de la vida.

SÍ, porque la alegría del Evangelio nace de Dios -como dijimos arriba- y solo en Dios tiene su origen y fundamento (nos ha recordado hoy Pepe). Y eso es garantía definitiva de vida en plenitud y vida que camina hacia el fin último que es el mismo Dios.

Que esta alegría colmada, serena, madura, sea nuestro patrimonio. También el tuyo, joven, chica o chico que estás trabajando en el corazón interrogantes cercanos a una posible inquietud vocacional. Si Dios te llama, te hartará con su alegría. No lo dudes. Pero no busques esa alegría en las superficialidades que te rodean. Búscala en tu interior. En la oración. En el servicio a tu familia y a hermanos necesitados (que hay cientos).

La encontrarás, cómo no, en la dulce Palabra del Señor. En los Sacramentos frecuentes. En la Misa de cada domingo. Y en eso que quizá tanto te asusta: el silencio.

Pamela, Héctor… descansad en paz, en la gran alegría que encontraréis en el rostro del buen Dios.

(P. Pedro Rentería G.)

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  • Atención Las opiniones de este sector son de la total responsabilidad de sus autores, Infodecom no se identifica necesariamente con las opiniones vertidas en esta sección
  • Autor P. Pedro Rentería Guardo

Nuestro Rincón Vocacional de INFODECOM quiere acompañar este importante acontecimiento para la Iglesia de Sucre y de Bolivia. 

La segunda jornada del Congreso comenzó con ese “cosquilleo” infantil que a veces sentimos los adultos cuando tomamos en grupo un micro que nos traslada a una vivencia importante. Hay otra confianza, otro humor… que nada tiene que ver con ese otro trayecto diario que hacemos, también en micro, pero con gente desconocida.

Nuestro destino era el Centro de Convenciones y Cultura, sede del Congreso. Creo que todos nos sorprendimos al ver las instalaciones tan amplias y confortables.

El cosquilleo infantil continuó con las dinámicas bailables que ofreció el ministerio de música que nos acompaña en estos días. Después comenzaron las oportunas presentaciones en el Acto oficial de Apertura del Congreso. Mons. Waldo Barrionuevo, Obispo Auxiliar del Vicariato de Reyes, nos deleitó con su tema sobre El Evangelio como Buena Noticia de Cristo anunciado al mundo de hoy.

Terminado el almuerzo y un hermoso testimonio a propósito de la vida de la Madre Nazaria Ignacia, fundadora de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia, que a todos nos encandiló, llegó el turno para los Talleres que en número de 17 pretenden hacernos crecer en los diferentes carismas en que la Iglesia Misionera nos responsabiliza.

Cristóbal Bodka, un pacífico seglar, casado, con experiencia social en El Alto y La Paz, motivó el Taller Misión y Obras de Misericordia. Casi sin querer, Cristóbal nos compartió “perlas” muy interesantes. Nos dijo que todos somos focos que iluminamos (100, 200, 60… watios) según nuestras actitudes dominantes. Porque lo que importa es con qué actitud afronto mis vivencias.

Siguió disertando sobre el cultivar pequeños gestos, pequeños espacios de realización… Hay quien ofrece flores y hay quien ofrece basura. Depende de lo que albergue en su corazón. Busquemos la espiritualidad de lo rutinario y no de las grandes teologías. De mí depende: cómo trato, cómo me acerco a los demás.

Todo esto me trajo a la memoria multitud de comentarios ofrecidos en el Seminario a los jóvenes que por aquí pasaron y a los que hoy siguen interesados en hacer crecer su inquietud vocacional.

Es cierto. Más allá de nuestras habilidades y conocimientos, importan nuestras decisiones basadas en actitudes positivas, esperanzadoras y disciplinadas.

Es cierto. Las 24 horas del día se tejen con la rutina de las pequeñas acciones, simples intenciones que, ojalá, estén al servicio de los demás (levantarse puntual, lavar la taza, saludar, agradecer, sonreir…) Quien vaya buscando sólo importantes mecanismos de realización, altisonantes, se perderá.

Es cierto. Cultivemos el arte de saber acompañar, de saber acercarnos al otro. Para que se sienta a gusto con nosotros, para que valore nuestra presencia que no humilla ni es altanera. Que le valora en toda circunstancia.

El llamado vocacional cuenta con estas actitudes. Sin ellas, estaría herido en la vida del joven o adulto que desea entregarse a Dios. Un Dios simple y alegre.

Y en nuestro afán misionero, las necesitamos. Son una gran ayuda para pregonar el Evangelio de la alegría, para que ilumine las oscuridades de los hermanos.

La decisión, el desafío, nos pertenece: ¿qué ofrecemos… flores o basura?, ¿qué alberga nuestro corazón?

(P. Pedro Rentería G.)

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  • Autor P. Pedro Rentería Guardo

Nuestro Rincón Vocacional de INFODECOM quiere acompañar este importante acontecimiento para la Iglesia de Sucre y de Bolivia. 

Este primer día del Congreso ha querido ubicarse, durante la mayor parte de la jornada, en los ambientes del Seminario Conciliar San Cristóbal de la capital.

Las delegaciones de las Jurisdicciones participantes iban llegando desde las primeras horas. Los congresistas no podían disimular sus rostros cansados y, cómo no, hambrientos y sedientos después de varias horas de viaje. En ocasiones, “incontables” horas de viaje.

La espera, nerviosa, (había que cumplir los papeleos necesarios para confirmar inscripciones y localizar las familias acogedoras de congresistas) se calmó con un relajado paseo por el centro urbano de Sucre -todo un museo-, quizá con un café en el establecimiento de turno o, simplemente, con una larga “sentada” en las sillas habilitadas en el patio del Seminario.

Iban llegando también los padrecitos y seglares responsables de las ponencias y talleres del Congreso.

En medio de este variopinto panorama yo pensé en Carlos…

La noche anterior, Carlos llamó a la puerta del Seminario. Este vetusto edificio, en cuyos pasillos aún se adivina el griterío de cientos de seminaristas que años atrás lo poblaron, hoy es testigo de la gran crisis vocacional, del gran desierto vocacional -me gusta decir- que sufre nuestro país y nuestro continente.

Carlos, joven menudito, sucio, con gorra que intencionadamente le tapa la mirada, como para no desvelar Dios sabe qué secreto, acude con frecuencia a nuestra puerta del garaje, en calle Dalence, para pedir -ya sin palabras- una moneda que sacie su hambre.

- Esto, Carlos, es para que comas algo, no para otra cosa…

Y Carlos desaparece raudo con una frágil seña de afirmación en su rostro.

Al cerrar la puerta siempre me quedo insatisfecho… ¿Cómo mejor ayudar a este muchacho? ¿Cómo conseguir una respetuosa integración a quien sólo quiere probar el sabor, casi siempre amargo, de la calle?

Mientras cientos de Carlos se debaten en la miseria, yo ando preocupado por vivir con ilusión este Congreso. Por vivirlo, diría, “cómodamente”: escuchando, admirando, compartiendo, comunicando… Seguro que me lo voy a tomar como descanso de los muchos afanes que trae consigo la responsabilidad ministerial. No dudo de que algo aprenderé.

Imagino que este Congreso nos dará luces, instrumentos, señales, motivaciones, para la gran Misión que la Iglesia continental tiene planteada desde Aparecida. Son grandes palabras para definir nuestra tarea de aquí al día sábado. Grandes palabras. ¿Huecas palabras?

Pero Carlos, su historia, es palabra pequeña, simple, dulce, menuda, tal como él se presenta.

Me parece que Carlos ha sido el mejor comienzo para este Congreso. Con este niño-joven todo puede llegar a ponerse en su sitio. Porque Carlos es la Misión… Sin duda. Si sigo marginando a Carlos no seré un buen misionero. Si me quedo en las grandes palabras nunca seré testigo de la alegría del Evangelio para los pequeños, los simples, los sin-importancia.

Sí, los simples…

(P. Pedro Rentería G.)

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  • Autor P. Pedro Rentería Guardo

De la serie: "A ti, joven campesino".

Todos los días en la Eucaristía, y dentro de ella en la Oración de los Fieles, los padrecitos de Chuquisaca pedimos al buen Dios que nos envíe santas y fecundas vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa, consagrada y misionera. Yo añado, también, “para el matrimonio”, en estos momentos en que la fidelidad de muchas parejas sufre graves crisis.

Permíteme, chaval del hogar-internado, que hoy, en esta columna que es para ti, para los adolescentes, para los colegas educadores y para quien tenga unos minutos de paciencia con su autor, haga un poco de promoción vocacional. Es decir, quiera animarte a pertenecer a nuestro grupo de seminaristas que aquí, en el Seminario San Cristóbal de nuestra ciudad, desean forjar un proyecto, un destino, un sueño para su vida: el ser sacerdotes de Jesucristo, nuestro hermano mayor.

Por eso el título de hoy: “Busco chico…”

...que quiera soñar con llegar a tener un corazón generoso,

...que desee aprender a compartir sus cualidades con otros,

...que se esfuerce en limitar el uso de su celular,

...que esté dispuesto a ayudar a alguien cada día,

...que busque el tener gusto por leer buenos libros,

...que pretenda ser disciplinado en su estudio, en sus tareas de clase y de casa.

Busco chico…

...que no se avergüence por no fumar y no emborracharse,

...que aspire a sentirse a gusto entre pobres, excluidos, chicos de la calle…,

...que no tenga prisa para emparejarse y sí para aprender a amar,

...que quiera vivir los Sacramentos: Penitencia, Eucaristía. Y procure cada día unos minutos de oración,

...que siempre sea muy sincero,

...que persiga el buen humor, la sonrisa cálida y el abrazo inocente,

...que tenga un poco de poeta, de bohemio, de payaso…

Busco chico… que no sea perfecto y sí consciente de sus limitaciones.

O sea, busco chico…

...que no tenga miedo a plantearse el ser sacerdote de Jesucristo,

...y un día, por qué no, recorra caminos haciendo el bien,

...con mansedumbre y humildad,

...al igual que en otro día lejano lo hizo el Maestro de Nazaret.

No es que busquemos jóvenes perfectos. Tampoco nosotros, los sacerdotes, lo somos. Buscamos muchachos que quieran empeñarse cada día en llegar al fin que se propongan. Que, con ayuda de educadores que sepan ilusionar y encantar, no desfallezcan e intenten una y otra vez el conseguir esas metas apuntadas más arriba.

Bueno, pues si tú eres ese chico, ponte en contacto con tu párroco o llama a la puerta de tu Seminario más cercano.

Te espero. Te esperamos.

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  • Autor P. Pedro Rentería Guardo

Una Iglesia que no trabaja la cultura vocacional ofrece poca confianza y mucha irresponsabilidad

Tiempo atrás recibíamos en nuestra página, que también es de ustedes, algún testimonio vocacional -pocos- de lo que se iba trabajando a lo largo de nuestra geografía pastoral boliviana. Con estos testimonios armábamos este apartado, Rincón Vocacional.

Eran sobre todo los seminaristas que se forman en Cochabamba quienes nos escribían sus impresiones y experiencias. Lo hacían con ese deseo íntimo de alentar a otros jóvenes en el camino hacia el sacerdocio. Camino que hoy sigue teniendo sentido para las almas generosas que buscan plenitud en la entrega y el servicio a los demás, en especial nuestros hermanos marginados y excluidos.

No faltaron vivencias de jóvenes religiosas que, ilusionadas en su decisión, nos contaban, por ejemplo, cómo vivieron un Encuentro o Retiro Vocacional de varios días.

Después de unos meses en que, por diversas razones, no ha sido posible alimentar esta sección, este Rincón Vocacional, con la publicación de esos testimonios, queremos retomar tan necesaria iniciativa.

INFODECOM anima a sus lectores -y ojalá este llamado llegue a los muchos que no nos leen- para que nos envíen breves crónicas a propósito de lo que se esté trabajando vocacionalmente en parroquias, comunidades, colegios, instituciones, … El objetivo es compartir ideas y acciones que nos puedan iluminar y ayudar en bien de la tan urgente Pastoral Vocacional.

Nos dirigimos muy encarecidamente a los Grupos Vocacionales que periódicamente se reúnen y que con sus temas formativos, dinámicas y actividades, seguro que de marco social, pueden enriquecernos y darnos ese empujón que nos haga salir de cierto adormecimiento que nos parece constatar en nuestras jurisdicciones.

Es cierto que en los últimos años la “sequía vocacional” se ha hecho presente en nuestra Iglesia boliviana. Los Seminarios y las Casas de Formación han visto, con pesadumbre, cómo disminuía drásticamente el número de jóvenes, chicos y chicas, interesados en la entrega sacerdotal, religiosa, misionera y hasta de consagración seglar.

Pero estamos seguros de que en los cuatro puntos cardinales de Bolivia se vienen intentando múltiples experiencias de ánimo vocacional y son muchos los agentes pastorales comprometidos en esta tarea, fundamental para el futuro de nuestra bendecida Iglesia.

Las crónicas, los artículos, las historias, las reflexiones, los interrogantes -de vivencias actuales o de tiempo atrás- deberán enviarse a esta dirección: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.. Sería bueno que vinieran acompañados de imágenes que enriquezcan el significado de los textos. Y serán publicados a la mayor brevedad posible.

Agradecemos el interés de los lectores y esperamos poder contar pronto con sus puntuales colaboraciones. Será una buena manera de construir INFODECOM entre todos.

P. Pedro Rentería
Responsable del Rincón Vocacional

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  • Fuente Fuente: Grupo INFODECOM

Si comprendes quién sos y te respetas, vas a saber qué es lo que quieres. Las críticas no te van a suponer ningún problema sino que te brindarán la oportunidad de volverte mejor persona. Y es por ello que la elección de vida que uno quiere está condicionada por muchas cosas: la familia, los amigos, la sociedad y, tal vez, no siempre, se llega a ser lo que uno desea o deseó. Podemos ser grandes doctores, ingenieros, policías... Pero yo elegí ser sacerdote. Entendí que el error más grande lo cometes cuando, por temor a equivocarte, te equivocas, dejando de arriesgar en el viaje hacia tus sueños. Yo arriesgué y no me arrepiento.

Aprendí que cuando te sentís imperfecto o inseguro, lo que digan los demás es como una amenaza y crees que tenés que defenderte. Cuando te sentís seguro -no perfecto sino seguro- puedes escuchar a los demás y tener en cuenta su valor. Podés aceptar lo que te digan de tu elección, y aprender a escuchar, y cuando sea conveniente podrás aprender de las críticas y mejorar de esa manera tu conducta. Digo cuando sea apropiado porque vos y yo sabemos que hay personas a las que les encanta encontrar defectos en otros. Pero ese es problema de ellos.

Recuerda que todos somos un papel en blanco. Si presentas una hoja en blanco como tu obra de arte, seguramente no te van a poner buena nota. Pero la creación empieza cuando comienzas a trabajar, sobre todo si consideras la hoja en blanco una oportunidad de expresar talento y no una posibilidad de fracasar. Es así cuando nos damos cuenta en la vida de que algunos caminos no son para nosotros. Cuando nos encontramos fluyendo en la dirección incorrecta, es más fácil pensar en quién tiene la culpa que cambiar de dirección.

Pensá en esto. Imagina que estás tomando un tren y tan pronto como sale de la estación te das cuenta de que va en la dirección equivocada. ¿Te enojas y le echas la culpa al tren o reconoces tu error? ¿Te bajas en la próxima estación y cambias de andén para tomar el correcto? Culpar a los demás de nuestra pérdida de rumbo es, por lo menos, tentador. Pero no depende de nosotros, de nuestras decisiones.

Recibimos mucha información "sobre" la vida y poca educación "de" la vida por parte de nuestros padres, maestros y otras figuras de autoridad. Más no se explica sobre este Jesús servicial y humilde a quien yo decidí seguir.

La información se basa en los hechos, la educación en la sabiduría y el conocimiento de cómo amar y servir en Dios -pues esto no lo saben compartir con nosotros- hay que descubrirlo. Hay que darse cuenta de que Él llama y está en nosotros escuchar o hacernos los sordos.

Pero, por más consejos que nos den, somos nosotros quienes decidimos qué tren tenemos que tomar. Mientras recorres la vida presta atención a los indicadores y a las estaciones. Si no te gusta lo que ves, dale... dale al freno de emergencia y bájate del tren. No hay otro que lo haga por vos ni tenés que pedir permiso a nadie para hacerlo.

Es tu vida, este es tu viaje, el que vos mismo estás manejando. Está en vos subirte a este tren donde viajo yo. Somos pocos. Hay muchos asientos. No tengas miedo. Subí... ¡yo te acompaño!

...Y no te preocupes. No se equivoca el que ensaya distintos caminos para alcanzar sus metas, se equivoca aquel que por temor a equivocarse no se arriesga (Anónimo)

Carlos Xavier Aparicio y Cliver Sulca (Seminaristas chuquisaqueños en Cochabamba)

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  • Atención Atención: Las opiniones de este sector son de la total responsabilidad de sus autores, Infodecom no se identifica necesariamente con las opiniones vertidas en esta sección
  • Autor Autor: Carlos Xavier Aparicio y Cliver Sulca

Diferentes páginas de redes sociales se hicieron eco, días atrás, del Campamento Vocacional que organizó la Comisión de Pastoral Vocacional de Sucre en la localidad chuquisaqueña de Sopachuy. Este Rincón Vocacional de Infodecom quiere compartir con sus lectores una galería de imágenes de dicha actividad. 

Del 25 al 30 del pasado Enero, 32 jóvenes y 5 sacerdotes vivieron unas jornadas especiales en el paraje denominado San Antonio. Aunque la lluvia obligó a trasladar las actividades a los ambientes parroquiales de la localidad. 

Cuatro fueron los temas trabajados: El Llamado, El Seguimiento, La Misión y La Comunidad. Los chicos se lo tomaron con gran interés no faltando el diálogo abierto y la exposición de experiencias personales y de grupo.

Los momentos de oración se centraron en el Santo Rosario, un Vía Crucis y Exposición del Santísimo. La Eucaristía diaria fue presidida por los diferentes sacerdotes y la última, de clausura, por Mons. Jesús Juárez, Arzobispo de Sucre, que visitó a los acampados en dos ocasiones. 

No faltaron las palabras de ánimo de Mons. Jesús y su compromiso de acompañar a los muchachos en su proceso de formación vocacional, con vistas a engrosar el número de seminaristas en el Seminario San Cristóbal de la capital. 

Un agradecimiento especial para el Párroco de Sopachuy, P. Alfredo Téllez, que acogió esta actividad con gran interés y disponibilidad. 

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  • Autor Autor: Comisión de Pastoral Vocacional

PARA TI, JOVEN...

Muchos somos los llamados, pocos los escogidos (Mt 22,14) La vocación no depende de terceras personas puesto que la respuesta es personal. 

Es muy interesante la vida de seminarista: diríamos que es un mundo pequeño de grandes cosas por descubrir.

Muchos pensarán y piensan que el Seminario es un lugar donde todo es oración y todo es aburrido. ¡Pues no es así! El que piense de manera negativa está en un error. Fijémonos en la imagen del último encuentro de los jóvenes con el Santo Padre, Papa Francisco, en Río de Janeiro (Brasil). Miremos al niño que llorando abrazó al Papa y le dijo: quiero ser sacerdote.

Jóvenes: no se compliquen a la hora de responder al Señor y darle el primer fruto de la semilla que Él plantó en su corazón.

Hace cuatro meses, y unos días más, el Seminario San Cristóbal de la Arquidiócesis de Sucre, que acogía a cinco seminaristas de Tarija y Chuquisaca, vivió una experiencia dramática. Estos jóvenes sufrieron un accidente de tránsito en el que tres de ellos fallecieron y otro permanece en una silla de ruedas.

Uno se pone a pensar: ¡es acaso un aviso PARA TI, JOVEN! O más bien es un aviso para todos los cristianos, para que animen a muchos a que se acerquen al Señor y den su respuesta al llamado. Él nos muestra muchas pruebas. Creemos que la comentada arriba es una de ellas. Con este ejemplo no queremos haceros pensar que es un riesgo estar en el Seminario. Más bien deseamos que te pongas ante el Señor y le digas, con confianza: SÍ.

Dios no te llamará a ese lujoso NOKIA, XPERIA, SONY o SAMSUNG que posees. Ni mucho menos al número fijo que tal vez tengas en tu casa. NO. Él te llama por medio del corazón. Así, pues, no le hagas esperar y dile que SÍ.

Sin más, nos despedimos con una conocida frase que el Santo Cura de Ars dirigió a un niño que le mostraba el camino de su futura Parroquia:

Tú me mostraste el camino hacia Ars... ¡pues yo te mostraré el camino al Cielo!

Ariel Cruz y Jorge Arancibia (seminaristas chuquisaqueños en Cochabamba)

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  • Autor Autores: Ariel Cruz y Jorge Arancibia (seminaristas)

Entrevista realizada por el P. Ariel Beramendi, a propósito de la vocacion sacerdotal. 

P. Ariel: ¿Por qué te has hecho sacerdote?

En un viaje, recuerdo, tuve la oportunidad de conocer un curso vocacional en Cadeca.

P. Ariel: ¿Qué edad tenías?

Tenía 21 años.

En esto nos presentaron a Cristo, nos hablaron de Jesucristo: ¿cómo llamaba?, ¿para qué llamaba?, ¿cuál era la misión?

Recuerdo muy bien la cita que nos leyeron aquella vez: Marcos 3,13–14, que dice: llamó a los que Él quiso, para estar con Él y enviarles a predicar el evangelio.

Y la pregunta que yo tenía: ¿será que el Señor me llama a mí? Y la pregunta que yo me tenía era: ¿será que el Señor se puede fijar en uno que es del campo?, ¿será que yo puedo servir para estar con Él?

Entonces ésta era la inquietud que rondaba alrededor de mi cabeza.

Lo que sucedía entonces era que ahí había una casa que se llamaba Casa Raimundo Erna, donde se podía salir bachiller y se podía discernir un poco más y aclarar el tema de la vocación para luego continuarlo.

Entonces me quedé tres años en la Casa Raimundo Erna.

P. Ariel: ¿Estudiando?

Estudiando para salir bachiller. En ningún momento me vino, vamos a decir, este cuestionante: que yo no puedo ser. Siempre estaba manteniendo: que yo puedo ser.

Iba más allá, si vale el término. Hoy quiero que se aclare un poco más: el término era el de configurarse con Cristo.

El sacerdocio, puedo entender hoy, no es cualquier decir, sino un decir que tiene su esencia en Jesucristo. Y es una cosa muy bonita, me encanta mucho. Estoy contento y feliz para hacer las mismas cosas que ha hecho Jesucristo en ese sentido.

P. Ariel: Ahora dime una cosa: cuando decidiste entrar al seminario, ¿cómo se lo dijiste a tus papás, a tus hermanos?

Tengo que ser bien sincero en eso. No dije que iba a estudiar para cura, sino que iba a emprender un camino de estudios que, posiblemente, me llevase para el camino al sacerdocio. Porque en el tema académico tenía dificultades.

P. Ariel: Y ellos, ¿te apoyaron siempre o estaban en duda?

Casi estaban divididos: una mitad que apoyaba siempre y me daba confianza, me animaba. Y otra mitad que me desanimaba.

P. Ariel: En esa época de seminarista, ¿qué buenos recuerdos tienes y qué dificultades?

El recuerdo más grande que tengo es que hemos entrado once al curso propedéutico y de los once, somos seis sacerdotes. Esto es una cosa muy bonita.

Entre las buenas y malas, creo yo, era que estábamos siempre juntos y nos hemos ayudado. Recuerdo muy bien que me ayudaron en la parte académica algunos que no quiero decir su nombre... (risas, refiriéndose al P. Ariel).

Esto era una cosa muy buena y más aquella vez cuando terminamos filosofía, ¿te recuerdas? ¡Tú también! Tuvimos una buena calificación, vamos a decir... (refiriéndose al P. Ariel). Entonces eso me animó bastante.

Yo siento así: Dios cuando te llama no te deja solo, te manda a sus ángeles que pueden darte una mano y pueden colaborarte para poder continuar.

P. Ariel: Si hay algún joven que está pensando o le ha pasado por su cabeza la idea de ser sacerdote, ¿qué le dirías tú?

Que den una respuesta, pero una respuesta desde su interior. Hay algunas veces que estamos indecisos... no tenemos claro la cosa, no.

Pero hay que dar el primer paso. Decirle al Señor, aquí estoy, yo también puedo ser tu discípulo, te puedo seguir a ti.

(El P. Crispín es Rector del Seminario San Luis de Cochabamba. Le agradecemos su testimonio. Que Dios bendiga su importante labor pastoral)

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  • Autor Autor: P. Ariel Beramendi

(La segunda parte de este artículo se publicó el pasado 7 de Junio). 

CUANDO JUAN PABLO II SE FUE PARA QUEDARSE ENTRE NOSOTROS. 

Cuando ejercía mi servicio sacerdotal en Cochabamba, el Vaticano era ya un mundo lejano que estaba en el lugar que todos reservamos para recuerdos gratos de la vida. Al dirigir la oficina de comunicación del Arzobispado de Cochabamba y mediáticamente era imposible no seguir a través de los medios de comunicación el estado de saludo del anciano Papa que en varias ocasiones fue trasladado al hospital Gemelli de Roma. En efecto, el primer lugar que Juan Pablo II visitó al día siguiente de ser elegido como Sucesor de Pedro, fue el hospital Gemelli para encontrar a un Cardenal Polaco, amigo suyo que durante el cónclave había sufrido una embolia, era el Cardenal Andrés Deskur que había vivido muy intensamente la elección del Pontífice y poco antes del nombramiento de Wojtyla cayó enfermo. Ese mismo hospital fue el último lugar visitado por Juan Pablo II antes de fallecer, él mimo, con su natural espontaneidad, bromeó diciendo que "el Gemelli de Roma era el Vaticano III" por la cantidad de visitas y de tiempo que el Papa había transcurrido allí.

El tiempo pasaba. Después de la Semana Santa del año 2005 en mi ciudad viajé a un lugar entre los montes de Cochabamba y Santa Cruz, a un pueblito perdido y hallado por el Cardenal Julio Terrazas que luego de encontrarlo cuando era cura párroco, lo dignificó con una capilla y luego hizo construir algunas habitaciones para pasar algunos días durante el año con sus sacerdotes y, sobre todo, con los comunarios que vivían y aún viven de la pesca, la siembra y el esporádico trabajo cooperativo que realizan. El nombre del pequeño pueblo: Masicurí.

La semilla de la amistad con Cardenal Terrazas se había sembrado años atrás en un primer encuentro en Roma, creció poco a poco con el único alimento válido para las amistades: el tiempo y la sinceridad.

Visitar al Cardenal en Masicurí por unos días al año era una cita esperada con alegría; por otro lado era aislarse del mundo porque al pueblo aún no había llegado la electricidad pública y sólo había un teléfono que funcionaba si Dios no hacía llover y que tenía todas las llamadas interceptadas por la dueña de la tienda que durante cada conversación telefónica se transformaba en una esfinge acompañante.

Ese año a media semana en una de las caminatas vespertinas comprendimos que algo grave había sucedido cuando un colaborador cardenalicio nos alcanzó corriendo con una radio a baterías entre sus manos y se apartó con el Cardenal Terrazas para decirle no se qué.

Al día siguiente durante el desayuno de jugos de fruta natural y pan recién horneado, escuchamos en el radionoticiero que el Papa Juan Pablo II estaba gravemente enfermo, y en medio de la noticia surgió la voz del sacerdote encargado de las comunicaciones de Santa Cruz, el padre Hugo Ara que declaraba que el Cardenal Terrazas ya se encontraba en camino de regreso desde Masicurí . – "En una hora salimos de regreso" – fue la orden del Padre Julio que rompió el silencio que se había materializado en el aire tras escuchar la noticia de la radio comunitaria.

Las horas que pasamos en el viaje de regreso fueron, más bien, silenciosas y tras llegar a Santa Cruz el Cardenal ya se dirigía a Roma y yo viajaba a Cochabamba.

En Cochabamba se supo la noticia el mismo sábado dos de abril poco después de las tres y media de la tarde; días después tuvimos que escribir un artículo justificativo en el boletín de noticias de la diócesis y explicar porqué las puertas de la Catedral estaban cerradas cuando se supo que el Papa Juan Pablo II había muerto y la gente que espontáneamente se había dirigido a la Iglesia Madre de la ciudad se encontró con los portones cerrados. La razón era muy sencillas, en ese entonces la potestad de las llaves las tenían los sacristanes y sólo Dios sabía dónde y cómo encontrarlos los sábados por las tardes, así lo había dispuesto Mons. Rosales –entonces rector de la catedral-, de bendita memoria.

Después de una semana, el motor pastoral del arzobispado organizó una celebración litúrgica en la Plaza Principal que rindió homenaje al Papa Juan Pablo II. En un momento de oración, al final de la Eucaristía se difundió por los parlantes frases que el Papa había pronunciado a los jóvenes de Bolivia cuando visitó la ciudad tantas décadas atrás. Se pudo escuchar también la frase "Debo volver a Cochabamba". La ceremonia que reunió a miles de personas fue realizada en la Plaza principal de Cochabamba y la misma gente que había expresado su malestar por las puertas de la catedral cerradas, una semana después lo agradeció mucho.

Un año había pasado de la muerte del Papa Juan Pablo II cuando tuve la oportunidad de regresar a Roma y experimenté una extraña sensación que sólo la había sentido años atrás cuando retornaba a casa después de muchos años y ya no encontré a mi padre porque se había ido. Sucedió cuando llegué al Vaticano y tras hacer una larga fila ingresé a la cripta de la Basílica de San Pedro y me encontré de frente a la tumba del Papa Juan Pablo II.

La emoción era la misma de visitar el lugar donde un amigo había sido enterrado, era un monumento fúnebre sencillo que recordaba la grandeza de un hombre que marcó la vida de tantas generaciones. Juan Pablo había recorrido el mundo y ahora desde la simplicidad de su mausoleo minimalista de mármol blanco veía el mundo pasar delante de él.

Un hombre de un país lejano, escogido para servir al mundo y recordarle que Dios existe, Juan Pablo II se había ido. Pero ahora que la Iglesia lo ha declarado Beato; Juan Pablo II ha vuelto para quedarse entre nosotros.

P. Ariel Beramendi

30 de Abril de 2011

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  • Autor P. Ariel Beramendi